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EDITORIAL

Hidroarsenicismo: cómo nació en La Laguna

Yo río libre

JULIO CÉSAR RAMÍREZ
sábado 09 de febrero 2019, actualizada 8:22 am


Encontré en mi archivo el "Reporte preliminar de casos de cáncer en la piel, en La Laguna. 1953-1955. Torreón, Coahuila", del oncocirujano y ambientalista doctor Luis Maeda Villalobos, en el que precisa cómo se descubrió y empezó a ser lo que es el Hidroarsenicismo Crónico Regional Endémico, HACRE.

El fenómeno data de por lo menos el año 1953 -narra-, "cuando se perdió el equilibrio de los mantos acuíferos a consecuencia de una grave sequía que azotó la Región Lagunera entre los años de 1952 y 1958. No escurrió agua por el río, la presa Lázaro Cárdenas estuvo casi vacía y los acuíferos tuvieron que sostenerse como fuente única de abastecimiento para cubrir las necesidades de la comunidad regional."

Por su trascendencia, transcribo aquí la primera parte del reporte de aquélla época.

"La apertura de consulta en la detección o pesquisa oportuna del cáncer en la Región Lagunera, permitió descubrir la existencia de una alta incidencia de cáncer epidermoide o basocelular cuya causa se desconoce, aunque desde el primer momento existe la sospecha de algún factor ambiental que obra como predisponente, coadyuvante o desencadenante.

Indiscutiblemente, la causa eficiente no se conoce y prevalece la idea de las radiaciones solares, las ionizantes, los traumas repetidos crónicamente, como causantes de lesiones malignas en la piel, sobre todo la expuesta al sol.

Los pacientes son gente de La Laguna que vienen de los ejidos pertenecientes a los municipios de Tlahualilo, Mapimí, Francisco I. Madero y San Pedro de las Colonias, situados en la parte norte de la región, quienes presentan lesiones ulceradas de evolución crónica, sin tendencias a la cicatrización, muy a pesar de los tratamientos dermatológicos indicados.

Cada vez son más numerosos los casos, y la observación clínica de las lesiones dérmicas da la oportunidad de descartar dermatomicosis, placas psoriásicas, hemangiomas, verrucas vulgaris, lesiones angioneuróticas y alérgicas, amén de nevus congénitos entre otras, de tal manera que el enfoque principal es hacia aquellas que presentan las características clínicas de malignidad y tienen tendencia a extenderse o propagarse hacia otros sitios del organismo de forma de metástasis.

En el periodo comprendido entre los años de 1953 y 1955 se estudiaron más de 160 casos perfectamente seleccionados, con la corroboración histopatológica de los especímenes tomados por biopsias excisionales o incisionales, labor bastante tediosa y difícil, porque en ese tiempo no había un laboratorio específico de Anatomopatología, y las muestras tenían que ser enviadas a la ciudad de México, cuyos reportes tardaban bastante tiempo.

Por suerte, algunos casos tratados oportunamente con lesiones pequeñas y localizadas tuvieron una evolución satisfactoria por curación; en cambio otros avanzados cuyas lesiones eran extensivas y con adenomegalia ipsi o contralateral en axilas y regiones inguinales, tratados con radioterapia (Rayos X), no solamente tenían mala evolución por las radiodermitis y complicaciones subsecuentes, casos que quedaron con la única alternativa de la cirugía ablativa, con los resultados lamentables de las mutilaciones escápulotorácicas o desarticulaciones de cadera que a nada conducían.

La asistencia cada vez mayor de pacientes con lesiones dermatológicas, provenientes de los municipios señalados de la parte norte de la Región Lagunera, se significaban por manchas acrónicas o hipercrómicas, lesiones verrucosas en las palmas de las manos y plantas de los pies o gangrenas en los pies, que se volvían de color negro, por la defectuosa circulación periférica, sin ser diabéticos, casos que obviamente obligaban a amputaciones.

Ante esta alta incidencia, el doctor Manuel Medina Gutiérrez y el que esto escribe [Luis Maeda], hicimos una investigación de campo y visitamos algunos lugares de donde provenían los pacientes y en esa forma llegamos hasta Finisterre, Batopilas, Lequeitio, San Salvador, Nuevo Mundo, San José de la Niña, Vega Larga, Sofía, Santa Teresa, El Venado, Otzanduri, entre otros, y corroboramos que los campesinos adultos, jóvenes mayores de 20 años, mujeres y ancianos, en sus manos y pies presentan lesiones hiperqueratósicas en forma de verrugas o mezquinos, que algunos devastan con hojas filosas de rasurar, dejando en su lugar algunos sitios con lesiones ulcerosas de larga evolución, y algunas más de amplia distribución en la piel del tórax y dorso".

Continuará.

@kardenche

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