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EDITORIAL

Narrativa y programa

EDGAR SALINAS
martes 12 de marzo 2019, actualizada 7:40 am


La discusión pública en México ha estado orientada los últimos tres meses por la narrativa oficial. Sí, sobre todo al final del sexenio pasado, los temas predominantes en la opinión pública en buena medida eran los establecidos por la sociedad civil organizada y por la oposición política, hoy se ha dado un vuelco de ciento ochenta grados.

La expectativa generada por el nuevo gobierno no tiene comparación reciente, aunque en el 2000 hubiera una sensación semejante, esta se debió más a la caída histórica del partido hegemónico durante setenta años y menos al nuevo régimen.

Luego de tres meses de gobierno tengo para mí que ha sido más rápida la instalación pública de la narrativa asociada a la denominada Cuarta Transformación, que propiamente el programa de gobierno que le otorgue constancia de realización. De modo que hay una sensación de ausencia de orden e intencionalidad de las políticas públicas y sí, en cambio, una presencia constante del discurso y narrativa del proyecto.

Pudiera tener cabida la explicación de que el régimen haya optado por arrancar su gestión con eso que la crítica denomina "evangelización mañanera" de un modo más estratégico del que se le concede. En efecto, la retomada difusión de una Cartilla Moral originalmente escrita y publicada en un contexto distinto encierra un mensaje que a mi parecer es más profundo que anecdótico pese a no haberse visto así.

La narrativa, decía líneas arriba, ha sido más difundida que el programa y sus políticas. Más aún, en varias ocasiones se ha dado marcha atrás a decisiones y se ha reconocido que aún se evalúan la permanencia de tal o cual programa no obstante de inicio haberse anunciado su cancelación. Pero no ha ocurrido así con la narrativa, pues esta tiene un resorte que no ha cambiado desde que inició la campaña y que obedece a una lógica de criterios morales para ver la realidad más que a razones técnicas para explicarla y conducirla.

Lo anterior no significa que todo lo enunciado en esta nueva propuesta narrativa esté libre de polémica moral (filosófica si se prefiere, por ejemplo en temas de género y derechos de la infancia), pero sí que prioriza el enfoque de los debates desde ese ángulo. Denominar a una secretaría como la de Bienestar fue mucho más rápido que crearle el andamiaje institucional, programático y presupuestal para la misma, dado que la opción de filosofía política que la sustenta se ha tenido nítida desde hace meses; no así su programática. Esto es lo que a mi parecer ha propiciado errores tanto del régimen como de sus críticos. Unos defienden las acciones desde la opción de moral política que le da forma en tanto otros critican lo inacabado de los programas o su carencia de brújula técnica soslayando el peso de lo primero para el nuevo régimen.

Podría decirse que en cada parte de la ecuación hay puntos razonables y también ausencias en sus planteamientos. Dialogar en las nuevas circunstancias es hacerlo desde el terreno de la filosofía política si se pretende avanzar en conjunto hacia la discusión técnica de las soluciones de política pública que le son inherentes a toda propuesta de transformación.

En diversos foros se ha vuelto común señalar las iniciales semejanzas de lo que ocurre en el país con aquello que está sucediendo críticamente en Venezuela. Otros consideran que eso no va a ocurrir nunca pero sí podría acontecer lo que ha pasado en años recientes en la economía de Argentina. Llama la atención que poco se diga, desde la crítica opositora, de los parecidos que la narrativa, no el programa, tiene con los relatos esgrimidos por Sanders y Ocasio en Estados Unidos; o el de los laboristas a quienes los más jóvenes en Inglaterra ven con mayor preferencia; o con los diversos movimientos sociales y políticos de relatos semejantes en España y Francia.

Avanzar hacia diálogos constructivos implica clarificar las escalas de las perspectivas en juego. Pretender avanzar en discusiones de filosofía política desde posiciones de técnicas no será posible en las actuales circunstancias. En México ganó un proyecto que tenía un planteamiento de moral política distinta pero clara y que se posicionó de tal manera que ganó no solo el apoyo electoral sino la buena percepción hasta la fecha. No es un dato que deba seguir soslayando la crítica, pese a también es cierto que todo relato y narrativa política requiere de técnica e instituciones para su ejecución, antes que la roedora crítica del tiempo desgaste al relato.

Twitter: @letrasalaire

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