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domingo 11 de agosto 2019, actualizada 4:31 am


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EL GERMEN DEL ODIO

Noticias de alto impacto: Un día es en un centro comercial de El Paso, Texas; unas horas después, en cierto sector turístico de Dayton, Ohio. Días antes, ocurrió en un festival popular en California. Personas que salieron de su casa dispuestas a comprar los materiales escolares de sus hijos, o bien, deseosas de divertirse, quizá convivir con familiares y amigos en un restaurante, nunca volvieron. Fueron muertos a mansalva por los disparos de un individuo quien, de ese modo, buscó liberar la carga de odio que lleva dentro.

Los autores intelectuales de estos crímenes habrán de ocupar un sitio en la galería de famosos criminales de la historia. Lamentable, pero algunos de ellos no tendrán en su vida otro mérito que los distinga, su perfil suele corresponder a niños y jóvenes grises, que pasan inadvertidos para el resto, desde que entran al Jardín de Niños. Unos cuantos provienen de hogares con alta violencia, donde la comunicación se da más con golpes que con palabras.

En los casos que nos ocupan, se han emprendido las investigaciones correspondientes. En el de Texas, se habla de un asesino solitario provisto de un rifle de alto poder, que comenzó a recorrer pasillos disparando. Según los relatos de testigos fortuitos, se enfocó a atacar a personas de piel morena - los mal llamados "hispanos" o "latinos" -, dejando una veintena de personas muertas.

Cuando ocurren hechos como estos, es el momento en que comienzan a tomarse cartas en el asunto, a rastrear redes sociales para descubrir que había expresiones de odio racial desde tiempo atrás, que nadie tomó muy en serio.

Jordi Évole, columnista del diario La Vanguardia, describe la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso como dividida por una cicatriz que separa ambas ciudades para siempre, siendo que alguna vez fueron hermanas. Hay factores geopolíticos y económicos que las dividen de manera dolorosa, a pesar de que entre ambas ha habido un riego sanguíneo común, que ha generado elementos que la vuelven única.

Esa carga de odio que lleva a un joven - tantas veces un adolescente, recordemos el caso de Columbine - a disparar a mansalva, tiene un núcleo generador. Lothar Knauth, investigador por la UV, establece que la xenofobia inicia al momento en que llegan individuos de raza aria a colonizar diversas regiones del Continente Americano. Es a partir de entonces cuando surge el término "castas" para denotar relaciones de poder, sobre las cuales se va levantando la estructura social de nuestro continente. En países como México, el mestizaje ocurre de un modo afortunado, aunque no deja de haber sus diferencias, colocando por encima a los colonizadores. En Norteamérica, esas diferencias son más marcadas, y se acentúan a raíz de la Guerra Civil, a mediados del siglo XIX. En particular, con el advenimiento del movimiento denominado Ku klux klan, que promueve la supremacía aria, entre otros elementos. Este movimiento surgió al término de la Guerra Civil y sigue presente en algunas regiones de la Unión Americana.

Ahora bien, ¿cómo se forma el corazón de ese veinteañero que planea detalle a detalle el ataque, en contra de civiles que ni siquiera conoce? La historia nos ha relatado casos de familias supremacistas, en las que padres e hijos actúan movidos por los mismos principios. Contrario a ello, lo que venimos viendo últimamente tiene como autores a chicos solitarios, marginados de los grupos sociales, que llenan su aislamiento con tecnología, según revelan las investigaciones que se han llevado a cabo después de las masacres. En ese universo creado entre ellos y sus aparatos, sienten ejercer un dominio, algo que allá afuera no logran. Progresivamente, se van mentalizando respecto a acabar con aquellos elementos que les provocan malestar, en este caso, individuos de un origen distinto al suyo, "inferior", en su concepción particular.

Pudiéramos decir que, más que hijos de la violencia familiar, estos chicos son hijos de la indiferencia. Muchas veces provienen de hogares disfuncionales, de familias compuestas que no se han organizado para apoyar a cada uno de los hijos como se requiere. El otro perfil es el del joven de clase acomodada, hijo único o con un hermano, padres ocupados, que descargan su responsabilidad de formadores en el sistema escolar o en la iglesia. En ambos casos, son niños solos, probablemente rechazados por sus pares, que no se identifican con los valores de su entorno. En su necesidad de identificación y pertenencia, recurren a las redes sociales, deseando encontrar una persona, un grupo o una ideología, con la cual identificarse y sentirse vivo.

…Muchas de las veces ese sentirse vivo implica matar a otros, y así vivir la euforia del poder frente a un mundo que los trata de forma indiferente. Así en ello les vaya la vida.

https://contraluzcoah.blogspot.com/

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