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Nacional

Y la radio no deja de sonar

En el país hay varias propuestas radiofónicas que se sostienen gracias al tesón de cientos

AGENCIAS
miércoles 13 de febrero 2019, actualizada 7:50 am

La Voz de la Sierra Tarahumara nació un 11 de noviembre de 1982 en el corazón de la sierra de Guachochi, Chihuahua, para recoger expresiones culturales, musicales y artísticas de los pueblos indígenas; 36 años después, la XETAR es el medio de comunicación por excelencia de los pueblos indígenas en el norte del país.

Ante la complejidad geográfica del estado, es el único medio que permite llevar hasta los más lejanos rincones un aviso o una melodía para alegrar los quehaceres del campo.

La XETAR es la segunda estación más antigua, después de la de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, y es una de las 21 emisoras que integran el Sistema de Radiodifusoras Culturales Indigenistas que operan en las principales regiones indígenas de México, transmitiendo en las lenguas mayoritarias de su área de cobertura.

A través del 870 de amplitud modulada, atiende las necesidades de educación, información y difusión cultural de los pueblos rarámuri, ódami, guarijío, pima y mestizo. Se escucha en siete municipios de la Sierra Tarahumara, en 3 mil 778 localidades, con una audiencia mayor a los 110 mil radioescuchas, de los cuales 59 mil 770 son de origen indígena.

También es un canal de comunicación entre quienes permanecen en las comunidades y quienes han salido de ellas. Mediante un saludo en su lengua originaria, los hijos que partieron en busca de otras oportunidades pueden reencontrarse con sus padres, sin importar si están en Guachochi, Guadalupe y Calvo, Balleza, Morelos, Batopilas, Bocoyna, Urique, Guazapares, Nonoava, Carichí, Guerrero o incluso Durango, Sonora o Sinaloa.

Luis Padilla Chavira, con cuatro años al frente de la estación, afirma que está consciente de la importancia que tiene la XETAR para los pueblos indígenas: "Somos el único puente de comunicación de la Tarahumara".

En el marco del Día Mundial de la Radio, Padilla Chavira reconoce en Guachochi el lugar que congrega a los cuatro pueblos indígenas de Chihuahua, lugares en los que de manera religiosa se escucha la XETAR. "No sólo la ven como un servicio de comunicación, sino como un centro ceremonial por excelencia", señala.

La estación forma parte de la cotidianidad. "Sabes que ya estás internado en un lugar profundo de la sierra cuando no se escucha ninguna estación de radio, sólo la XETAR", asegura Rafael, un habitante de Urique.

LOS PROYECTOS

Además de contribuir a la conservación de las lenguas indígenas, promueven procesos de comunicación radiofónica que propician el desarrollo integral y sustentable de los pueblos y comunidades, a través de su participación.

Entre el personal que se involucra en la producción de noticieros y otros programas, se incluye a parlantes de rarámuri, de la alta y la baja Tarahumara, así como ódami y español, quienes llevan más de 14 años colaborando en diferentes áreas.

Para este año, la XETAR tiene el objetivo de que 60% de sus horas de transmisión se haga en rarámuri, 10% en ódami y 30% en español. Asimismo, conformó un Consejo Ciudadano, con 10 representantes de las cuatro microrregiones con diversidad léxica, quienes tienen facultades de opinión en relación a la programación y otras actividades del medio.

En noviembre pasado, más de 3 mil indígenas celebraron el 36 aniversario de la XETAR. La alegría reunió a rarámuris, tepehuanos, guarojíos en el Centro Coordinador de Desarrollo Indígena, donde se encuentran las instalaciones de la estación.

Una estación con espíritu universitario e independiente

En el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), cuatro micrófonos y una sala de control hacen Bulbo Radio Experimental, un concepto hecho por y para jóvenes.

La estación, explican, nació como parte de una asignatura y se ha convertido en un semillero de talentos, pues de estos micrófonos hay jóvenes que ahora son profesionales y hasta directivos. El proyecto es comandado por Brayan Melo Martínez y Santiago Jesús Castillo.

Lo que hace diferente a Bulbo Radio de otras estaciones universitarias, dicen, es que todo lo realizan los estudiantes, ya que en otras facultades siempre hay un profesor al frente. Ellos están a cargo de la cabina de control y de audio, guiones, producciones, redes sociales.

Aquí no se juega a hacer radio, se hace radio de manera profesional, y convencidos de que esta forma de comunicar está más viva que nunca, se realizan 38 producciones con diversas temáticas, como música, ciencia, cartelera cultural, noticias, luchas, cine, deportes, turismos, cultura geek, las cuales tienen lugar de lunes a viernes en un horario de 9:00 a 18:00 horas.

Las transmisiones, vía internet, son escuchadas en varias partes del mundo, desde donde les mandan mensajes de apoyo: “El público que imaginamos es gente como nosotros, lo que nosotros y nuestros amigos escucharíamos, y eso es lo que hacemos”, afirman.

Israel González, coordinador de Imagen y Redes Sociales, comenta que son la redes sociales las que abren las puertas a los programas, y las retransmisiones tienen audiencia de hasta 600 jóvenes, que no sólo escuchan, sino que también interactúan.

Brayan y Santiago refieren que de estas cabinas han salido cinco programas que se transmiten en la frecuencia de Radio Universidad. También por esta radio experimental pasó el ahora subdirector de esa estación, Daniel García.

Los programas que han migrado a esa frecuencia son México en los Ojos del Mundo, SustanciaX, Ruta 90, En tu Órbita e Instinto Social. Además colaboran con el banco de voces, que cuenta con los locutores que se requieren para cualquier programa del Sistema de Radio y Televisión de la Universidad.

Bulbo Radio vive a través de más de un centenar de personas que realizan las distintas producciones. Ellos están convencidos de que si la radio ofrece los contenidos que los jóvenes quieren escuchar, esta nunca va a desaparecer. “Los que hacemos radio somos portadores de la voz, y la voz es lo más poderoso que existe”, enfatizan.

Revivir la época de oro

“Hay una crisis de la radio en Zacatecas y en todo el país. Ha tocado fondo por la pérdida de creatividad y credibilidad. Se acabó esa magia, el romanticismo que la envolvía y eso nos pone en el verdadero peligro para que la gente nos apague: si los radioescuchas nos apagan, entonces la radio va a terminar por desaparecer”, sentencia Francisco Esparza Acevedo, director y cofundador de la radiodifusora Grupo Plata y creador del Museo de la Radio.

Asegura que la radio es el medio más importante y penetrante que existe en México, porque llega a todos los rincones, a donde no llega la televisión, ni internet: “La radio no está compitiendo con las redes sociales, ni con la web, simplemente obliga a sumarse y reinventarse en la era de la tecnología”.

Considera que es el momento de rescatar “la esencia de la radio antigua” y ese fue uno de los objetivos que hace casi tres décadas se impusieron él y su amigo Juan Enríquez, concesionario de las estaciones Estéreo Plata y Súper G.

Decidieron renovarse y cambiar la sede de la radiodifusora al municipio de Guadalupe, donde finalmente instalaron el museo, tras recolectar más de 50 radios, diversos acetatos, consolas, y ahora trabajan en reunir micrófonos, ya que su objetivo es montar una cabina de la época de oro para atraer y conectarse nuevamente con la gente.

Además, le han apostado a retransmitir las radionovelas Tres patines, El ojo de vidrio, Chucho El Roto, Kalimán, La verdadera conquista de la Nueva España y La hora azul, con buena aceptación, situación que les ha permitido ver que en todo este tiempo y ni con toda la tecnología se ha logrado crear nuevas obras que trasciendan.

Esparza considera que la decadencia de este medio se centró al entrar el siglo 21. Se dio pauta a “los contenidos basura” y se dilapidó la calidad en los locutores por la falta de compromiso, responsabilidad y respeto, la cual atribuye a que desde las décadas de los 80-90 se dejó de exigir la licencia certificada que expedía la Secretaría de Gobernación y la SEP, que permitía salir al aire, cuyos exámenes no sólo obligaban a tener buena voz, sino agilidad mental y cultura general. Fue en 1978 cuando Francisco obtuvo su licencia de locutor: “Era como obtener un título y así poder salir al aire, de lo contrario el locutor y la estación podían ser sancionados”.

Estima que actualmente 80% de los locutores carecen de esa certificación; ahora el reto es contratar a personas más preparadas y rescatar los orígenes de brindar un servicio con calidad en lo musical,en contenidos y en lo informativo.

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