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EDITORIAL

Ebrard ¿el puntero?

Sin lugar a dudas

PATRICIO DE LA FUENTE
sábado 15 de junio 2019, actualizada 7:34 am

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"Mi madre quería darnos a entender que las tragedias de tu vida un día tienen el potencial de ser historias cómicas en el siguiente".— Nora Ephron

No obstante el cambio de régimen y de partido, nuestra clase política es cíclica y predecible. La ambición y el futurismo siempre están presentes; creo que no existe político que no aspire o sueñe con ser Presidente de México. Si lo niega, seguramente está mintiendo o es un avis rara que se interesa en otras cosas.

Transcurridos cinco minutos de haber rendido protesta, varios hombres y mujeres comenzaron a imaginarse en los zapatos de López Obrador y sueñan con sucederlo en la silla; harán hasta lo imposible por llegar, cada uno recurrirá a métodos y estrategias específicas. Se trata de una carrera donde lo más importante a veces no estriba en ser eficiente y dar resultados, sino en mantener la simpatía y el afecto del jefe.

Así es el presidencialismo a la mexicana, así el diseño de nuestro sistema: obediencia y disciplina. Además, el actual presidente es férreo en su liderazgo, casado con ciertas ideas, indispuesto a ceder y no le gusta que lo contradigan.

Históricamente, los ministros están sometidos a los vaivenes y cambios de humor del mandatario en turno, también a las circunstancias y al destino. Los hombres y mujeres del presidente pueden pasar de la gloria al ostracismo en cuestión de minutos. Hoy son los consentidos y mañana serán considerados enemigos del régimen y del propio gobernante. Por ello se cuidan tanto, calculan, algunos caen en la sumisión y en conductas lambisconas.

Sin embargo, todos se mueven. En política, "santo que no es visto, santo que no es adorado". Quieren notarse y que el jefe los note. Como niños de kínder, buscan llamar la atención de la autoridad inmediata. El paternalismo se encuentra profundamente arraigado en nosotros.

De entre los posibles suspirantes que desde el principio suenan está Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores. Funcionario capaz, curtido, alumno de Manuel Camacho Solís, pragmático y sensible y sí, amigos y detractores coinciden en que es brillante. Lo considero una de las mejores cartas de López Obrador, porque además no hay mucho de donde escoger. Hasta ahora, algunos de los secretarios del gabinete brillan por su ausencia o por su incompetencia para el puesto.

El caso, querido lector, es que Marcelo está de vuelta. Lo han matado varias veces pero resucitó y hoy juega en las grandes ligas de la cuarta transformación. Saber esperar y ser paciente terminó redituándole. En seis meses no ha cometido errores graves, nadie lo grilla abiertamente hasta ahora. Sin embargo, tras el éxito -si es que así se le puede llamar- obtenido durante las negociaciones arancelarias en Washington, muchos de sus compañeros comenzarán a preocuparse y habrán de idear formas para bajarlo y que no brille tanto. En política el éxito no se perdona y hoy Marcelo transita sin mayores problemas rumbo al 2024. Mañana quién sabe.

Nuestro canciller regresó de Washington erguido como pavorreal, lejanos los tiempos del escándalo con la Línea 12 del metro capitalino. Llegó a la CDMX, voló a Tijuana, acompañó a Andrés Manuel López Obrador al acto de "amistad y defensa de la soberanía". Fue la estrella, el Presidente lo apapachó en público, algo que ha de traer verde de la envidia a más de uno.

Marcelo no cabía de gusto, sus bonos subieron como la espuma. Poco queda de aquellos días donde lo persiguieron políticamente y tuvo que refugiarse en París. Aguantó, resistió embates desde Los Pinos y una presunta venganza de Enrique Peña Nieto por, se dijo, haber filtrado los planos arquitectónicos de "la casa blanca" al equipo de Carmen Aristegui. También, Ebrard sobrevivió al fuego abierto de quien consideraba su amigo y posteriormente su verdugo: Miguel Ángel Mancera.

Mientras Claudia Sheinbaum, consentida del Presidente, sufre una andanada de críticas por la imparable violencia e inseguridad que vive la capital del país, Marcelo Ebrard regresó de Washington ubicándose, por ahora, como el puntero de la 4T para efectos de opinión pública.

Pasó la primera prueba del añejo, vendrán otras. Mientras Donald Trump esté en campaña, las amenazas y amagos con resucitar el tema de los aranceles serán pan de todos los días. Al igual que ocurrió con Game of Thrones, respecto a la relación bilateral nos espera una saga muy larga, dramática y por entregas. Con eso y otras muchas cosas tiene que lidiar Marcelo Ebrard. Sumémosle también la grave crisis migratoria que enfrentan nuestros hermanos de Centroamérica por la cual Trump ya nos hizo responsables.

Si Marcelo Ebrard logra atemperar la furia del Presidente de Estados Unidos y tomarle la medida, entonces habrá avanzado en la carrera rumbo a lo que sigue. Pero ojo, también tendrá que vérselas con la furia de sus compañeritos de gabinete y la de los suspirantes de la oposición.

Así es esto…

Twitter @patoloquasto
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