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Cultura

Creatividad de acero

José Luis Ponce lleva un lustro entregado a la creación artística

DANIELA RAMÍREZ/ EL SIGLO DE TORREÓN
TORREÓN, COAH, jueves 14 de febrero 2019, actualizada 6:50 pm

Flores de fierro, una máquina de tejer antigua con rastros de intervención, maquinaria pesada, retazos de metales encaminados a ser obras únicas, son elementos que se perciben al entrar al taller de creación del escultor lagunero José Luis Ponce, que vestido en tonos grisáceos se sienta sobre el filo de una mesa, dejando un pie enraizado en el piso y el otro con un ligero vuelo en el aire.

Su genio artístico se le activó desde pequeño, pues se recuerda como un niño inquieto que siempre quería hacer figuras, esto, dentro del ambiente de un taller de herrería.

"Me la viví en el taller de herrería de mi papá, [...]yo creo que desde los tres años yo andaba entre fierros y pues de ahí nació la creatividad, que al paso de los años comenzó a desarrollarse", recuerda.

Dice que tal vez otra cosa que abonó a que ahora se dedique al arte, fue que de pequeño no asistió al kínder, y pasó ese tiempo imaginando y creando su propio mundo. "Me la pasé metido en el taller y lo único que le pedía mucho a mi padre era plastilina, me compraban mis barrotas y ya de ahí hacía figuritas. Hice zoológicos, equipos de futbol. Una infinidad de cosas".

Frente al lugar de trabajo de su padre, que se encuentra justo al lado del espacio donde el artista lagunero produce, se encontraba (en aquellos años) una mueblería a la pequeño José Luis acudía a solicitar pedacería, material al que también se introdujo para solidificar sus ideas.

A los ocho años ya manejaba el acero y comenzaba a realizar esbozos de lo que su imaginación le dictaba, formaba piezas y después acudía a su padre para que le ayudara a soldarlas para unificarlas.

"En mis primeros modelados, mi padre me comentaba que quedaba un poco impresionado porque yo no veía imágenes, yo sólo los hacía. Creo que tengo memoria fotográfica".

"Me divertía mucho creando, haciendo aviones, hice un chorro de cosas. Así fue como transcurre mi infancia, llena de materiales con que trabajar".

Al compartir cuál de sus primeras obras trasciende por su importancia, menciona sin titubeos y apuntándola con el dedo, que es una águila dorada hecha de acero, con la cual pretendía registrarse a un concurso cuando tenía apenas 17 años, dice no llegó a tiempo a la inscripción de participantes, pero está seguro que esa pieza selló con fuerza su futuro como artista.

Un proceso creativo

El artista lagunero sonríe al relatar que lo que más disfruta de su trabajo es el momento en que sus ojos observan de forma real el objeto o figura que de forma previa se tejió en su mente. Es decir, su deleite es la conclusión del proceso creativo.

Por último, asegura que se trata de toda una aventura a la que el creador debe entregarse, pues expresa pocas veces lo que se imagina en primer momento se acaba logrando de manera íntegra. Más bien la idea se va entregando a una metamorfosis inevitable, que es parte de los destellos improvisados a los que el artista está expuesto mientras interviene su obra.

José Luis es determinate al expresar que para él la escultura representa: amor, vida y pasión. Y si la puediera vincular con una sola palabra, comparte, sería eternidad.

"Me voy mucho con ese concepto porque todo lo que tú creas como escultura como objeto, depende mucho del material, se va a quedar para la eternidad. El material que más me gusta es el acero, y ese se queda para la posteridad.

Pueden pasar años y el metarial igual se va a gastar un poco, pero va estar ahí, y eso es lo que más me gusta poder decir, que mis hijos o las personas que he conocido puedan ver algo que tu servidor creó".

Asegura que todos los días se somete a lo que su profesión le dicta y constantemente se encuentra tocando puertas y espacios para mostrar sus piezas. Actualmente tiene contabilizadas seis colecciones, entre las que se encuentran: El Árbol, Esterea, Conexiones, Mientras siga latiendo, entre otras.

Dice actualmente se encuentra trabajando en una que lleva por nombre Los olvidados, y también "por ahí tenemos una propuesta de mandar unas piezas a la Feria de Arte Contemporáneo de París, andamos ajustando detalles", menciona.

Ponce aparte de disfrutar cada arista de ser escultor también encuentra la inspiración como padre de familia, y la convivencia con el núcleo es lo que más disfruta hacer cuando está afuera del taller.

Por último refiere que la escultura siempre será su bandera para definirse a sí mismo.

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