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EDITORIAL

Sobreexpuesto

Sin lugar a dudas

PATRICIO DE LA FUENTE
viernes 06 de septiembre 2019, actualizada 7:33 am


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"La política está sujeta a volar como las perdices, cortito y rápido. Y se está necesitando política de largo aliento en un mundo que se globaliza".— José Mújica

Forma es fondo, las sutilezas importan. En términos de imagen y comunicación, lo que salta a la vista a veces dice más que mil palabras. Quizá no recordemos con nitidez ciertos mensajes, pero sí la manera en que fueron pronunciados.

Comunicación política es percepción. Radica en saber construir narrativas, hacer vibrar a nuestra audiencia y tener la capacidad de inspirar y contar historias que atrapen y mantengan cautivo al público. Importa el mensaje, pero si no sabemos transmitirlo habremos fracasado en el intento.

Las horas, la métrica y el ritmo deben ser precisos, exactos, hilados con primor. El estruendo del sonido enamora, pero también poder administrar las pausas y los silencios. Lo que marca la diferencia entre un gran comunicador y quien comunica a secas, es saber jugar -en buen sentido- con las emociones del público.

Pero hablemos, querido lector, de lo que ocurrió el domingo pasado. A un evento convocado por el Presidente de la República se llega con antelación o en el peor de los casos se llega a tiempo. Tratándose de ceremonias protocolarias donde acudirán representantes de los tres poderes, dejar plantado a nuestro anfitrión sin previo aviso sencillamente no es opción.

Hace varias décadas, condiciones climatológicas adversas impidieron que el avión procedente de Acapulco donde viajaría cierto empresario citado en Los Pinos con José López Portillo, saliera rumbo a la capital del país a la hora programada.

Dicho empresario, a punto de un ataque nervioso, telefoneó para ofrecer disculpas y avisar que le sería imposible llegar a la reunión con el presidente por causas de fuerza mayor. López Portillo, molesto, le indicó a su secretario particular que no volvería a recibir al atribulado viajero hasta dentro de varias semanas.

"Cuando se estará ante el titular del Ejecutivo hay que prever todos los imponderables así se trate de un huracán", le dijo Don José a su secretario. Reacción exagerada quizá, pero así funciona nuestro sistema presidencialista.

Por ello y a la distancia, llamó la atención ver tantas sillas vacías en Palacio Nacional durante el informe de Andrés Manuel López Obrador. La sencillez y ausencia de dispendios del pasado merece especial reconocimiento, pero austeridad no debe confundirse con desorganización.

Lo deslucido del acto obedece a varias razones. Por un lado acusa y pone de manifiesto que a la hora de organizar eventos, se extraña la capacidad logística y operativa del Estado Mayor Presidencial, cuerpo élite que fue reintegrado a las filas del Ejército por decisión del actual presidente.

Además, no obstante simpatías o divergencias con el gobierno, cualquier mandatario en ejercicio merece consideraciones especiales a partir del hecho de que no importando la persona, la investidura del poder Ejecutivo trasciende el ámbito de lo particular.

Es inexplicable que el informe fuera poco concurrido y sin el éxito esperado. Si por equis razones las sillas no se llenaron a minutos de comenzar, lo inteligente hubiese sido pedirle a los colaboradores de confianza que se sentaran para ocupar los espacios vacíos Así se hace en cualquier evento político, de ahí que extrañe y preocupe que no se operara de la misma forma tratándose un acto de tal importancia.

Los colaboradores del presidente están en la obligación de cuidarle las espaldas en todo momento; no es la primera ocasión en la que el caos y el desorden reinan durante eventos donde Andrés Manuel López Obrador funge como anfitrión. Mala señal que esperamos represente la oportunidad de corregir el rumbo.

Pero también, la sobreexposición mediática aniquila el factor sorpresa y la capacidad que tiene Andrés Manuel López Obrador para mantener cautiva a su audiencia . Pasamos del "día del presidente" a la lectura de un informe que ni a los cercanos entusiasmó en demasía porque, dicho con todo respeto, nuestro presidente aparece hasta en la sopa. Urge se dosifique y no ceda a la tentación de pontificar excesivamente.

Por ello, no obstante los éxitos y yerros del actual Gobierno, en términos de imagen, comunicación política y visto estrictamente como mensaje sin ahondar en su contenido, el informe no funcionó.

Asistimos a otra mañanera, mejor producida quizá pero plana, falta de emoción y sorpresa. Salvo las alusiones a la oposición "moralmente derrotada", como mensaje político el informe precisa de nuevos formatos más cercanos, modernos y apelando a audiencias jóvenes a las que será imposible atraer de otra forma.

Extraña de un gran comunicador como Andrés Manuel López Obrador el que su mensaje haya quedado a deber.

Twitter @patoloquasto
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