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EDITORIAL

Sobre la marcha

Sin lugar a dudas

PATRICIO DE LA FUENTE
viernes 24 de mayo 2019, actualizada 7:19 am


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"Los hombres y pueblos en decadencia viven acordándose de dónde vienen; los hombres geniales y pueblos fuertes sólo necesitan saber a dónde van". — José Ingenieros

Sobre la Marcha, novela de Luis Spota. No suficientemente reconocido en su época, Spota diseccionó la arqueología de los usos y costumbres del poder y el presidencialismo mexicano. Sobre la Marcha forma parte, junto con otros cinco libros, de la serie La Costumbre del Poder.

La lectura de dicha obra es esencial para el entendimiento de nuestra historia y pasado, pero también para comprender aspectos que aún hoy, en pleno tercer milenio, se resisten a morir.

Aurelio Gómez Anda es uno de los personajes centrales. Con la salvedad de que Don Aurelio, a diferencia de muchos políticos de la vida real, sí se preparó desde joven para ejercer el poder cuando llegara el momento.

Ahí la gran pregunta que se hacen casi todos los hombres públicos: ¿qué hacer con el cargo? Gómez Anda siempre lo supo. Habría que ejercerlo sin contemplaciones. "No se puede gobernar y tener remordimientos", decía.

Y acá, en el mundo real y turbulento, renunció Germán Martínez. Presidió al PAN, fue el hombre de todas las confianzas de Felipe Calderón, le operó lo visible y también lo extracurricular. Fue bautizado y redimido por las aguas benditas de la Cuarta Transformación, le vendieron casi el paraíso y acudió gustoso. No hubo tal gloria prometida. Regresa al Senado o como dijo Adolfo López Mateos, al estado ideal del hombre. "Se trabaja poco, se hacen muchos amigos y las comidas de medio día son muy agradables", admitía el ex Presidente.

Germán dimitió con estridencia, así acostumbra. Bien o mal, prefiero eso a la sumisión frente al poder, a la malsana costumbre nacional que confunde lealtad con lambisconería, o el extravío de nuestra propia voz.

Quizá Martínez, al igual que Don Aurelio, sí sabía qué hacer con el poder pero llegada la hora no pudo, perdido en el laberinto de inoperancia que aqueja al nuevo Gobierno. Un laberinto que cobra facturas y genera angustia. Como adelantó el propio Presidente de la República, vendrán otras dimisiones. La carta de despedida, más allá de coincidencias o desencuentros con el personaje, no tiene desperdicio. Es, como el propio Germán, lacónica en sus términos, porque Martínez es hombre de grandes pasiones.

Duro revés a la línea de flotación del barco aunque el propio titular del Ejecutivo haya querido minimizarlo. Ahora resulta que no hay crisis en el IMSS, revira el mandatario, y todo es producto de un chasco inventado por la prensa fifí y chapucera.

Se va Germán y llega Zoé Robledo, un buen cuadro que goza de la confianza de López Obrador. Son muy pocos los dignos de tal confianza y además, conforme transcurre cualquier sexenio, el hombre de Palacio se va quedando solo.

Robledo desconoce el IMSS pero le adivino la pericia para rodearse de los perfiles adecuados. Ojalá lo haga. Sí, Zoé Robledo se sacó al tigre en la rifa aunque lo niegue. Pocos quisieran estar en sus zapatos.

Las intrigas palaciegas y golpes por debajo de la mesa son naturales en el ejercicio del poder, ocurren en todas partes, pero a cinco meses de iniciado el nuevo gobierno trascienden los desencuentros en el equipo del Presidente. Aquí, en este espacio, lo comentábamos la semana pasada, querido lector. Ministros con poco margen de maniobra, inoperancia, falta de planeación, e ir resolviendo casi todo sobre la marcha.

El columnista Salvador García Soto asegura que también renunciaron Alfonso Romo, Marcelo Ebrard y Olga Sánchez Cordero, pero López Obrador les prometió un mayor margen de maniobra.

Que cada quien llegue a sus propias conclusiones sobre Germán Martínez y la forma en que salió del Gobierno. Lo sustancial no es su persona sino lo que el hecho en sí acusa y pone en evidencia. Es, por desgracia, aquello que ya sabíamos: el sistema de salud enfrenta graves problemas, es una auténtica bomba de tiempo aunque no lo quisimos ver. Y así, muchos otros asuntos pendientes: los postergamos y cuando el futuro nos alcanza y las crisis nos explotan, entonces pretendemos resolver sobre la marcha y según se nos vaya ocurriendo. ¡Qué grave y peligroso, poco halagüeño, desesperanzador!

No sirve ir sobre la marcha, urge planear estratégicamente a largo plazo. Muy caros nos han salido los intentos sexenales de reinventar al país a merced y capricho del gobernante en turno.

"Los dogmas del pasado silencioso son inadecuados para el presente tormentoso", recordaba Abraham Lincoln.

Y sí, estamos ante una tormenta perfecta, no sólo en el IMSS. Indolencia es no querer verlo. Ojo con eso…

Twitter @patoloquasto
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