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Cultura

Marie Kondo: felicidad con base en el orden

Estelariza programa en Netflix

EL UNIVERSAL
CIUDAD DE MÉXICO, sábado 19 de enero 2019, actualizada 11:10 am

En 2011 Marie Kondo publicó "La magia del orden", un libro con un método —el KonMari— que, a diferencia de otros libros de autoayuda, no se basaba en tomarnos calditos de pollo, descubrir quién se llevó nuestro queso, vender el Ferrari o el Tsuru, ni en seguir leyes espirituales o cuánticas ni acuerdos toltecas, zapotecas o mexicas. No. Kondo proponía un camino bastante más mundano, mucho menos esotérico y, en esencia, mucho más ordenado: arregla tu casa —y tu vida— deshaciéndote de los miles de triques, cachivaches, trapos y libracos que inundan todos los espacios y recovecos del lugar en el que vives.

En 35 idiomas, con más de 4 millones de ejemplares vendidos, y ahora en el programa de televisión que estelariza, Kondo predicó que el trabajo de organización en nuestro hogar se resumía en decidir si tirar algo o no y, en este último caso, decidir dónde ponerlo. "Si puedes hacer estas dos cosas, alcanzarás la perfección".

Sobre el almacenaje, su libro está lleno de consejos prácticos, basados en su experiencia como ordenadora profesional, con los que uno puede coincidir o no, pero la parte más controversial de su método KonMari radica en su propuesta sobre el criterio para desechar o no el suéter que nuestra abuela nos regaló en Navidad o la colección de peluches de animales que hemos coleccionado desde la primaria: al tomarlos en nuestras manos, ¿nos proporcionan alegría? Sí. Entonces a conservar. No. Entonces… ¡a la basura!, pero no sin antes despedirnos del objeto desechado diciéndole cosas como: "Muchas gracias por darme alegría cuando te compré (o cuando te recibí)".

¿Animismo puro? En "La magia del orden" en ocasiones parece que Kondo trata a los objetos como si estuvieran vivos o pudiesen reaccionar a nuestras emociones y sentimientos o fueran fuente de energías, pero ella misma aclara a qué se refiere.

Por ejemplo: "Si estas cosas tuvieran sentimientos, no estarían felices. […] Déjalas ir con gratitud". O: "El tiempo que [los calcetines] pasan en tu cajón es su única oportunidad de descansar. Pero si están replegados, hechos pelotas o atados, siempre están en un estado de tensión…" (¡Animismo puro? ¡Qué vergüenza, Kondo!) "… con su tela estirada y su resorte forzado […] Los calcetines y medias que tengan la suerte de quedar al fondo del cajón suelen quedar olvidados por tanto tiempo que su resorte se estira de manera irreparable". (¡Ah, bueno! No es animismo).

"Estoy segura de que, cuando muestro respeto con la ropa que elijo usar y empiezo el trabajo de organización saludando a la casa, ésta se sentirá feliz de decirme lo que la familia ya no necesita…" Bueno, aquí sí ni cómo defenderla, pero habría que añadir que entre sus seguidores hay quienes personifican a los objetos y quienes no lo hacen, quienes concuerdan con que la felicidad se encuentra en los objetos, quienes opinan que no se encuentra en ellos y quienes consideran que se halla en lo que estos objetos simbolizan. Cuestión aparte es si, independientemente de lo que crean los marikondianos, la parte del método KonMari que asegura dar mayor felicidad funciona.

Sobre las razones detrás de sus consejos de organización, Kondo no afirma que estas le hayan sido otorgadas por alguna sabiduría ancestral ni que sean infalibles o parte de un —por darle un nombre ad hoc al tema— orden cósmico, si bien exagera al promover la efectividad de su método y asegurar cosas como que sólo necesitamos aplicarlo una vez en la vida (como han comprobado algunos practicantes de éste entrevistados por Meg Lee Hsin-Hsuan, experta en estudios de percepción y bienestar del consumidor).

Felicidad a la orden. De acuerdo con Hsin-Hsuan, hay evidencia sólida y variada de que despojarnos conscientemente de algunas posesiones y tener una actitud anticonsumista influye positivamente en nuestra felicidad como consumidores; otros estudios dan la razón a Marie Kondo cuando afirma que el orden doméstico está por lo general asociado a un menor estrés (si bien, para consuelo de quienes aborrecen el orden, hay investigaciones que prueban que existe una asociación entre desorden y creatividad).

No es el objeto "desordenado" en sí el que provoca sentimientos negativos en nosotros, nos dice Hsin-Hsuan, sino la ruptura del sistema de clasificación que creamos en nuestra casa, por lo que saber dónde poner cada cosa y tener cada cosa en su lugar en verdad puede resultar satisfactorio y convertirse, como postula Kondo, en un acto que restaura la felicidad en el hogar.

Y si queremos aumentar aún más la felicidad que nos proporciona el deshacernos por fin de todos esos calcetines sin par, todos esos botones, clavos, tornillos y tuercas que guardamos para una hipotética reparación futura, todas esas garantías expiradas y cables de electrodomésticos inservibles desde hace años y, en fin, de todos esos objetos que ya no encienden ni una chispa de alegría en nosotros, más allá de Marie Kondo podemos hacer caso de aquellos estudios que prueban que el reciclaje social (donar nuestros bienes usados a otras personas para quienes siguen siendo útiles) incrementa este estado emocional más que el reciclaje tradicional al generar en nosotros la percepción de que ayudamos tanto a nuestro prójimo como al medio ambiente. ¿No es ésta es la auténtica magia de la felicidad?

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