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jueves 18 de abril 2019, actualizada 9:51 pm


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Borrón y cuenta nueva

Nadie que mire hacia atrás podrá hacer un surco derecho; y AMLO no voltea al pasado, si no es para sacar lecciones provechosas, nunca para tomar venganza de aquellos que pusieron piedras en su camino.

Hoy por hoy, la prensa escrita y el periodismo digital han vuelto la mirada hacia el 2016 para ubicar a los protagonistas de la orquestación de una campaña negra contra Andrés Manuel López Obrador, quien para entonces ya se perfilaba como candidato presidencial en las elecciones de 2018.

Y resulta que quien otrora fuera considerado “un peligro para México”, tiene hoy la sartén por el mango y goza de una popularidad enorme; y de los intelectuales y empresarios que maquinaron aquella “canallada”, diría AMLO, algunos a querer y no, se alinearon con el nuevo régimen, y hoy solo unos pocos siguen viendo moros con tranchete.

Hay todavía quienes piensan que Morena manda en el Senado, que es un apéndice del Ejecutivo, cuando en realidad no es así, y como prueba tenemos el rechazo de los 11 candidatos enviados por AMLO, para ocupar cuatro sillas en el órgano de Gobierno de la Comisión Reguladora de energía; y si bien es cierto que la Guardia Nacional fue aprobada, no fue en todos los términos de la iniciativa del presidente. En cuanto a la revocación de mandato como un paso previo a la perpetuidad del poder, se ha citado a Cuba, Bolivia y Venezuela como ejemplos, pero se les olvida a los críticos que cada país tiene su propia historia y cada nación su propia idiosincrasia.

No obstante la popularidad de la que goza el presidente AMLO, ya que debemos reconocer que ha tenido aciertos y también ha tomado decisiones erróneas, que han generado descontento; que la desconfianza empieza a surgir de la somnolencia popular, de la empatía y de un apoyo incondicional, casi dogmático de las grandes mayorías, mas no de una población que ahora recibe apoyos gubernamentales sin intermediarios.

Por supuesto que eso lo hace popular y políticamente populista, pero no olvidemos que eso siempre lo hicieron los Gobiernos que le precedieron, unos más, otros menos, pero siempre por medio de organizaciones civiles sociales, quien se quedaban con una buena tajada; cosa que AMLO no ha permitido.

Cien o 365 días sean quizás poco tiempo para elaborar un juicio respecto a las promesas vertidas en campaña; pero lo cierto es que por un lado tenemos un peso que ha resistido los embates del dólar, pero por otro, las gasolinas han aumentado de precio al consumidor y la electricidad ha subido sus tarifas, todo esto en detrimento de la economía familiar de la clase media baja, la que no recibe apoyos del Gobierno, la que tiene un carrito para moverse a su trabajo; mientras la clase baja, la más necesitada tiene ya un paliativo que puede ser dañino, pues en una misma familia hay cuando menos hasta tres apoyos: dos de estudiantes y uno de madre soltera o de tercera edad. Si la madre o el padre trabajaban, ya no lo hacen porque se conforman con lo que el Gobierno les da. Con esta política de apoyo universal bajo el nombre de bienestar universal, se propicia la conformidad y la pereza.

La duda abruma algunos sectores de la sociedad debido a algunos cambios que han alterado su vida, o que simplemente esperaban cambios radicales, pero hemos de entender que la situación desastrosa del país, por 30 años de malos gobiernos, no puede arreglarse en unos cuantos meses.

Ahora, de nada sirve mirar atrás. AMLO mira hacia delante, no se detiene a cazar brujas. Es congruente con su filosofía de “borrón y cuenta nueva”. Eso es bueno. ¿O no?

Héctor García Pérez

Comarca Lagunera

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