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EDITORIAL

Justicia para Lydia Cacho

Sin lugar a dudas...

PATRICIO DE LA FUENTE
jueves 18 de abril 2019, actualizada 8:42 am

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El primer requisito de la civilización es el de la justicia” — Sigmund Freud

 

Hace algunos días, una magistrada federal libró varias órdenes de aprehensión en contra de Mario Marín, exgobernador de Puebla, de los empresarios Kamel Nacif Borge y Juan Nakad Sánchez, así como el Jefe de la Policía Judicial, Adolfo Karam Beltrán, entre otros, por el delito de tortura en agravio de la periodista Lydia Cacho.

Hacia 2005 cuando publicó el libro “Los Demonios del Edén” en el que denunciaba una red de pederastia y pornografía infantil, Cacho fue ilegalmente detenida en Cancún y llevada a Puebla. Ahí, presumiblemente por ordenes del entonces gobernador Marín en complicidad con los citados empresarios, elementos policíacos la golpearon y abusaron de ella. Tras casi quince años de aquellos lamentables hechos, finalmente a Lydia Cacho se le podría hacer justicia.

Una vez conocido el fallo, la periodista escribió: “Sí, son 14 años de persecución, de abogadas y abogados, de pelear con el sistema corrupto. De salir corriendo del país ante amenazas de jueces y fiscales corruptos. El logro judicial es mío, de mi familia y abogados, de ustedes. Gracias. Aquí nadie se rinde”.

Meses atrás Mario Marín, nefasto personaje conocido como el ”gober precioso” -aquel que se decía “en la plenitud del pinche poder”- consideró que el asunto de Lydia Cacho era cosa juzgada y que debía olvidarse. Por fortuna, la justicia no opina lo mismo. Hoy martes, al momento de escribir estas líneas, se desconoce el paradero de Marín, quien inexplicablemente sigue participando en política activa y apoyando al PRI en su estado natal, Puebla.

En 2006, Lydia Cacho visitó Torreón para presentar su antes citado libro, lo que me presentaba la oportunidad de llevar a cabo una entrevista. Por aquellos años, realicé casi una centena para El Siglo de Torreón y El Siglo de Durango.

En aquel entonces, Cacho sufría una brutal persecución y no exagero al decir que su vida se encontraba en peligro por haber denunciado la amplia red de pederastia y trata de personas que involucraba a políticos, empresarios y elementos de las corporaciones policiacas. Cuando la conocí en un hotel de Torreón, la periodista era custodiada las 24 horas del día por agentes de la extinta AFI.

Platicamos más de una hora. Recuerdo a Lydia como una mujer jovial, curiosa, divertida y muy inteligente. De grandes y profundos ojos, a pesar de vivir “bajo la tormenta” como me dijo, había aprendido a sobrellevarla.

Durante ese tiempo, conversamos no solo de la atroz persecución de la que era objeto –fue encajuelada, vejada, secuestrada por varios días- sino también del panorama nacional y sus valoraciones sobre los políticos de aquella época, personajes que hoy siguen en la palestra de lo público como Felipe Calderón, Vicente Fox y Andrés Manuel López Obrador.

Al final de la entrevista, le pregunté a Lydia Cacho qué era lo que le robaban a un niño abusado que jamás le podrían devolver. También, quise saber qué le habían robado a ella. Esto fue lo que me contestó:

“Es muy diferente lo que pasa con un niño varón que con lo que le ocurre a una niña. Por la educación sexista que tenemos en nuestro país, a los niños no les enseñan a mostrar sus emociones; se les arrebata el derecho a una educación sentimental, a que puedan aprender a procesar sus emociones adecuadamente. Entonces, para un niño varón casi siempre el abuso sexual tiene implicaciones mucho más duras que para una niña. ¿Qué le arrebatan a una niña? Le arrebatan la noción de que puede tener una sexualidad libre, de que ser mujer no es ser una persona libre, a un niño le arrebatan el derecho a defenderse. Un niño abusado que se vuelve adolescente se torna en una persona muy violenta, va a pasar el resto de su vida odiando a los hombres, con una androfobia tremenda. A un niño o niña sin tratamiento adecuado le arrebatan su derecho a creer en el amor. ¿A mí qué me arrebataron? Mira, las primeras horas de mi detención cuando iba de Cancún a Puebla, después de que me pusieron un arma en la cabeza y estuvieron haciendo referencias a todo lo que me iban a hacer –sugerían violaciones- en esas primeras horas hice un recuento de mi vida y dije: me voy a morir. No creo que me hayan arrebatado nada. Yo creo que intentaron arrebatarme la dignidad pero no pudieron”.

Enhorabuena a Lydia Cacho por sus arrestos e inquebrantable valentía que a todos debe servirnos como ejemplo. Tras 14 años, el caso podría encontrar por fin la justicia anhelada. Solo entonces, su tormenta personal habrá terminado.

Twitter @patoloquasto

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