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EDITORIAL

La Granja

Diálogo

YAMIL DARWICH
jueves 14 de marzo 2019, actualizada 7:19 am


El Sr. Jones, propietario de la Granja Manor, alcohólico empedernido, se fue a la cantina del pueblo y luego de emborracharse se durmió; excelente oportunidad para el alboroto en su propiedad.

El mayor de los Verracos, altamente estimado por los animales de la granja, los llamó a reunión, dándoles un largo y emotivo discurso, aseverando que eran explotados por el abusivo granjero y luego, al envejecer, sacrificados; les decía: "la vida de un animal es solo miseria y esclavitud, ésta es la pura verdad".

Acusó al granjero Jones, de ser quien les arrebataba el producto de su trabajo: "el hombre es el único que consume sin producir" y los invitaba a "eliminar al hombre y el producto de nuestro trabajo nos pertenecerá". Así, finalmente logró que lo expulsarán.

En las reuniones siguientes aparecieron las ratas y el Verraco preguntó al resto de los animales: "¿son nuestros amigos o enemigos?" y por abrumadora votación ellas fueron declaradas camaradas.

Squeler, era un berrendo joven, capaz de "hacer ver lo negro blanco" y junto a otros, por indicaciones del viejo, creó un sistema llamado "Animalismo"; también contaban con Moses, un cuervo espía y chismoso.

Entre los discípulos más leales estaban los caballos de tiro Boxer y Clover, que "tenían grave dificultad para formar su propio juicio", pero todo lo aprendido lo transmitían a los otros animales de la granja promoviendo las ideas del viejo líder.

Recorriendo toda la granja, de pronto quedaron frente a la casa el granjero; inicialmente temían entrar en ella, aunque finalmente lo hicieron, quedando deslumbrados por las riquezas y lujo que contenía. Evidencia del abuso del que eran objeto todos los animales.

Pasado el tiempo, las vacas se quejaron de no ser ordeñadas - era un trabajo del granjero - y luego de hacerlo, misteriosamente desapareció la leche; tiempo después se supo que era consumida, junto a las manzanas del huerto, por los verracos, quienes para entonces ya habían ocupado la casa principal, disfrutando de sus comodidades.

Ese verano corría sobre ruedas, cada uno actuaba según su capacidad, todos comían y descansaban hasta tres días a la semana, incluido el domingo, cuando debían acudir a la reunión semanal encabezada por el viejo verraco que, encontrando una tela verde, la transformó en la bandera de la granja, declarándola "República de Animales", siempre terminando las reuniones entonando el himno compuesto "Bestias de Inglaterra".

La gata encabezó un comité de educación, aunque la mayoría de los animales no aprendieron más allá de la letra "a" y las ovejas siempre balaban la máxima aprendida: "¡Cuatro patas sí; dos patas no!".

Cuando los hombres trataron de recuperar la granja, fueron repelidos por todos los animales y un mozo de cuadra murió pateado por Boxer, el caballo. Pronto se instituyó la conmemoración de "la batalla del establo de las vacas", día heroico que merecía memoriales.

Empezaron a aparecer inconformes ante las diferencias de trato alimentario, quienes fueron expulsados, entre ellos el caballo Snowball o agredidos por los perros entrenados para atacar.

Para contrarrestarlos, decidieron dar más descanso al resto de los animales, hasta lograr la reelección.

Minimus, un cerdo, difundía que Snowball, espiaba para los hombres y era el causante de todos los males en la granja.

Algunos propusieron construir un molino que facilitara las tareas, pero los verracos en el poder se opusieron, por representar el recuerdo de los hombres expulsados.

Con el paso del tiempo murió el viejo líder, siendo declarado héroe y mártir, ocupando su lugar Napoleón, quien, a decir del resto de los verracos: "¡siempre tiene la razón!"

Luego, pasado el año, las cosechas disminuyeron y se ordenó, por el bien de todos, incrementar las horas de trabajo; luego hubieron de disminuir las raciones alimenticias, salvo las de la casa del granjero, donde además habían nacido nuevas camadas de lechoncitos que requerían comida para su subsistencia. También los perros estaban bien alimentados, incrementando su población, favoreciendo el control.

Napoleón prometía en las reuniones - que se transformaron en obligatorias - que las cosas mejorarían y declaraba que los males eran consecuencia de la traición de Snowball.

En tanto, Squeler, se dedicaba a recorrer la granja, tranquilizando a todos los animales y dado el caso actuaban los perros callando o expulsando a los inconformes.

Sin embargo, las cosas siguieron empeorando y como consecuencia debieron redoblarse las jornadas laborales y racionarse los alimentos, cada vez más escasos. "Había muchas penurias, pero debían soportarse por la dignidad".

La fábula tiene un desenlace inesperado, cosa de la imaginación de George Orwel, escritor inglés - 1903 - 1950 - quien la escribiera en 1945: "Rebelión en la Granja", texto que se aleja de la realidad y nada tiene que ver con la vida posmoderna del mundo actual. O… ¿será profética ficción?

Lo invito a leer el desenlace; seguramente le hará reflexionar.

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