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Columnas Social

Ensayo sobre la cultura

LA LECTURA Y EL MUNDO AUDIOVISUAL<

José Luis Herrera Arco
TORREÓN, COAH., lunes 09 de septiembre 2019, actualizada 9:35 am


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En el principio fue la poesía; el mundo mitológico se construyó por los aedos que inventaban la genealogía de los dioses, de generación en generación. Después comenzó la historia y las leyendas fueron plasmadas en la palabra escrita. La tradición oral y la escrita, desde entonces, han convivido. Se edifica la cultura del mundo, junto con la filosofía y posteriormente la ciencia; la lógica y la rigidez matemática. Ni siquiera así se puede descartar el drama de vivir el día a día y la esperanza de llegar a un mundo mejor.

La ficción es parte integral del hombre. Según Aristóteles, la catarsis se hace necesaria para manejar los problemas humanos. Los personajes son los espejos en donde nos reflejamos. Nadie puede negar tener algo de Ema Bovary, como lo aceptaba el propio Flauber, o de Sthepen Dádalus.

Jesusa Palancares nos hace descubrir la otra parte de la historia, como Lucas Lucatero. Hay personajes que quisiéramos que en realidad hubieran existido. Algunos de mis alumnos muestran decepción cuando se enteran de que el rey Arturo y su mesa redonda jamás existieron.

El hombre se mueve entre la realidad y la fantasía. En realidad fueron los griegos quienes inventaron las telenovelas y las historias de folletín, las series interminables que ahora nos ofrece el Netflix. Los personajes de Homero son retomados por los trágicos y después por las culturas de todos los países. Joyce nombra a su obra Máxima: Ulises, en recuerdo de la odisea. El viaje de diez años se convierte en el de un día.

Las ideas sobre el hombre y el mundo se mueven por las historias que nos muestras los actores. No sólo de realidad vive el hombre, sino también de la ficción. La primera parte del sigo xx es un experimentar con la imaginación como van a ser las sociedades del futuro. El soma, en cierto modo, hoy es una realidad, parte de un mundo feliz que no se quiere realizar, o un 1984 que ya pasó a la historia.

Me detengo en el Fahrenheit de Bradbury, la guerra de exterminio en contra de los libros. La gente drogada viendo la televisión como modo de control social. A esta fantasía le hemos de agregar el mundo de los videojuegos que nunca se terminan; es una ficción detrás de la cual existe el desarrollo de una historia dramática, con un necesario conflicto que enfrenta al protagonista y al antagonista. El jugador sólo acciona su dedito para apretar botones con la intención de saltar o matar a alguien y dar paso al siguiente nivel, como en la tele pasamos al siguiente capítulo y de la historia de Rocambole o los Pardillan, en el siglo XIX, esperaron su continuación.

Hoy vivimos el mundo audiovisual. Con todas las facilidades de las nuevas opciones, puedes buscar calidad en los contenidos. Puedes encontrarte la historia de Simón Bolivar desarrollada en 60 capítulos, o sobre los romanos, los ingleses, muchos más. De México no encontrarás mucho; a los mexicanos nos disgusta enfrentarnos a nuestra historia. Taibo tiene excelentes documentales; pero teniendo tantas construcciones indígenas, mayas, aztecas, toltecas, son los grandes desconocidos. Los americanos se hacen bolas con el entendimiento del mundo prehispánico. Ellos han destruido el suyo.

Antes del producto audiovisual se encuentra la palabra escrita, se llama guión, que ya debiéramos de aceptar incluir en el género dramático, junto al drama, la comedia, la tragedia y los otros géneros que lo acompañan. Es la guía para la producción y necesita nutrirse de toda la teoría literaria.

Lo audiovisual nos hace responder con la emoción. La palabra escrita nos hace responder con la inteligencia. La respuesta al videojuego es también emocional, por eso se hace crítico cuando un joven de más de veinte años se sigue entregando a ellos como un infante a quien no le interesa pensar sobre el mundo.

Para evitar el mundo feliz o el de Fahrenheit, debemos de comenzar a pensar y para ello ayuda leer. Es la defensa en contra de la imposición de todo totalitarismo. La ficción es parte integral de la cultura, nos ayuda a ser críticos porque vemos posibilidades inexistentes. Julio Verne Imaginó mundos que hoy son reales. A sus novelas las considero pre científicas. El submarino y el capitán Nemo van de la mano; y la idea de que al mundo se le puede alimentar con el plancton del mar.

Para saber pensar hay que leer un poquito más.

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