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Gómez Palacio y Lerdo

CRÓNICA GOMEZPALATINA

Un gran gobernante duranguense, el Lic. Francisco González de la Vega (1956-1962)

MANUEL RAMÍREZ LÓPEZ
CRONISTA OFICIAL DE GÓMEZ PALACIO, domingo 17 de febrero 2019, actualizada 9:10 am


Nuevamente la narrativa de este cronista se ocupa de otro de los mandatarios de nuestra entidad, precisamente del ilustre Licenciado Francisco González de la Vega, quien dejara gratos recuerdos durante su mandato al frente de los destinos de Durango en los años del 1956 al 1962, por los excelentes beneficios obtenidos durante su gestión administrativa en una relevante, honesta y eficiente trayectoria política que favoreció enormemente al estado y a la Comarca Lagunera en general, con acciones positivas y de largo alcance, cuyos resultados están a la vista y que más adelante señalaremos para conocimiento de los habitantes de esta región. Con una excelsa trayectoria profesional en los campos de la educación, académica y jurídica, como un relevante estudioso del derecho y político de gran relieve, que ponía siempre de manifiesto su inmenso orgullo universitario en oposición de lo transitorio de los puestos públicos, impulsor a ultranza del desarrollo industrial y de la comunicación carretera como eje de progreso y sustento económico de los pueblos.

Nacido en la capital de nuestro estado el 3 de diciembre de 1901, hijo del abogado Ángel de la Vega Agente del Ministerio Público Federal en Durango, quien fuera relevado en su cargo por el célebre maestro, filósofo y educador José Vasconcelos, personaje de gran relevancia nacional, fueron sus hermanos: Ángel, también abogado, quien se jubiló como Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; Manuel, químico y primer egresado de la Facultad de Ciencias Químicas de la UNAM; Salvador, médico gastroenterólogo de eminencia y Josefina su única hermana, que junto con su madre la señora Rebeca Iriarte, formaban un entrañable núcleo familiar. Por obligaciones laborales tuvieron que trasladarse a la ciudad de México, el joven Francisco se inscribió en la carrera de Derecho en la Escuela Nacional de Jurisprudencia, luego Facultad de Derecho, donde fue alumno de los más distinguidos maestros de la época y compañero de aquellos que más adelante serían también destacados profesionales de la abogacía. Su paso por las aulas fue descrito por el destacado penalista Juan González Bustamante diciendo: González de la Vega tenía claro talento, vigorosa erudición, era profundo conocedor de los problemas del país, probo y talentoso, firme en sus principios y uno de nuestros más destacados juristas, cuyo prestigio ha salvado las fronteras de la patria.

La vertiente jurídica de su vida se inició el año de 1929 al desempeñarse como Juez Correccional y Juez del Ramo Penal en el Distrito Federal; luego al fungir como asistente del Procurador General de la República y como Sub Procurador de Justicia del Distrito Federal, en 1942 al ser elegido Presidente de la Comisión Legislativa que redactó la Ley General de Educación Pública reglamentaria del artículo 3 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en 1946 al ser designado Procurador General de la República, en 1955 al asistir como Jefe de la Delegación de México a la Conferencia Jurídica convocada por la ONU en Ginebra; en la Quinta Reunión Interamericana de Jurisconsultos en San Salvador fue designado representante de México ante la OEA y en 1971 nombrado Asesor de la Presidencia de la República. De su etapa de Juez Penal mencionaba que fue un momento muy feliz de su vida, y reafirmaba que el juez penal requiere de una vasta cultura no sólo jurídica, sino además filosófica, literaria, histórica y algo más, dado que es él quien maneja los bienes más caros al ser humano como son el honor, la libertad, el patriotismo y la vida misma. No se puede dejar de reconocer y admirar, el inmenso amor que profesa el jurista por su especialidad y desde luego por el honor de ser juez, pues cuando se es juez con honor, es el derecho, hecho persona humana, que sabe pronunciar la palabra justicia.

En forma por demás meritoria perteneció al Claustro de Doctores de la UNAM. Y en los elevados puestos jurídicos y políticos que desempeñó, supo llegar en medio de aplausos y salir entre aplausos, ya sea como Procurador General de la República o como Gobernador Constitucional de Durango, que fue recibido con gran entusiasmo y despedido en su partida con apoteósicas muestras de cariño, al dejar el cargo en aras de nuevas responsabilidades, caravanas de cientos de duranguenses lo escoltaron hasta los límites de la vecina entidad de Zacatecas, en jubilosa romería.

Aquí en nuestros terruños laguneros se le recuerda con gratitud por su decidido impulso a la creación de la zona industrial, ratificando la vocación industriosa de Gómez Palacio y reforzándola al gestionar con el gobierno federal la instalación de empresas públicas de primer orden como la Planta Pemex con su importante gasoducto y la Comisión Federal de Electricidad, que dieron vida y sustento a múltiples actividades de transformación, colaborando en forma definitiva al desarrollo y crecimiento de nuestro municipio y de la región en general, fomentando un cambio dinámico en la economía lagunera, que anteriormente se sustentaba en las actividades agrícolas y agropecuarias, abriendo el camino a grandes horizontes de grandeza y dando posibilidades de crecimiento y superación a miles de habitantes, con sus fuentes de empleo permanente y bien remunerado, abriendo campo a la gente especializada por la capacitación impartida en las instituciones educativas de nivel superior, igualmente se le guarda especial agradecimiento por su respaldo a la obra carretera, ya que se terminó de pavimentar el camino Lerdo- Durango y el Durango- Mazatlán, inaugurado por el Presidente Adolfo López Mateos el 30 de noviembre de 1960, que era un viejo anhelo desde tiempos del dictador Antonio López de Santa Ana, que el 17 de mayo de 1843, expidió un decreto que terminantemente decía: "Hágase el camino de Mazatlán a Durango". Abriendo las puertas hacia el Pacífico y apoyando otras obras en nuestro entorno, como los tramos Bermejillo-La Zarca, Pedriceña-Nazas, Gregorio García-Tlahualilo, Gómez Palacio-Nazareno-Picardías, financiadas exclusivamente por el Gobierno del Estado.

Su interés cultural no era menor por lo que respaldaba la realización de ceremonias de alto rango como el VIII Congreso Nacional de Sociología, al que concurrieron destacados juristas y sociólogos nacionales y extranjeros, celebrado en ocasión de conmemorar el centenario de la constitución de 1857 para rendir pleitesía a nuestra Carta Magna, producto de los afanes de la mejor generación que ha tenido México, que es la generación de la Reforma. Entre los congresistas estuvieron: Emilio Portes Gil, ex Presidente de la República, el doctor Miguel León Portillo investigador indigenista y futuro cronista de la Ciudad de México, doctor Mario de la Cueva jurista y ex rector de la UNAM y una pléyade de personajes de varios países y del nuestro. En el marco del mismo Congreso se registró un valioso antecedente de igualdad y liberación femenina, al referirse al problema de las madres solteras cuya protección por la legislación civil vigente no era eficaz y además condenaron los efectos negativos del abandono criminal de la niñez desvalida, lo que les valió la admiración y el reconocimiento del selecto auditorio.

Otro de sus grandes aciertos fue impulsar la educación popular y cuando asumió con firmeza y visión el proyecto de fundar la Universidad Juárez del Estado de Durango contando con el respaldo de don Ángel Rodríguez Solórzano, Rector del Instituto Juárez y la comunidad de maestros y alumnos que veían confirmados sus sueños de varias generaciones, anhelo que se cristalizó con su vehemencia de universitario y su firme voluntad de crear la benemérita institución que posteriormente ha sido templo del saber y granero generoso aportador de hombres y mujeres de bien y conocimientos.

Fue un funcionario enérgico cuando las circunstancias lo requerían, así como humano y comprensivo en todos los momentos en que hacía falta serlo, sus horizontes fueron de verdadera valía, sin estridencias ni vanidades, con hombría de bien, resaltaba por su inteligencia, serenidad y elegancia fruto de su educación, que se manifestaba en un rostro sereno y reflexivo, de hablar pausado y caminar tranquilo y siempre fue un ciudadano ejemplar y excepcional cabeza de una familia muy respetable y apegada a su lugar natal, es un ejemplo a seguir en la futura elección de las personas que aspiren a representarnos al mando de una entidad tan llena de historia como la nuestra.

Confiamos que esta modesta reseña podrá aspirar a mostrar con claridad la estatura colosal y los excelsos valores que aportó el Lic. Francisco González de la Vega a la sociedad de Durango, para tratar de que sean conocidos por las actuales generaciones y que en una sincera reflexión compartan nuestra admiración por su excelente labor profesional y política, conociendo más de cerca los senderos en que se desarrolló en los terrenos de la educación, la cultura, el estudio del derecho y en el ejercicio de la carrera jurídica, Fuente: Libro Francisco González de la Vega, la pasión por el derecho de Enrique Arrieta Silva.

ramlom [email protected]
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