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Columnas la Laguna

LA 'MORDIDA' EN TORREÓN

Higinio Esparza Ramírez
domingo 03 de febrero 2019, actualizada 8:56 am


Huachicoleros son aquéllos que "muerden", pican y "ordeñan" los ductos de Pemex para robar combustibles, un problema añejo que afirman los mismos involucrados, han conocido en su momento desde los altos mandos del país hasta los ediles de los municipios que cruzan, sólo que lo solaparon hasta que llegó el estadista Manuel López Obrador a ponerles freno, aunque lamentablemente en esa guerra contra los delincuentes se produzcan dolorosas tragedias como la ocurrida en el estado de Hidalgo.

El saqueo de los ductos en una expresión más de la corrupción que prevalece en todo el país y que comienza desde abajo sobre todo en el sector oficial; guardadas las proporciones y con profundo respeto a la memoria de las víctimas y el dolor que embarga a sus familiares, me atrevo a citar en una forma irreverente y quizá sin sentido, un problema infinitamente menor como es el caso de los cuerpos de seguridad locales, concretamente los agentes de Tránsito y Vialidad de la ciudad de Torreón a donde entran y circulan traileros, taxistas y conductores con el temor a ser "mordidos" por el más mínimo motivo.

Esta práctica de tan vieja ya tomó arraigo en la comarca lagunera y las autoridades la ven como si no existiera, convirtiéndose en cómplices de las exacciones arbitrarias que caen generalmente en la impunidad. Por lo tanto, se trata de una manifestación más de la descomposición oficial y aunque no hay ninguna comparación posible con lo sucedido en Hidalgo, revela que la corrupción es un problema generalizado que se da en todos los órdenes de la vida diaria en las esferas gubernamentales y su trato con los particulares, o sea que no sólo existe en Pemex.

Hay similitudes con el hurto de combustibles: se argumenta que quienes aprovechan las "ordeñas" lo hacen por necesidad y en el caso de los agentes de tránsito que "muerden" a diario por órdenes superiores, se dice que lo hacen también por la necesidad de llevar dinero extra a sus hogares debido a los sueldos bajos que perciben, una excusa más del descaro de los servidores públicos que practican las extorsiones a plena luz del día como un modo de vida fuera de la ley. Al parecer hay una cadena desde los pedestres, motociclistas y patrulleros hasta los jefes, una cadena que no se sabe dónde termina.

Admito que las infracciones obedecen al descuido de los mismos conductores pero los agentes no entregan la boleta correspondiente, sólo extienden la mano a la ventanilla para recibir el billete que va de los 50 a los 200 y 500 pesos según el nivel de la presunta violación a las normas de tránsito y vialidad y se escudan con el cuadernillo y la tableta que lo sostiene para simular que levantan el reporte...

Estas disparatadas citas que sólo me sirven como ejercicio de escritura, se derivan de la "mordida" de cincuenta pesos que el viernes pasado al mediodía le asestó en mi presencia un agente de Tránsito de Torreón, alto, moreno y cachetón, al taxista que me llevaba de Gómez Palacio para una consulta médica de urgencia; en la Juárez y Múzquiz dio vuelta a la izquierda para enfilar hacia la Zaragoza pero no esperó el cambio de luces y se detuvo a una señal del agente vigilante del sector. Sin cortesías ni preámbulos le soltó la tarascada. -Cien pesos y te vas. -No completo sólo traigo cincuenta, le respondió y se arregló el asunto. Seguramente cientos de casos parecidos se registran en los cruceros de la citada calle con las avenidas Morelos, Juárez, Hidalgo y Presidente Carranza y también en la calle Ramos Arizpe, todo en el sector Alianza.

¿Esto es normal? Como en los casos del huachicoleo ¿ninguna autoridad se da cuenta de las ordeñas al propio municipio? El automovilista infractor prefiere el arreglo bajo la sombra por el temor al burocratismo "mordelón" y al desproporcionado monto de las multas. ¿La campaña de AMLO llegará a estos niveles? Ojalá…

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