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La i Laguna

Muerte y lucro en anexos

LA I LAGUNA
jueves 31 de enero 2019, actualizada 9:19 am


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Para mí, los anexos son lucro y muerte, dice "Pedro" mientras le da un sorbo al café.

Tras la frase, el hombre de 34 años, un adicto en rehabilitación, con la mirada fija en algún punto de aquel restaurante, evoca su paso por aquel Centro de Rehabilitación, del cual pudo salir después de la muerte de uno de sus compañeros. Luego, respira y empieza a verbalizar esos recuerdos.

Historia

Muchas personas desconocen lo que pasa dentro de un anexo y/o lugar de "recuperación" para personas con problemas de adicciones.

Todo comienza cuando la familia decide pedir ayuda. El primer contacto se realiza vía telefónica con los dueños del centro de rehabilitación, quienes la invitan a conocer las instalaciones, que por supuesto hacen de manera superficial.

Inicia una especie de convencimiento o manipulación a la familia; le dicen que es un lugar propicio para la recuperación y que el tiempo de duración varía según el grado de la adicción, teniendo como un mínimo tres meses y un máximo de cinco años.

Lo único que le piden es pagar una inscripción y dar una cuota semanal de 500 pesos, además de llevar una despensa (también semanal), ropa y lo necesario para el aseo personal.

Una vez resuelto esto, llevan acabo el internamiento, que en mi caso fue contra mi voluntad, utilizando personas que se encuentran también en "recuperación" y si no pueden, echan mano de la fuerza pública.

Cuando llegas, te reciben internos y te llevan a un dormitorio con varias literas donde te revisan, te desvistes y te quitan todas tus pertenencias (identificaciones y dinero). Al término de la revisión física, te indican que te vistas y recuestes. Le dicen a uno de los internos que te cuide y te prohíben levantarte; solamente te dan permiso para ir al baño.

Las reglas fundamentales y principales son: no mirar, hablar ni tocar a las mujeres; no tratar de ver por las ventanas; no tirar golpes, ya que si tiras uno, te tocan mil, y no incitar fugas, ya que hay aplicaciones (castigos).

Al poco tiempo llega un té de manzanilla y es lo único que probarás durante el tiempo de "valoración", el cual dura de dos a tres días. La persona que te cuida no puede dormir porque la castigan. En ese tipo de lugares, todos se tienen que cuidar de todos.

Lo que sigue es bajar a lo que llaman "conciencia" (sala principal del lugar). Te sientan en una banca con una tabla, bastante incómoda, donde te tienen 24 horas escuchando lo que se dice en la Tribuna. No puedes moverte. Debes tener las manos entrelazadas porque hay aplicaciones (castigos). Esto lo haces 24 horas y después son siete horas de descanso, luego otras 24 horas escuchando en Tribuna, y así.

Por ejemplo, si hablas, volteas o te zafas de las manos, hay diferentes aplicaciones. Te ponen un calcetín enrollado en la boca y te amarran una bufanda para que no puedas hablar. Si las manos están separadas, te hacen levantar los brazos, por horas. Si las faltas son más graves, al final del día te ponen a hacer lo que llaman "patos", que consiste en caminar en cuclillas o sentadillas, por dos horas. Si durante estas aplicaciones o en juntas terminas discutiendo, se te indica y ordena que te pongas de pie durante las juntas ¡puedes estar de pie días! Si los encargados consideran necesario, también te amarran de pies y manos, lo hacen poniéndote contra la pared.

Otro castigos es lo que llaman "junta de ayuda", que consiste en poner a la persona frente a la tribuna para escuchar a las personas que van pasando durante toda la noche donde te dicen hasta de lo que te vas a morir, supuestamente para hacerte entender que debes estar ahí, mientras tú no puedes hacer ningún movimiento; tus manos deben estar pegadas al cuerpo recto. Si al contrario, no te encuentras en la posición indicada, te golpean en los pies, manos, espalda baja y en la nuca con la mano abierta.

Si ven que no acatas órdenes, te llaman y llevan a la parte de los dormitorios donde eres golpeado por los internos que están cargo de la seguridad, mismos que no actúan solos, pues reciben órdenes de los dueños o padrinos. El grado del castigo es brutal.

En mi caso, por el tiempo de estar sentado, empecé a tener problemas para evacuar, se me empezaron a hinchar pies, piernas y me salieron llagas.

En cuanto a la alimentación, mucha comida está echada a perder. A veces veía que el plato burbujeaba, pero tenía que comerte todo, no podía dejar nada porque sino, así me iba.

Al paso de los días comencé a tener complicaciones físicas, pero no me dieron tratamiento o medicamento alguno, sólo me decían; "ahí esta la cura" (la tribuna).

Con todo eso pasan los días y empecé a sentir que perdía la razón, lo único que me quedaba era tener paciencia y tratar de sobrevivir.

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