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EDITORIAL

Perlas negras

Sobreaviso

RENÉ DELGADO
sábado 18 de mayo 2019, actualizada 7:56 am


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Llegar a donde se quiere ir obliga a checar una y otra vez si se avanza sin desvíos en la dirección correcta, sobre todo, cuando nunca se ha recorrido ese camino. Sin verificar la ruta, perderse no es inusual y, en ocasiones, conduce a lugares donde ni por asomo se desea estar.

Alcanzar un sitio exige dominar y conjugar múltiples factores, considerando incluso variables ajenas y fuera de control. De ahí, la importancia de los mapas, los protocolos y los itinerarios, en suma, de la hoja de ruta.

En política, los caminos son aún más complejos y sinuosos. Gobernar es un constante calibrar posibilidades, comprobar recursos, ponderar acciones, reconocer compromisos, resolver imprevistos y, sobre todo, asegurar la administración de aquello que, sin formar parte del plan, es menester atender porque, el descuido, puede complicar o descarrilar el proyecto.

En estos días, varios sucesos exhibieron falta de dominio sobre múltiples factores y, en esa tesitura, colocaron en apuros, problemas o contradicciones al gobierno.

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La mala calidad del aire no fue resultado sólo del poder de la naturaleza, también de la naturaleza del poder. De acciones y de medidas mal calculadas y conjugadas, así como de falta de coordinación.

No hay novedad, durante el estiaje, los incendios forestales están en el orden del día y, luego -al menos en la zona metropolitana del Valle de México-, la elevación del nivel de ozono. Sabido esto, la previsión y la reacción de los gobiernos federal y local ante la contingencia dejaron mucho que desear... tanto que ni la lluvia diluyó el problema.

En este campo, no cabe el asombro. No sólo porque el presidente de la República gobernó la Ciudad, sino también porque, en ese entonces, la hoy jefa de Gobierno fue responsable del medio ambiente. Ambos conocen la materia y no pueden achacar al pasado la irresponsabilidad porque, qué cosa, de aquel pasado también formaron parte.

Desde el poder, uno y otro gobierno tomaron medidas relativas al ambiente sin evaluar su efecto. El gobierno federal recortó recursos a la Conafor, transfirió atribuciones de esa comisión a Protección Civil, misma que trasladó de Gobernación a Seguridad y, por si fuera poco, dejó acéfala la Comisión Ambiental de la Megalópolis. A su vez, el gobierno capitalino relajó la verificación vehicular y replanteó los límites de velocidad en la Ciudad. Y, ambos, olvidaron coordinar su actuación. Resultado: una contingencia extraordinaria, mezcla de altos índices de ozono y de partículas suspendidas.

Decir que no les dejaron protocolos de actuación es evadir un hecho: la contaminación es regional y no local. Si no hay protocolos es porque, como antes, no se ha elaborado una política seria y rigurosa con las entidades que integran la megalópolis. Si no se repara en la urgencia de concertar e instrumentar esa política, imposible presumir que los gobiernos federal y capitalino son distintos a los anteriores.

De lo ocurrido, es menester desprender lecciones: no se pueden ahorrar recursos a costa de descobijar tareas y funciones fundamentales, como tampoco impulsar nuevas acciones de gobierno sin dominar la administración del quehacer ineludible.

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La alianza electoral de Morena y el desaparecido partido Encuentro Social no puede tener por consecuencia política la ausencia de gobierno en Morelos.

Esa entidad camina a paso veloz a una crisis superior a la conocida y, en ella, tiene responsabilidad el partido en el gobierno que encumbró al jugador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, toleró al apoderado del gobierno, José Manuel Sanz, y premió al ex dirigente Eric Flores con la delegación federal. Los impactantes atentados, ejecuciones, secuestros y homicidios con registro reciente en esas tierras auguran una debacle. La victoria electoral de Morena no oculta la derrota política. Ahí están los focos rojos, titilando a más no poder.

La alianza electoral de Morena con el Partido del Trabajo no justifica que los compromisos adquiridos en campaña los pague el país ni que el Ejecutivo adopte políticas de doble vara. Si, en campaña, se comprometieron ochocientos millones de pesos a los Centros de Desarrollo Infantil del Partido del Trabajo -por no decir, al negocio de ese partido-, que los pague Morena de sus prerrogativas. La justificación presidencial para otorgar ese monto y regularizar esos centros mancha la enérgica política de no dar recursos a organizaciones de la sociedad. ¿Es la contradicción un principio?

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Hace casi cinco meses se desplomó el helicóptero donde viajaban la gobernadora de Puebla, Érika Alonso, y su esposo, el coordinador de los senadores panistas, Rafael Moreno Valle, y en dos semanas tendrá verificativo la elección extraordinaria para contar con un nuevo gobernador.

Apenas ocurrió aquel suceso, el gobierno federal prometió que con puntualidad y la asistencia de instancias internacionales daría a conocer la causa del desplome. Con esa transparencia, marcaría la diferencia con gobiernos anteriores.

Aún se desconoce qué propició esa tragedia, así se llega a las elecciones. ¿Cuál es la diferencia?

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Descalabros, contradicciones e incumplimientos no se borran con declaraciones tranquilizadoras ni instando a la serenidad, pero se está a tiempo de calcular bien las acciones, trazar la ruta y fijar las prioridades.

Apuntes

Hace una semana se preguntó el motivo de la renuncia de Patricia Bugarín a la Subsecretaría de Seguridad. Si en el gobierno no se miente ni engaña, falta la explicación. Oficialmente se dice que respondió a razones personales; extraoficialmente hay dos versiones: Bugarín no daba resultados o Bugarín se fue por carecer de recursos e infraestructura. ¿Qué fue?

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