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EDITORIAL

Precipitación

Sobreaviso

RENÉ DELGADO
sábado 19 de octubre 2019, actualizada 8:18 am


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Esta semana quedó clara la urgente necesidad de la administración de reparar en qué punto se encuentra.

Ya no actúa con velocidad, sino con precipitación, desbocadamente. Si el Ejecutivo no toma asiento y reflexiona sobre el límite y el horizonte de su gestión, así alargue la conferencia matutina y fustigue aún más a la prensa acusándola de sus propios dislates, no conseguirá dominar la administración, menos aún conquistar el Gobierno.

De no reparar hasta dónde llegar, cuál ruta tomar, qué pasos dar, cuántos frentes abrir y cerrar en el trayecto, cómo avanzar con certeza y cuál es el destino, al margen de las zancadillas, los tropiezos de la administración podrían culminar en una caída, probablemente, con fractura expuesta.

Dar por aciertos totales acciones en curso o negar desaciertos pese al error, no fortalece, debilita a la administración.

***

Aparte de los "otros datos" del mandatario, hay uno más: la realidad.

La realidad no se transforma con sólo decir "vamos bien", "eso se acabó", ni descalificando a la crítica, arrastrando las palabras hasta borrar su significado o recurriendo a frases hechas sin sustento. Se puede cambiar la percepción por un momento, pero la realidad siempre se impone y termina por arrasar el deseo y la voluntad, exhibiéndolos como una ilusión.

Hace unas semanas (Sobreaviso del 31 de agosto: "Punto de inflexión") se advertía: "...la circunstancia nacional e internacional insta a reconsiderar y recalcular los pasos a dar, a no convertir la oportunidad en calamidad". El tiempo transcurrido ha sido tiempo perdido.

***

Lógicamente, el foco de atención hoy se concentra en el brutal revés sufrido por el Estado en Culiacán, Sinaloa. Sin embargo, estos días no sólo sucedió eso. Importantes acontecimientos pusieron de nuevo en juego el entusiasmo y el miedo, la oportunidad y la calamidad.

La violencia criminal y oficial borró el supuesto punto de inflexión en la comisión de delitos. La judicialización de la política -por no decir, su fracaso- reveló un profundo desencuentro y colocó al poder restante, el Judicial, contra la pared. El litigio en un tribunal estadounidense sobre la manifiesta corrupción de la anterior administración de Petróleos Mexicanos, agregó un ingrediente a la complicadísima situación de la empresa. La silla vacía sin explicación en la Corte dejó una terrible incógnita sobre lo ocurrido y lo que sucederá. La aprobación de la revocación del mandato adquirió un significado profundo. La burla de Morena en San Lázaro a las observaciones hechas sobre los vicios de la reforma contra la defraudación fiscal no tuvo par. La caída de Carlos Romero Deschamps, emblema de impunidad y pusilanimidad política, planteó la duda de si basta el descabezamiento del sindicato petrolero para democratizar su estructura o si la pugna por su control dará un golpe más a la empresa. El inicio de la ampliación del aeropuerto en Santa Lucía dejó en el aire no sólo a los aviones, también su viabilidad. El cínico desafío de Jaime Bonilla y su pandilla a la legalidad y el Estado de derecho evidenció un ánimo golpista. El asedio a la prensa vía puyas o emplazamientos expone una intolerancia.

No sólo fue el sitio de Culiacán por el crimen lo ocurrido. Cada suceso encriptó el entusiasmo y el miedo, dejando en vilo el porvenir.

***

Sí, lo sucedido en Culiacán es asunto mayor, delicado en extremo. Cimbró el discurso oficial y tambaleó el Estado de derecho.

No basta madrugar para ver cómo amaneció la violencia y, así, acreditar el trabajo por la paz y la seguridad. No basta juntar a los altos mandos si hay errores crasos de comunicación con el resto de la estructura y de diseño de la operación. No basta con recibir una orden de extradición para ir por un capo criminal, sin conocer la capacidad de fuego y de logística de su estructura, el teatro de operación ni la estrategia. No basta complacer los pedidos de Estados Unidos sin ponderar el efecto local y nacional. No basta restar importancia a lo ocurrido cumpliendo con la agenda, cuando el tamaño del error demanda atención superior.

El error cometido -detener y luego liberar a un delincuente, rendir la plaza de una ciudad-capital al crimen, fundar la decisión en el propósito de evitar un trágico daño colateral cuando, en rigor, no se planeó ni calculó la operación- exige tomar asiento y despachar los asuntos, no mantenerse de pie tras el atril y perorar.

De cuanto está ocurriendo en el ámbito criminal, la administración tuvo noticia con el tamaño del revés sufrido. De cuanto pueda ocurrir con la economía, ya hay avisos. De recortar para ahorrar, ya hay indicios de la pérdida operacional de la administración.

Es hora de sentarse, reflexionar y rectificar ahí donde es necesario.

***

Sí, el Ejecutivo tiene que pensar y ajustar, pero no menos la oposición.

En particular, Acción Nacional que, día a día, patina en su postura, resucita a Vicente Fox para "darle en la madre a la 4-T", busca ganancia en la ruina y, en el exceso, reclama lo que no fue capaz de dar durante su estancia en el poder. Con qué cara criticar la falta de seguridad y la violencia criminal, si éstas germinaron durante su gestión.

La ausencia de liderazgo en ese partido hace crecer a políticos miniatura y si los cuadros panistas con experiencia y visión no rescatan a su organización, sin duda, formarán parte del problema, no de la solución.

Igual las agrupaciones que, en nombre de la modernidad y el progreso, defienden el pasado que llevó al país donde se encuentra.

***

A punto de concluir el primer año de la gestión, es hora de recordar cómo el país ha perdido tiempo, incluso, sufriendo sexenios de muy corta duración.

Es hora de rectificar, y sí se puede.

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