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EDITORIAL

Agua, cuenca lechera y arsénico en La Laguna; el debate continúa (III)

A la ciudadanía

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ
miércoles 22 de mayo 2019, actualizada 7:25 am


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En las dos columnas previas comentamos como las declaraciones presidenciales sobre la cuenca lechera y el arsénico en el agua provocaron una reacción local, y también señalamos la estrecha relación que existe entre la sobreexplotación de los acuíferos y el hidroarsenicismo, con sus severos impactos ambientales expresados en la contaminación del agua del subsuelo, y sociales en el daño a la salud pública. Finalmente señalamos que hoy en día lo importante es encontrar y aplicar soluciones que den respuesta a esta problemática de manejo y uso del agua en La Laguna.

Indicamos que la prioridad en la que los laguneros debemos ponernos de acuerdo es en la recuperación del Acuífero Principal, para ello es ineludible regular las extracciones mediante un sistema de medición telemétrica de los bombeos de agua del subsuelo, que en una primera etapa los volúmenes extraídos se nivelen con los volúmenes concesionados; controlar el robo de agua es una prioridad y ante esto no deben preocuparse quienes operan debidamente sus concesiones.

Las otras opciones para resolver el problema tienen implicaciones en el modelo de producción vigente en torno al cual se ha conformado el complejo forrajero-lechero-lácteo, mismo que si bien no es el único factor de presión antrópica sobre el agua, si el principal, por los volúmenes que tiene asignados y la ausencia de regulaciones a los que ha estado sujeto. Por su importancia económico-social debe revisarse como se ajustará a la disponibilidad hídrica, que se prevea el amortiguamiento de los impactos que tendrá en la inversión, la producción y el empleo en las etapas de la cadena de valor que pudieran verse afectadas, considerando que esa cadena ha sido exitosa por el grado de integración económica lograda, pero no sostenible por los impactos ambientales y sociales descritos.

Regular las extracciones puede hacerse en un plazo no mayor de cinco años, pero requiere de otras medidas como la recarga en sitios técnicamente definidos, reconvertir el patrón de forrajes y continuar con la tecnificación del riego, serían opciones complementarias a la medición telemétrica, de modo tal que gradualmente, al menos en la primera década en que se apliquen, pudiéramos ver resultados.

La recarga del Acuífero Principal es una opción considerada anteriormente y sobre la que ya se han realizado pruebas con resultados que, si bien son parciales o puntuales, anticipan un posible éxito si es adecuadamente diseñada. Esto implicaría la necesidad de destinar volúmenes de aguas superficiales que se inyecten en los sitios que los geohidrólogos estimen convenientes desde el punto de vista técnico, pero también social, volúmenes que tendrían que ser adquiridos por el gobierno y administrados quizás a través de una figura similar a la que se adoptó en la implementación del Programa Irritila en la Cuenca Alta del río Nazas.

Si esas aguas superficiales están concesionadas en su totalidad a usuarios agrícolas, habrá que emprenderse una nada fácil negociación con ellos para que transmitan, con una compensación o pago económico de por medio, al organismo que los administre. No hay otra fuente de agua disponible para acelerar la recuperación del Acuífero Principal.

La reconversión productiva de forrajes implica la reducción de las superficies destinadas al cultivo de alfalfa y su sustitución por otros cultivos, ya que a la fecha este se ha convertido en el principal demandante de agua en la región y la investigación en métodos de riego, aunque tiene avances importantes en el ahorro de agua, no son suficientes para aumentar su productividad y reducir la demanda. En estas cuestiones también existen antecedentes en la investigación académica, se ha generado información tecnológica que habrá de adecuarse y reducir un posible impacto en la productividad de la leche en los hatos bovinos.

La tecnificación del riego agrícola es una opción que se ha venido aplicando durante las últimas décadas con resultados exitosos en el ámbito experimental y en su aplicación en los cultivos. Lamentablemente, en la medida que no se registró una medición confiable de las extracciones se desconoce su impacto regional en el ahorro de agua y en la recarga del acuífero y, aunque no es ya una prioridad gubernamental en la asignación de subsidios públicos, debe continuar buscando otro tipo de fondos como créditos blandos y los propios recursos privados de los usuarios.

Los laguneros debemos aprovechar la oportunidad que tenemos de que desde la cúpula del poder se haya puesto atención en este grave rezago estructural que arrastramos en la región y no seguir dando vueltas en torno a opciones que no lo resuelven, insistimos en que debemos centrar nuestros esfuerzos en recuperar el Acuífero Principal. Para ello, es fundamental que nos pongamos de acuerdo, gobierno, usuarios y ciudadanos, que construyamos esa opción de resolver este grave problema, que destinemos nuestros mejores esfuerzos y los recursos disponibles para ese fin, es lo que mejor nos conviene a todos.

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