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EDITORIAL

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Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 11 de julio 2019, actualizada 8:00 am


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Hace poco más de un año vivimos el cambio de nuestra orientación política; por primera vez y en forma avasallante elegimos un candidato de la izquierda: Andrés Manuel López Obrador, quien desde tres sexenios atrás había insistido en candidatearse, luego de su desencanto con el PRI y el PRD.

Liderando su Movimiento, visitó casi todos los municipios mexicanos, manifestando su apoyo "a los más pobres", declarando dos compromisos: terminar con la corrupción y acabar con la violencia.

Clasificándonos en chairos y fifís, logró efectos de psicología masiva: hacer creer a los pobres -que son o se sienten chairos- que con su mandato llegaría el tiempo de amarrar perros con longaniza. Esa división estratégica, más que separarnos, buscaba votos entre las mayorías electoras y los asesores de los contrarios políticos se tragaron el ardid completo.

El ensueño inducido, fortalecido con el compromiso declarado en ciudades, pueblos y rancherías: "primero los pobres", anunciaba la repartición de dinero a desempleados, jóvenes - ninis -, viejos y campesinos, aunque… "poquito porque es bendito".

Sus mercadólogos evaluaron que la pobreza ya había calado en las mayorías y estas, sin la adecuada educación escolarizada, veían como inalcanzable la mejoría en algunos de sus rubros desesperantes: educación, vivienda, alimentación, salud y paz social.

Amenazar a los politiqueros: otra buena propaganda; al fin veríamos a esos ladrones controlados en su apetito voraz; los corruptos de cuello blanco, socios de los abusones, encarcelados.

Seguramente usted, como yo y casi todos, empezamos a citar nombres de abusivos, repetir supuestas cifras de fortunas y robos y, sin dudarlo, nos comprometimos emocionalmente con el candidato que, como el Zorro legendario, nos defendería del mal y dejaría su huella - no una ´Z´ - en los rincones de México.

Luego de la ceremonia de Toma de Posesión, cargada de mensajes ensoñadores, algunos esotéricos y ritos religiosos, llegó el inicio de la Cuarta Transformación, la buena, no aquella fracasada de la Independencia, cuando los españoles, sus hijos y criollos, impusieron la primera corte mexicana.

Tampoco sería La Reforma, en la que un caudillo indígena nos trató de salvar de la esclavitud, sin lograrlo por los repetidos abusos de los ricos contra los pobres.

Menos aún la Revolución Mexicana, que solamente dio oportunidad a la aparición de una nueva casta de ex revolucionarios, militares y allegados, que se hicieron del poder y lo ejercieron en su beneficio. Los pobres seguirían siendo pobres y los caudillos… asesinados.

Hoy, a un año y días de la elección, las manifestaciones de los ofendidos se empiezan a ver - aún con Peña Nieto, el primer año era ´hilar y cortar´, con apoyo de la oposición al mentado Plan Nacional - La popularidad del nuevo tlatoani mexicano empieza a decrecer.

Los politiqueros amenazados en campaña siguen gozando de derrochadora y hasta desvergonzada libertad - Peña en fiestas y mujeres en España.

La gasolina inicialmente subió de precio y escaseó, poniendo en jaque a la economía nacional. Su solución: construir otra refinería que nos promete tener lista en 3 años, aunque los expertos digan que serán al menos 8, cuando la industria del transporte ya habrá emigrado a energías limpias.

Se canceló un aeropuerto a medio construir por haber malversación, robo y daño a la ecología; actualmente, la nueva propuesta está detenida por inaceptable -con cerro incluido y daño ecológico denunciado- y rechazada por los organismos expertos internacionales al considerarla inoperable y altamente riesgosa.

Para los pobres del sureste: su tren Maya, que algunos indígenas ya han rechazado. Los conocedores hablan del inaceptable costo/beneficio, destrucción ecológica y daño a tesoros culturales; de paso, perdiendo promoción el turismo, nuestra segunda fuente de divisas.

La CFE, está llevando a la quiebra a los municipios y en Yucatán hay suspensiones de servicio con el demérito económico y turístico consecuente. La solución: construir otra termoeléctrica y, eso sí, condonar adeudos en el Estado consentido.

Las calificadoras del mundo nos han colocado en la categoría de inseguros para invertir, pero AMLO tiene otros datos.

Recorte presupuestario a la salud y dinero al béisbol; caída del empleo y trabajo a inmigrados; apoyo a la producción de carbón, no a la investigación energética; dinero negado a la educación, regalándolo a ninis. Usted sígale sumando.

Lo positivo: su intento por ordenar hacienda y buscar darnos paz social controlando la violencia con su Guardia Civil. Incluya la austeridad, que pudieran detener la voracidad de los parásitos "del cochinero". ¿Lo hará?

En otros temas hay muchas dudas y, en sumas y restas, aparentemente nos sale debiendo. En tanto, seguimos en nuestro estado de confort.

Por ahora, me siento como aquel que cayó desde lo alto del edificio Monterrey de Torreón y a la altura del segundo piso se dijo a sí mismo: por ahora no ha pasado nada. ¿Y usted?

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