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EDITORIAL

Venezuela: la lección que no aprenderemos

Con/sinsentido

MIGUEL FRANCISCO CRESPO ALVARADO
sábado 09 de febrero 2019, actualizada 8:22 am


Cometemos un error cuando atribuimos un resultado a un modelo y no al intento de aplicación de éste. Los modelos son meras abstracciones que inspiran y encauzan algunas acciones concretas, pero, difícilmente la encarnación de los modelos ocurre con los niveles de pureza suficientes como para poder establecer una correlación directa entre el modelo aplicado y lo que se interpreta son sus resultados, para bien o para mal.

Es verdad que se pueden determinar probabilidades de éxito o fracaso para la decisión de implementar tal o cual modelo en casos concretos de acuerdo con ciertas circunstancias específicas. Pero, lo que se valora para realizar tal predicción son los factores situacionales y no el modelo en sí. En otras palabras, la aplicación de todo modelo, si se realiza de manera adecuada bajo las condiciones idóneas, tiene una buena posibilidad de ser exitosa; y lo contrario, lo más probable es que el mejor de los modelos fracase si su aplicación se intenta bajo las circunstancias equivocadas.

Así sucede también, de manera inevitable, con los modelos económicos y políticos. Por eso, para quienes defienden uno en particular, resulta más o menos fácil encontrar casos concretos de relativo éxito atribuible a ese modelo y casos de fracaso que demuestren que los otros posibles modelos son un desastre. Desde esa perspectiva ni las circunstancias ni la acción humana concreta son consideradas como factores clave para la determinación del resultado, siempre se habla, solamente, del modelo per se.

Hoy algunos culpan al "socialismo" de la crisis humanitaria que vive Venezuela, mientras otros achacan ese fracaso concreto a la "derecha reaccionaria" y al "imperialismo yanqui" representantes supremos del modelo neoliberal. Pero son contados los que observan responsabilidades compartidas, no de esos modelos, sino de los actores que los encarnan. Por ese motivo, no habrá lecciones aprendidas una vez que termine por colapsar el régimen vigente en aquella nación entrañable.

Los unos se sentirán aliviados y libres de la "dictadura comunista", olvidando casi por completo que las circunstancias que llevaron al chavismo al poder no eran demasiado distantes -aunque ciertamente menos graves- que las actuales, así como todo lo que hicieron para hundir su propia nave con tal de demostrar que los chavistas estaban equivocados. Éstos a su vez se sentirán amargados e injustamente despojados del poder, sin la capacidad para reconocer todo lo que hicieron para desvirtuar la intención originaria de su lucha y lo parecidos que llegaron a ser sus actos a los de aquellos a los que antes criticaban. Ninguno habrá aprendido nada.

Tal vez nuestra condición humana sea la de corromper toda buena intención. Quizás nos resulte imposible velar porque no se pierda el sentido inicial de nuestros proyectos de largo plazo y porque nuestros actos no terminen traicionando lo que al principio del camino defendíamos. Pero, lo más triste debe ser nuestra falta de conciencia sobre nosotros mismos y sobre nuestras capacidades siempre limitadas. Suponer que somos dioses cuando todo lo que nos define es nuestra propia finitud. Tal vez, si fuéramos más conscientes de nuestra vulnerabilidad, pondríamos mayor cuidado a nuestros proyectos y éstos, posiblemente, podrían dar buenos resultados. Al menos, creo que así, aprenderíamos algo.

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