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EDITORIAL

Compartir es complicidad

NUESTRO CONCEPTO
lunes 18 de marzo 2019, actualizada 1:32 am


La violencia es un mal que sacude, también un fenómeno que se transforma y se reinventa. No terminamos de curar las heridas que dejó en el imaginario de nuestra sociedad la violencia del narcotráfico, cuando volvemos a aparecer en el mapa de ese absurdo con focos rojos y vergonzosos números que hablan de lo bajo que pueden llegar nuestros instintos.

La semana pasada, y luego de que en un periodo menor a un mes de registrará la noticia del suicidio en Monclova de una joven luego de que se filtraran en la red fotografías íntimas suyas, Coahuila ocupo el quinto lugar en delitos sexuales por internet; otro caso que involucraba a un funcionario de la Universidad Autónoma de Coahuila, dio cuenta de la vulnerabilidad de otra joven expuesta bajo una situación similar de violación a su intimidad.

Coahuila llegó al quinto lugar en casos de violencia digital, con 93 casos de violencia digital y 86 carpetas de Dropbox donde se publican más de 2 mil vídeos con contenido íntimo de mujeres y jóvenes, cómo dio a conocer Olimpia Coral Melo Cruz, fundadora de Frente Nacional para la Sororidad, asociación civil que lucha contra ese tipo de violencia.

Los esfuerzos institucionales van más allá de las campañas de prevención y concientización en las escuelas públicas y privadas de nuestra entidad. Se ha creado un marco jurídico especial para tipificar estás conductas en el código penal del Estado e incluso se cuenta con un departamento de policía cibernética coahuilense, formada y capacitada por especialistas de la Policía Federal. Pero la aparición de casos con consecuencias fatales, como el suicidó de la víctima de exhibición pública, nos indica que falta mucho más por hacer.

Y es que aveces pensamos más en las consecuencias, al menos en materia penal, que en las causas, porque muchas tienen que ver con las condiciones sociales que orilla a un sujeto a quebrar la ley, pero muchas otras tienen como origen la educación, esa que se da en el hogar, la qué forma individuos, prepara personas para convivir en sociedad, y cada vez que eso se nos recuerda preferimos girar la mirada en otra dirección.

La rapidez con la que circula la información, la facilidad con la que se adquiere un dispositivo, y la inconsciencia de quienes han pensado que compartir imágenes intimas, por ejemplo de sus exparejas, es una forma de venganza, han hecho de este comportamiento un delito a la alza. Sin embargo, es tan culpable quien sube a la red una fotografía de alguien sin su consentimiento, como quien la reenvía bajo la excusa de solamente estar mostrando insensibilidad de la humanidad, nadie se puede solidarizar con una víctima mientras vea o comparta imágenes que lastimen su integridad.

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