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EDITORIAL

Suma de tragedias

DAVID PÉREZ
miércoles 10 de abril 2019, actualizada 7:55 am


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La expresión #MeToo se ha constituido en un movimiento que hace posible a una mujer decir públicamente que ha sido víctima de abuso o acoso sexual. Desde su aparición a nivel internacional en el contexto de la industria del cine, en México surgieron testimonios que se sumaron a través de expresiones similares: actrices reconocidas que toman el escenario público para denunciar lo que tuvieron que sufrir por el hecho de ser mujeres. Se conocen algunos casos, todos con la misma tragedia.

En las denuncias efectuadas el mes pasado a través de la plataforma Twitter aconteció una variante en el movimiento, las denuncias se hacían por segmentos de la sociedad: escritores, músicos, abogados, fotógrafos, académicos, empresarios, etc. Particularmente trágicas las denuncias en el ámbito de los centros de derechos humanos. Conforme aparecieron nuevos grupos que denunciaban ámbitos específicos se construía la percepción de que quizá no había un espacio libre de violencia de género. Una tragedia asomaba: el fracaso de todos como sociedad.

Esas denuncias utilizaron el mecanismo de la denuncia anónima, lo que posibilita que las denunciantes puedan evitar los procesos de re-victimización y estigma que recae muchas veces sobre las personas después, y de esa manera poder continuar con la recuperación de una vida "normal". Porque el clasismo juzga distinto a una mujer famosa que denuncia a cuando lo hace una desconocida; la primera es valiente, la segunda por "algo" le pasó.

El uso mediático de la denuncia, tanto la anónima como la que no, provoca "juicios" públicos que debilitan a las ya muy maltrechas instituciones de justicia del Estado mexicano. Ya que los señalados como victimarios deben asumir consecuencias inmediatas por actos que aún no les son comprobados. Tanto en los primeros testimonios en el contexto de Hollywood, como en algunos casos de las denuncias en México, las personas han tenido que asumir despidos o estigmatización sin que antes se les garantizaran los derechos a la presunción de inocencia, al debido proceso, a un juicio justo.

Sin embargo, algunas denunciantes optan por el juicio mediático y la presión social porque acudir a las instituciones del Estado sirve de poco y nada. A los problemas del sistema de justicia en México se le suma una visión patriarcal que perjudica de manera muy significativa las garantías de las mujeres que acuden a denunciar. Una visión e impartición de la justicia generalizada que perpetua los privilegios sociales del hombre sobre la mujer. En Argentina y España acontecieron casos recientes en los que quedó bastante claro lo problemático y desventajoso que es para ellas a la hora de solicitar justicia por abuso o acoso.

En el contexto de denuncias mediáticas en México, un señalado por acoso a una menor de edad se quitó la vida. Con la nueva tragedia emergió la barbarie y la inhumanidad preexistente. Se lanzaron irresponsables señalamientos de acusación para la denunciante y las personas que administran el espacio donde se denuncia; se festejó el acto suicida; se generaron burlas sobre la carta póstuma.

Una suma de tragedias: mujeres que sufren procesos de abuso como expresión del estado generalizado de subordinación, hombres que en sus actos expresan la violencia generalizada en la sociedad, instituciones de justicia desde la visión de privilegio para uno de los géneros, aumento de expresiones de intolerancia, revancha, venganza.

@davidsecular

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