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1965: Ve la última luz Alejandro Casona, uno de los grandes autores de la escena española e iberoamericana

UN DÍA COMO HOY...

AGENCIAS
CIUDAD DE MÉXICO, martes 17 de septiembre 2019, actualizada 12:24 pm


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A 54 años de su muerte, que se cumplen este martes, Alejandro Casona mantiene presencia en la dramaturgia de su país, con piezas como La dama de Alba, una obra emblemática del teatro español contemporáneo.

Alejandro Rodríguez Álvarez, mejor conocido como Alejandro Casona, nació el 23 de marzo de 1903, en una aldea asturiana de labradores y pastores llamada Besullo.

Según la biografía publicada por el sitio alejandro-casona.com, la herrería fue uno de sus intereses durante su infancia, aunque en Besullo contaban con una gran tradición oral de romances viejos de los siglos XIV, XV y XVI que la gente recitaba o cantaba después de sus faenas en el campo.

Cuentan que su familia era muy pobre, sus padres eran maestros y Casona sólo poseía como juguete un castaño que nombró “La Castañarona”.

Sus nuevas experiencias se dieron en el bachillerato de Gijón donde conoció el mar, la vida urbana y los tranvías.

El sitio biografiasyvidas.com menciona que Casona ingresó a la universidad de Oviedo y Murcia, así como a la Escuela Superior de Magisterio de Madrid.

Sus inicios en el teatro fueron como actor y luego en el teatro de las misiones pedagógicas, con sus alumnos del instituto del Valle de Arán.

Alejandro Casona, en su etapa como profesor fue nombrado inspector de enseñanza primaria durante la República. Su primera obra de teatro infantil fue El pájaro pinto, también incursionó en la poesía con La flauta del sapo (1930).

En 1934 recibió el premio “Lope de Vega” por su obra La sirena varada (1934) y es ganador del Premio Nacional de Literatura por su colección de leyendas clásicas y medievales titulada Flor de leyendas (1932) y decidió dedicarse de tiempo completo a la dramaturgia

Para los conocedores de su obra, el teatro de Casona rompió con los moldes estilísticos establecidos con el teatro naturalista de la época, introdujo elementos psicológicos y fantásticos en la construcción de sus personajes, pues le preocupaba dotar de una dimensión poética a sus obras.

Previo a la Guerra Civil Española (1936-1939) publicó dos obras Otra vez el diablo (1935) y Nuestra Natacha (1936), ésta dominada por inquietudes políticas de reforma social, lo que le valió grandes ovaciones, pues venía a renovar una estudiantina que se caracterizaba por el uso de la comedia.

Hasta este momento había llevado a cabo obras juveniles, llenas de fe, un poco evangélicas e inocentes, pero cuyo objetivo era tocar una llaga de la pedagogía española.

De esta manera, el dramaturgo siguió con las misiones pedagógicas, una fundación del maestro Cossío, hasta que fue contratado por la compañía de Díaz-Collado para una temporada de dos años, con la que viajó a México, La Habana, Puerto Rico, Colombia y Venezuela.

Durante ese tiempo escribió artículos, dio conferencias y trabajó para cine como guionista y adaptando títulos como Casa de muñecas (1879), de Ibsen. En Buenos Aires, se presentó con su obra Los árboles mueren de pie (1949), desde donde cosechó un gran éxito internacional.

En el exilio, Casona maduró su expresión y dominó perfectamente los recursos teatrales propios de la línea por él emprendida. Salieron a la luz Las tres perfectas casadas (1941) y La dama del alba (1944), tal vez una de sus obras más representativas, donde habla de la muerte.

Le siguieron obras como La barca sin pescador (1945), La molinera de Arcos (1947), Los árboles mueren de pie (1949), La llave en el desván (1951), Siete gritos en el mar (1952), La tercera palabra (1953), Corona de amor y muerte (1955), y Retablo jovial (1962).

En 1963, Alejandro Casona regresó a España y estrenó la que fuera su última obra titulada El caballero de las espuelas de oro (1964), que trata sobre la figura de Quevedo, consolidándose como uno de los grandes autores de la escena española e iberoamericana del siglo XX.

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