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Internacional

Sobreviven entre la inflación y el hambre

AP
CARACAS, VENEZUELA, miércoles 20 de marzo 2019, actualizada 8:17 am


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Francibel Contreras lleva a sus tres hijos desnutridos a un comedor en el peligroso barrio de Petare, en las laderas de Caracas, para recibir lo que bien podría ser su único alimento del día: unas cucharadas de arroz y huevos revueltos.

Parte de las tragedias de la vida diaria de la Venezuela socialista se puede observar en este pequeño comedor comunitario ubicado en el corazón de una de las barriadas más grandes de América Latina, que ayuda a decenas de niños y madres desempleadas que no pueden alimentarlos.

Algunos venezolanos se las ingenian para resistir el colapso económico del país aferrándose a los cada vez menos empleos bien pagados, o recibiendo parte de los cientos de millones de dólares que les envían amigos y familiares desde el extranjero, una cifra que ha ido en aumento en los últimos años debido al éxodo de millones de venezolanos.

Pero un creciente porcentaje de personas de todo el país, particularmente en barrios pobres como Petare, pasan apuros para arreglárselas.

El esposo de Contreras, Jorge Flores, solía tener un pequeño puesto en un mercado local donde vendía productos como plátano y yuca, huevos y embutidos, intentando obtener ganancias en un país en donde la hiperinflación a menudo hace que los precios al por mayor se dupliquen de un día para otro. Un día, una pandilla local lo robó a punta de pistola. Y su hermano chocó la motocicleta que utilizaba para surtir su establecimiento.

Así que Flores abandonó el mercado y buscó otro empleo. Realiza labores de plomería y la familia convirtió la sala de su casa en una peluquería, protegida por un techo de lámina que se mantiene en su sitio con ladrillos y tablones. Está decorada con estrellas de papel hechas con los coloridos pero cada vez menos valiosos billetes de bolívares.

"Nuestro dinero no vale nada", dijo Contreras. "Ahora prefiero el trueque de un arroz o una harina por un corte de pelo o una manicura".

La escasez de leche, medicamentos y otros productos básicos - aunada a la violencia rutinaria - ha socavado el respaldo al presidente socialista Nicolás Maduro, incluso en los vecindarios pobres como Petare que alguna vez fueron bastiones del mandatario.

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