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viernes 26 de abril 2019, actualizada 2:13 am


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¡Es que no hay presidente...!

Que a nadie nos sorprenda las condiciones políticas, sociales y económicas que prevalecen en nuestro País, cuando la verdad es que aun no tenemos Presidente y un País en nuestras condiciones, es un País que irremediablemente está a la deriva. La Presidencia de México ha estado desierta desde la recta final del sexenio anterior. EPN y su Gabinete dejaron de figurar para dar paso a los integrantes del equipo triunfador; sin embargo, pareciera que ellos aun siguen trabajando en campaña. Todavía, a estas alturas no se asoma el valiente que dé la cara por México y por la imagen Presidencial que a nuestra Nación le hace falta.

Quién desde hace muchos años ha encarnado el liderazgo de una supuesta transformación, se ha dedicado a todo, menos a asumir sus responsabilidades Constitucionales que le fueron conferidas por Ley y lamentablemente no hay quien lo obligue a gobernar. Quién debiera ser Presidente es fiel a su naturaleza destructiva de siempre, tal vez porque para él es más fácil así que confrontarse con los problemas de ser gobierno. Le teme tanto a las responsabilidades Presidenciales que quisiera para todo, borrón y cuenta nueva y frecuentemente se queja - sin justificación - de las pésimas condiciones con las que heredó el gobierno, sin llegar a reconocer a que tantos problemas le sirvieron para llegar al poder y que ahora son su fortaleza. A quién debiera ser Presidente, no le interesa intervenir en los diferentes conflictos sociales y demandas laborales que lamentablemente lesionan de manera importante los diversos sectores productivos de nuestra Economía Nacional. Pretender gobernar con abrazos, un País saturado de muertes violentas, feminicidios, secuestros, levantones y desaparecidos, es imposible; ésta es una de las muchas razones por las que nos hace falta un Presidente.

Quién debiera ser Presidente, tiene aun adversarios de campaña y dice vivir acosado por neo liberales y por conservadores en los que ocupa su tiempo y esfuerzo para combatirlos, argumentos absurdos para evadir la falta de resultados. Aunque pregona su trabajo de doble jornada, es solo presunción; una de tantas que exhibe su pobre personalidad, la que no le alcanza para ocupar con decoro la Residencia Presidencial, que por cierto ahora se abrió para alimentar el morbo y el rencor de nuestro pueblo. Quien debiera ser Presidente ocupa su tiempo en giras proselitistas y en reuniones mañaneras con sus incondicionales en carpas, en recintos y escenarios diseñados a ex profeso y se permite amenazar a los poco prudentes en una replica que dice tener derecho para dividir y para confrontarnos; disfruta besar corazoncitos y tomarse innumerables selfies que nutren su soberbia personalidad y desbordado egocentrismo y lo que diga su farsante dedito. Quién debiera ser Presidente, evade encuentros serios y no sabe cómo comportarse a la altura, ante escenarios en los que se discuten temas relevantes y rechaza tópicos que evidencian su incapacidad, sus limitaciones, traumas y complejos dejando al descubierto su pobre inteligencia.

Quién debiera ser Presidente no valora el respaldo de un mejor gabinete, se nutre de secretarios incondicionales, doblegados, sumisos, ratoneros, faltos de personalidad globalizada y ausentes de nuestras circunstancias. Desprecia secretarios de esos que ambicionan altos beneficios, de esos que saben desquitar su sueldo con buenos resultados a favor de nuestra Patria con los que pudiéramos relegar a los que ahora son baratos pero limitados y obsoletos.

En pocas palabras, nos hace falta un presidente.

Juan Antonio Aguilar Tello

Torreón, Coah.

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