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EDITORIAL

Paz arreglada... Armonía deplorable

Metáfora Ciudadana

DR. LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ
sábado 05 de octubre 2019, actualizada 8:18 am


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El 1 de octubre de 1938, Neville Chamberlain, primer ministro inglés, tras su primer vuelo en avión, jubiloso muestra un papel gritando a una multitud de británicos jubilosos: "La paz para nuestro tiempo". Los periódicos londinenses relataban que hombres y mujeres lloraron de alegría en las calles. Situación similar se vivía simultáneamente en París; Édouard Daladier, presidente francés, enfrentaba a iracunda multitud gala, la cual él creía qué lo abominaba; en realidad lo vitoreaba. También pregonaba Paz, Paz, Paz.

¿Qué sucedía? Ciudadanos sencillos festejaban e intelectuales destacados aseguraban que "Cualquier cosa, incluso la más flagrante de las injusticias es mejor que una nueva guerra" mientras que otros pregonaban: «Habéis aceptado la humillación para salvar la paz; conservaréis la humillación, pero tendréis la guerra». Tras la primera guerra mundial Alemania se mostraba postrada por el Tratado de Versalles; con la llegada de Hitler al poder en 1933, ahora se ufanaba de logros militares que le aseguraban una política expansiva. Apenas seis meses atrás había anexado Austria y ahora obtenía la región de los Sudetes checos. Todo ello con la condescendencia del Reino Unido y Francia.

Hitler sabía que ninguna de esas naciones estaba interesada en verse envueltas en una conflagración y confiaba en sacar adelante sus propósitos libremente; la capacidad bélica del ejército alemán era temible, por ello un buen arreglo se volvía indispensable. Así, la noche del 29 de septiembre de 1938, en la ciudad de Múnich se reunieron los jerarcas de Francia e Inglaterra con Hitler y su testigo amistoso, Benito Mussolini; así firmaron la entrega de Checoslovaquia, suponiendo que, con ello, el Führer quedaría satisfecho, (así él lo había manifestado). Ya no buscaría más territorios en Europa. Por ello los festejos en las capitales y los desfiles de paz. Este acto pasaría a la historia bajo el nombre de Pacto de Múnich. Unos meses más tarde, el mundo ardía en una guerra increíble que costó más de 50 millones de vidas. Los países firmantes de ese pacto pacifista fueron sus principales protagonistas.

Hoy México vive una supuesta paz que más tiene de sepulcral que de jurídica. Además de los ataques en todo tipo de comunicación entre y a los gobiernos de todos niveles con grupos opositores políticos, corruptos descubiertos y quienes perdieron infinidad de privilegios y ahora se "amparan" en leyes que jamás respetaron, enfrentamientos entre zafios gobernadores que hasta amenazan con separar "su estado" del pacto federal que jamás ha existido; criminales de toda índole; agréguese en manifestaciones populares la infiltración de "halcones" controlados justamente por varios de los antes mencionados, que dañan lo mismo la ya maltrecha imagen nacional, edificios históricos, negocios que tienen que soportar pérdidas patrimoniales enormes y esta semana a personas inocentes además de agentes de seguridad, con actos criminales como lanzarles objetos explosivos con intenciones homicidas.

¿Qué le pasa al presidente? ¿Qué paz cree vivir él que no sentimos los demás ciudadanos? ¿Qué necesita para actuar más allá del jalón de orejas paternales? ¿Que haya muertos? Pues poco falta. Defiende su pasividad, permisividad y hasta complicidad bajo el argumento de respetar el derecho de manifestación, arguye principios doctrinales de grandes personajes; sí, pero ellos luchaban por beneficios sociales y étnicos. Estos desalmados encapuchados ni son anarquistas como dicen ellos, ni conservadores como dice AMLO. Son mercenarios manejados desde grupos políticos y económicos furibundos. A ellos se les pagan muy bien; como Echeverría les pagó a los halcones en 1971. Son forajidos que obtienen recursos de quienes buscan desestabilizar al país para dañar al actual gobierno; ¿la prueba? Fácil; las pintas vandálicas contra AMLO en edificios emblemáticos; idénticos mensajes a lo que pregonan sus enemigos. El daño directo a las personas del cinturón de paz y la burla al pueblo manifestante.

Es ingenuo, irresponsable y hasta burlesco que "buscando la paz" les pida a estos facinerosos que recapaciten; lo peor es que esa burla es para el pueblo. Aplicar la ley no es reprimir, defenderse es legal y proteger a la ciudadanía es lo esencial. Antoine de Saint-Exupéry, sentenció: "Sí queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor…" pues bien, ser inteligente es detener a los malhechores, sobre todo ahora que ya se vieron rostros completos, como el de la pseudoasesina que intentó quemar la cara a un periodista y los drogados que buscaban destruir con puños y pies un murete. Y amar al pueblo es darle tranquilidad y no someterlo al permanente temor de salir a la calle a sufrir vejaciones.

Lo que sí vale la pena destacar es el resultado inverso de las acciones de estos halcones de la oposición; lógicamente su intención era destruir la imagen gubernamental; por el contrario, dada la brutalidad de sus actos la elevaron y si también buscaban intimidar a los manifestantes; según videos reales se vio trastornada esa pretensión, estos se envalentonaron y si no respondieron físicamente a las agresiones, sí mostraron su enojo ante ellas y cerraron filas ejerciendo su derecho a manifestarse. Total: un fracaso rotundo de aquellos que los patrocinan para dañar al país y de quienes les aplauden. Ha llegado el momento de que haya consecuencias legales profundas contra todos esos delincuentes.

AMLO bien podría asegurar la paz al interior del país arreglando algunas cuentas pendientes que le competen directamente, como la "inexplicable" fortuna de Manuel Bartlett; las exenciones a impuestos de Yeidckol Polevnsky, el intento fallido de mantener el poder del senado y Baja California y varios más que empañan su imagen y resucitan la credibilidad perdida de sus críticos y desheredados del erario; especialmente cuando él finge creer ridículas excusas.

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