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Cultura

Cascos y libertad en carretera

En La Laguna hombres y mujeres disfrutan recorrer la ciudad en moto

DANIELA RAMÍREZ/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, martes 12 de marzo 2019, actualizada 8:50 am

El olor de las mañanas de marzo es peculiar, el cielo también se observa con singulares tonos naranjas. Es domingo, el día para algunos es perfecto para salir a desayunar en familia, para ir a caminar, o simplemente para quedarse en casa y disfrutar de una película. Para ellos, los de casco, es el momento de rodar.

Son casi las 10 de la mañana, hombres y mujeres con paliacates, chamarras de cuero y lentes oscuros arriban al punto de reunión, enfilan sus poderosas máquinas y charlan entre ellos, algunos saludos son efusivos, sonríen.

Sacan celulares y disparan una fotografía. Es hora de encender los motores, hacen un círculo para dar algunas indicaciones, nombran al capitán de ruta, a un resorte y se enumeran.

Cada papel queda claro durante el recorrido. Todos se colocan los cascos y comienzan a avanzar, algunos van acompañados.

El capitán lidera y una camioneta de caja escolta a las cerca de 30 motocicletas que van dejando su trazo sobre la carretera. Las máquinas y quienes las dirigen llaman la atención a su paso, van reteniendo las miradas y cortando el aire con su velocidad.

Durante el trayecto tienen su lenguaje para avisar que hay un bordo, que bajen la velocidad o que se avance. Por ejemplo se despegan los pies y se agitan para comunicar a los de atrás que un reductor de velocidad está cerca.

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Algunos motocliclistas disfrutan la rodada mientras van escuchando melodías que se desprenden de las bocinas de sus impontes caballos de acero. Muchos durante la semana cumplen con obligaciones en el trabajo, en la casa, con su familia, son profesionistas. Pero por ahora son libres. Se les nota.

Al principio, el camino fue una línea recta, el destino era el Nazareno, localidad situada en el muncipio de Lerdo. Después la panorámica se abrió y era posible ver a todos y cada uno de los conductores que parecían dibujar curvas sobre el asfalto. En su cascos se rebotaba el sol, acción que invitaba a observar un juego de destellos en movimiento.

CONVIVENCIA

La rodada transcurre en un ambiente de camaradería, las fotografías no pueden faltar durante el trayecto. Al pasar por algunos poblados, los hombres rudos saludan a niños con cara de asombro y les arrebatan una sonrisa. El rugido de los motores también llama a algunos a salir de casa y descubrir a la caravana.

Las motocicletas comienzan a tomar su lugar en una esquina de Nazareno; han llegado. El olor a comida se cuela en el olfato de los hombres y mujeres que lucen contentos por el momento que están viviendo. Devoran pollos asados, conviven. Pareciera que se trata de la primera vez que realizan la travesía, pero no, al menos cada 15 días se someten al ejercicio de navegar en carretera.

Uno de los integrantes del grupo confiesa que rodar en moto no se compara con nada. Para él es uno de los momentos que más disfruta de su vida. Se le pinta una sonrisa de oreja a oreja y camina para ser parte de los retratos.

Transcurre cerca de media hora comiendo, hidratándose, interactuando. El plan es regresar a Torreón al encuentro de más motociclistas que aguardan sobre el bulevar Independencia. Arrancan.

EL REGRESO

Se mantiene un ritmo, todos siguen sonriendo a pesar de que el calor comienza a sentirse más crudo. Es claro, nadie abandonará la aventura.

Salen de Nazareno y entran primero a Lerdo, luego a Gómez Palacio, el punto de encuentro queda cada vez más cerca. Y sí, de pronto los 26 motociclistas que eran al principio, se multiplican por decenas, aquello se vuelve una sonoridad de poderosos motores que avanzan para llegar a la puerta amarilla de Torreón, donde tienen programada una foto.

Aunque todos los cascos que avanzan no pertenecen a un solo motoclub, se vive un escenario de empatía y los protocolos de seguridad se siguen llevando a cabo para cuidar la integridad de todos. Llama la atención que para cruzar una avenida donde se conectan varias validades, entre tres o cuatro moticiclistas cierran el paso a los automovilistas, esto con la única intención de que sus compañeros avancen de forma fluida y se eviten accidentes.

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Fue precisamente en un momento como el antes descrito que a un hombre se le abrió una tapa de una de las cajas que se encuentran al lado de la llanta trasera, voló la tapa y algunas pertenencias que guardaba en el espacio, varios se detuvieron para avisarle y luego auxiliarlo, para no crear caos vial.

Es claro que nadie compite, todos se unen en una pasión: rodar en moto. La puerta amarilla de Torreón ya está visible, y sin temor a la equivocación la reunión alcanzó a más de 500 apasionados por rodar.

Hay máquinas de todos los tipos y una sonoridad de motores ruge al centro de ese símbolo de la región lagunera.

La foto se realiza sin contratiempos y algunos comienzan a despedirse, ha sido un día largo y saben que necesitan descansar para comenzar la semana.

Poco a poco el espacio comienza a vaciarse, y todos se van perdiendo a lo largo del periférico; algunos van a casa, otros parten hacia una reunión para celebrar el aniversario de uno de los motoclubs de La Laguna.

Andar en moto para muchos es un estilo de vida, es una filosofía y hasta una necesidad, por ello cada que pueden toman su casco y se enfilan en el camino, ese que les regala libertad.

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