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EDITORIAL

Con la prensa no, Presidente

Sin lugar a dudas...

PATRICIO DE LA FUENTE
jueves 11 de abril 2019, actualizada 8:35 am

 

Tengo un defecto gravísimo para el ejercicio de mi profesión. Creo que el periodismo es un servicio público donde debe primar la verdad y no los intereses de los políticos, de los empresarios, de los banqueros, de los sindicatos o del que me paga".

— Julia Navarro

Dentro del periodismo existe un rubro inviolable que debe respetarse a rajatabla y sin contemplación alguna: el secreto profesional. Para el periodista y los verdaderos profesionales de los medios de comunicación, dicho secreto equivale a la celosía con la que un sacerdote está obligado a guardar lo que le dicen los fieles durante el sacramento de la confesión.

Sin el secreto profesional, el ejercicio periodístico en su conjunto quedaría trunco y las grandes investigaciones que en tal sentido se realizan, sencillamente no hubiesen visto la luz. Salvo en casos excepcionales como lo es la comisión de un delito, los periodistas están obligados a proteger a sus fuentes a toda costa y bajo cualquier circunstancia.

¿Quién en su sano juicio se atrevería a ver su nombre publicado en un medio de comunicación cuando a menudo el Estado, especialmente en nuestro país, no ofrece garantías suficientes de protección a periodistas y a sus fuentes y con preocupante frecuencia se convierte en el principal agresor de las mismas?

De extinguirse la confianza entre el periodista y sus canales de información, miles de personas quedarían a merced y vulnerables ante los intereses que trastocan. ¿Alguien aquí querría develar aspectos del mundo del narcotráfico, por citar un ejemplo, a sabiendas de que su nombre o detalles de su vida privada podrían ver la luz?

Sí, el buen periodismo a menudo implica incomodar, pisar callos y llamar a cuentas a los poderes fácticos. Por ello, existe un marco legal que es muy claro y que garantiza el libre ejercicio de la profesión.

En tal sentido, el Presidente de la República ha dado visos de no comprender la independencia, indiscutible y necesaria, entre prensa y gobierno. Sobre todo, parece que no va de acuerdo con la Constitución que nos rige. En sus artículos sexto y séptimo, nuestra Carta Magna plasma los derechos de libertad e información.

Ayer, el analista José Pérez Espino recordó que el Pleno de la SCJN declaró la validez del secreto profesional de los periodistas, al resolver la acción de inconstitucionalidad 15/2017 y acumuladas, en septiembre de 2018. Además, en la Ley del Secreto Profesional del Periodista vigente desde 2006 en la Ciudad de México, su Artículo tercero, establece que:

"El periodista y el colaborador periodístico tiene el derecho de mantener el secreto de identidad de las fuentes que le hayan facilitado información bajo condición, expresa o tácita, de reserva. El deber del secreto afecta igualmente a cualquier otro periodista, responsable editorial o colaborador del periodista, que hubiera podido conocer indirectamente y como consecuencia de su trabajo profesional la identidad de la fuente reservada".

En el marco de su conferencia mañanera de este martes, Andrés Manuel López Obrador dijo que "sería interesante" que el periódico Reforma revelara quién fue el responsable de haber filtrado la hoy célebre carta donde a nombre del Gobierno de México, el titular del Ejecutivo le solicitó al Rey Felipe VI que España se disculpe por los agravios cometidos durante la Conquista.

En opinión del mandatario, la vida pública tiene que ser más pública. En lo alusivo a los medios, el presidente considera que al ser entes públicos -en esto también se equivoca, no lo son- las mismas normas en materia de transparencia y acceso a la información a las que está sujeto el Gobierno, también deberían de ser aplicables a la prensa.

Eso, Señor Presidente, se llama mezclar gimnasia con magnesia, desconocer el tema y además resulta inapropiado en momentos de crispación social como el que hoy vivimos. De toda suerte, preocupa que otra vez, desde el púlpito de la mañanera, el Gobierno pretenda normar la conducta de los medios de comunicación sometiendo a discusión dos preceptos inviolables: la libertad de información y secreto profesional.

Sin el secreto profesional, no habría sido posible el reportaje que descubrió que hacia 2006, funcionarios del extinto Gobierno del Distrito Federal eran obligados a destinar el 30 por ciento de su salario en la defensa legal de Andrés Manuel López Obrador. Sin el secreto profesional, es muy probable que no hubiese existido la investigación especial de Carmen Aristegui sobre la "Casa Blanca" de Peña Nieto y Angélica Rivera.

Sin el secreto profesional, Mark Felt, el segundo hombre más poderoso en el FBI después de Edgar J. Hoover, jamás se habría atrevido a contarles a dos incipientes reporteros del Washington Post, Bob Woodward y Carl Bernstein, que la sustracción de documentos de las oficinas del Partido Demócrata en el Watergate de Washington, era mucho más que un robo menor, y que implicaba al presidente Richard Nixon y sus colaboradores cercanos.

¿Se imaginan a Richard Nixon exigiéndole a Woodward o a Bernstein que revelaran sus fuentes?. Sin el secreto profesional, el Washington Post tampoco hubiese publicado los Papeles del Pentágono que daban cuenta de los excesos y atrocidades cometidas por el Gobierno de Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam.

Sin el secreto profesional, jamás sabremos lo que realmente ocurrió aquella noche en Ayotzinapa, algo por lo que distintas voces de la 4T han pugnado con tanto ahínco.

Zapatero a tus zapatos. Con todo respeto, por ahí no va. Que mejor nuestros políticos se avoquen al mandato que les confirieron los ciudadanos y hagan buenos gobiernos.

Con el secreto profesional y el libre ejercicio de la prensa, con eso no. Punto. Basta de ocurrencias.

Twitter @patoloquasto
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