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Cultura

Amor por la danza y su hija

Paloma Miier es una mujer que ha sido fiel a perseguir sus pasiones

DANIELA RAMÍREZ/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, viernes 10 de mayo 2019, actualizada 9:57 am

Paloma es sonriente y cálida, explica que actualmente es parte de un colectivo de mujeres que ofrecen cosas hechas por ellas mismas, por allá apunta y dice, están las blusas bordadas, por este otro lado, algunos sombreros intervenidos, diversas artesanías se posan en el patio del lugar, donde la bailarina es también terapeuta corporal.

Su hija se pasea en el espacio y observa atenta a los extraños que abordan a su mamá, tiene 4 años y se llama Julieta Yakandi, su primer nombre significa aquí todo está bien, y el segundo es un ritmo tradicional de iniciación a la mujer que se práctica en África, cultura a la cual Paloma siente que está anclada desde que era una niña.

Por ello, ahora Paloma Miier es bailarina de danza africana un disciplina que ha tenido la oportunidad de abordar a través de varios maestros y cursos intensivos de los que ha sido parte en Guadalajara y Ciudad de México.

LA RAÍZ

La bailarina lagunera relata que todo comenzó, porque su papá siempre quiso que sus hijos estudiaran otra cosa fuera de la escuela, tal vez tocar un instrumento, practicar algún deporte u otra actividad.

"Yo me orillé por el teatro, primero por el canto y estuve en muchas competencias. Me cansé de eso y mi papá vio que ya me estaba retirando y me llevó a un grupo de teatro que era de parte del Isauro Martínez".

Relata que duró varios años en ese recinto, mismo que le otorgó una beca para que siguiera estudiando. A los 13 años comenzó a sentir una necesidad que no podía "saciar" sólo con hacer teatro, su asunto era más corporal, le gustaba usar su cuerpo como herramienta de expresión. Así comenzó a buscar alternativas.

Luego de observar a un grupo de danza contemporánea en acción, decidió inscribirse en una escuela que dirigía Jaime Hinojosa en Torreón. "Ahí estuvimos, pero yo seguía sintiendo que necesitaba algo más". Su inquietud la llevó a Guadalajara donde paseando en un parque fue testigo de un grupo que practicaba la danza africana, desde ese momento, expresó "me enamoré de ese arte", luego nunca pudo desprenderse de él, Paloma había encontrado lo que decía, le hacía falta para sentirse completa como artista.

"Me enamoró mucho la danza africana, porque te invita a conectar contigo, con lo que te mueve adentro y afuera. Es una danza que viene de la naturaleza, los africanos sacaron todos los sonidos lo de la naturaleza".

SER MADRE A CONSCIENCIA

La joven de 29 años es madre de una niña de 4, lo que manifestó ha sido una de las mejores etapas de su vida que ha disfrutado desde que su pequeña Julieta Yakandi estuvo en su vientre.

"Mi etapa como madre ha sido muy bella. Afortunadamente mi curiosidad por ver que hay más allá, me permitió decirle sí a la vida de mi hija, es decir, normalmente como que la gente que quiere tener hijos te enseñan a preocuparte de que primero para ser madre tienes que tener casa, coche, todo estable. Es como un requisito para poder hacerlo al cien por ciento y excelente".

Difiere en la idea, pues puntualizó que lo más importante para criar a un hijo, es cuestión de estar bien emocionalmente más que lo económico, para ella lo esencial es disfrutar la vida, lo que haces como profesión y ser una persona con mente y espíritu sano, para poder así transmitir ese bienestar a los hijos.

Es evidente que Julia y Paloma tienen una conexión especial, durante la charla la pequeña no se despegó de su madre, atenta escuchó cada palabra que Paloma compartió. Sin duda ya es un referente en su vida y un modelo a seguir, pues en ella prevalece la idea fija de convertirse algún día en bailarina, como su madre.

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