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EDITORIAL

De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA
lunes 03 de junio 2019, actualizada 7:04 am


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Don Astasio sorprendió a su mujer, doña Facilisa, en apretado trance de fornicio con el vecino del 14. Le dijo con energía al hombre, aunque procurando no perder su acostumbrada ecuanimidad: "Esto no se va a a quedar así". "Claro que no, vecino -le respondió, cortés el individuo-. Ya le había prometido yo a su señora esposa que al terminar esto le ayudaré a tender la cama". Pepito invitó a Tirilita, su pequeña y linda amiga, a jugar en su alberquita. Le propuso: "Nos descalzaremos y meteremos los pies en el agua". La niña se preocupó: "¿Y si se me moja mi ropita?". "Eso no sucederá -la tranquilizó Pepito-. Nos descalzaremos hasta arriba"... Otro de Pepito. Cierto día le preguntó a su mami cómo nacían los niños. La señora, algo turbada por aquella súbita pregunta, trató de explicarle el milagro de la vida recurriendo al tradicional ejemplo de los pajaritos y las florecitas. Una semana después la familia de Pepito fue a una boda. El novio era flacucho y esmirriado, enclenque, raquítico, cuculmeque, tilico y escuchimizado. La desposada, por el contrario, era gigantea, robusta, bien nutrida y dueña de prominente tetamen y abultado nalgatorio. Pepito se inclinó hacia su mamá y le dijo al oído: "Me parece muy poco pajarito para tamaña floresota"... Doña Golona, matriarca con mucha ciencia de la vida, amonestaba a sus nietas y le advertía sobre los riesgos del trato con los hombres. Les dijo: "Si un individuo las invita a tomar licor con él no acepten". Preguntó, divertida, una de las nietas: "¿Podríamos acabar debajo de la mesa, abuela?". "No -respondió doña Golona-. Podrían acabar debajo del individuo... La adivina, tras consultar su bola de cristal, le anunció a la chica que la visitó: "Muy pronto llegará a tu vida un hombre". "Ya lo sé -sonrió la muchacha-. Alto y moreno ¿verdad?". "No -replicó la adivinadora-. El que yo digo es otro. Te lo entregarán en la clínica de maternidad aproximadamente dentro de 8 meses"... Picia, muchacha rica, pero fea -o muchacha fea, pero rica, según se vea- le decía a su novio, gemebunda: "¡No lo niegues, Interesio! ¡Te quieres casar conmigo porque soy rica!". "Todo lo contrario, vida mía -protestó él-. Me quiero casar contigo porque yo soy pobre".... Una tía de Pirulina que vivía en otra ciudad tenía algún tiempo de no ver a la muchacha. Con motivo de las vacaciones fue a su casa. La mujer gustaba de meter la nariz en los asuntos ajenos, de modo que de buenas a primeras le preguntó con traviesa sonrisa a su sobrina: "¿Ya te picó el gusanito del amor?". "Sí, tía -respondió ella bajando la voz-. Pero cuando veas a mi novio sabrás que no me picó precisamente un gusanito". Este día no voy a orientar a la República. Es lunes, y bien puede pasarse la Nación sin mi palabra admonitoria. Después de todo se trata de un solo día. En vez de hablar de política recordaré a petición de uno de mis cuatro lectores una oración muy útil en la vida cotidiana. Si esa plegaria se reza con verdadera devoción protege contra uno de los mayores peligros que en la existencia diaria podemos encontrar. Hago una aclaración: debemos evitar a toda costa actuar de tal manera que los demás tengan que recitar esa invocación para protegerse de nosotros. La oración que en seguida ofrezco no viene en ningún breviario, eucologio, libro de preces o devocionario. Así, bien harán mis lectores en aprenderla de memoria para poder decirla. He aquí el texto de esa útil oración: "¡Oh Señor, Señor, Señor! / Mándame pena y dolor. / Mándame males añejos. / Pero lidiar con pendejos / ¡no me lo mandes, Señor!"... (Debe rezarse todas las mañanas antes de salir de la casa o al empezar una junta de trabajo)... FIN.

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