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EDITORIAL

¿Cómo reaccionar frente a lo esperado o lo inesperado?

JULIO FAESLER
viernes 23 de agosto 2019, actualizada 7:43 am


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El hecho es que todos, de una manera u otra, esperábamos una fuerte reacción una vez que las propuestas de AMLO se aplicasen. La alerta se dio desde los primeros días del pre-sexenio antes de su inauguración formal. Pero los que expresaban una gran alarma ante las perspectivas de un régimen socialista y con todos los adornos de una dictadura con expropiaciones, servicios secretos de inteligencia, cárceles y persecución a opositores, con el paso del tiempo han venido moderando sus temores. Hay quienes encuentran incluso sensatas y aceptables algunas de las posiciones del presidente de la República.

Esas inquietudes, sin embargo, no carecían de razón. Sobraban antecedentes de regímenes atrabiliarios no en Europa o Asia, sino aquí, en América Latina, como para justificar esas reacciones. Venían a cuento figuras como la de Castro, Allende, Chávez, Maduro y los Ortega. Muchas decisiones de López Obrador se han dado exactamente como se preveían, con el único objetivo que, como obsesión, se materializó desde el primer momento: condenar todo lo que proviniera de regímenes anteriores calificándolos de "neoliberales". Constantes descalificaciones que expresan su rechazo a cualquier elemento asociado a los gobiernos burgueses y conservadores de los que, por cierto, él formó parte.

Siguieron decisiones personales que merecieron severas críticas técnicas como la cancelación del gran aeropuerto, la de montar la refinería Dos Bocas, el Tren Maya, el retiro de México de instituciones internacionales como el Acuerdo Ambiental de París o el cierre de guarderías infantiles y el recorte de la burocracia por razones de ahorro presupuestal.

La centralización exagerada con la que AMLO ha querido caracterizar su gobierno expresa su intención de extirpar la corrupción que según dice, es la principal y prácticamente la única herencia que ha recibido de sus antecesores.

Pero la corrupción no ha amainado en los meses de este sexenio que, sumado al desorden aparente que dejan ver sus secretarios de Estado, hace crecer la preocupación que se refleja en las bajas marcas que le asignan varias calificadoras internacionales que el presidente desdeña y de cuyo criterio depende la aceptación del manejo de las finanzas.

La marcha del país bajo la batuta de López Obrador ha anotado pocos éxitos y muchos motivos de duda que siguen alertando a los observadores extranjeros y a la comunidad empresarial, tanto por la lentitud de la economía como el retraso de pagos pendientes de PEMEX y de la CFE.

Los datos del INEGI constatan un efectivo control de la inflación. Los severos recortes de presupuestos y de gastos en la administración pública han afectado, sin embargo, a la economía y por ende, a las operaciones industriales, comerciales y financieras, que no pueden interrumpirse sin acentuar la etapa "atónica" en que nos encontramos y que reduce los ritmos de consumo e inversiones.

Los empresarios atentos a la marcha de sus negocios están pendientes de las declaraciones del presidente para enfocar sus acciones y reacciones. Se han celebrado un buen número de reuniones de organismos empresariales con López Obrador en las que ha ofrecido su apoyo a los multitudinarios proyectos autorizados, muchos sin licitación, y pendientes de la liberación de fondos oficiales.

La actitud de los empresarios ha pasado, pues, de una honda oposición a una cautelosa esperanza de cambios en la actitud presidencial y han entendido que la estrategia más inteligente es la de mantener vivo el contacto con el primer mandatario cómo la única vía para salvar sus negocios.

Han quedado a un lado los argumentos teóricos e ideológicos y ahora en los empresarios prevalecen consideraciones más prácticas, pero el alarde de AMLO de guiarse sólo por su propio sentido común, despreciando el consejo de los que conocen las áreas específicas, es un hecho que ha generado rechazos que bien pueden convertirse en acusaciones más formales.

Para López Obrador es cada vez más necesario adaptar sus decisiones a la realidad del país. En esta coyuntura se podrían endurecer sus posiciones lo que lo acercaría a los sectores populares más radicales, con gran peligro de alterar la armonía social que debe ser la prioridad para el desarrollo incluyente que está obligado a impulsar.

Hasta ahora el gobierno de AMLO ha retenido su apoyo efectivo en el electorado que lo llevó a Palacio Nacional, pero se observa una muy reservada actitud de los empresarios que son los que más debieran de influir en las decisiones que afectan profundamente el futuro del país.

No es todavía hora para saber si, ante lo inesperado de lo esperado, esta cautela se transformará en apoyo o en oposición.

22 de agosto de 2019

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