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Columnas Social

Ensayo sobre la cultura

La epifanía

José Luis Herrera Arce
NOSOTROS, lunes 07 de enero 2019, actualizada 1:29 pm


La palabra significa revelación. El seis de enero se festeja con la visita de los Reyes Magos al niño Dios en Belén, momento en que se nos revela que ese niño es algo más que un niño. Está destinado a Ser el salvador.

Un momento epifánico, es un momento de revelación, que no necesariamente tiene que ser religioso; la contemplación de la naturaleza, descubrir alguna cosa que siempre había estado enfrente de nosotros y no habíamos podido ver. Algún otro tipo de experiencias que nos haya abierto los ojos.

Encontré la significación de esa palabra en una novela escrita por James Joyce: "El retrato del artista adolescente", donde el autor recorre las experiencias de un muchacho en las múltiples facetas que todo el mundo vive cuando va de la niñez al estado adulto. A él, le sucede en la contemplación de una chica. Cito:

"Estaba sola e inmóvil mirando mar adentro, y cuando sintió la presencia y la adoración de los ojos de Stephen, los suyos se volvieron hacia él soportando tranquilamente aquella mirada, ni vergonzosos ni provocativos. Estuvo así largo tiempo y luego, imperturbable retiró sus ojos de los de él, y dirigiéndose hacia la corriente, se puso a menear despacito el agua, acá y allá, con los pies. El primer rumor del agua dulcemente removida rompió el silencio, suave, susurrante, tenue como las campanas de un ensueño. Acá y allá, acá y allá. Y una llamita imperceptible temblaba en las mejillas de la muchacha.

- ¡Dios del cielo! - exclamó el alma de Stephen en un estallido de pagana alegría.

Se apartó súbitamente de ella y echó a andar playa adelante. Tenía las mejillas encendidas; el cuerpo, como una brasa; le temblaban los miembros y avanzó adelante, adelante, adelante, playa afuera, cantándole un canto salvaje al mar, voceando para saludar el advenimiento de la vida, suyo llamamiento acababa de recibir.

La imagen de la muchacha había penetrado en su alma para siempre y ni una palabra había roto el santo silencio de su éxtasis. Los ojos de ella le habían llamado y su alma se había precipitado al llamamiento. ¡Vivir, errar, caer, triunfar, volver a crear la vida con la materia de vida! Un ángel salvaje se le había aparecido, el ángel de la juventud mortal, enviado por el tribunal estricto de la vida para abrirle de par en par, un instante de éxtasis, las puertas de todos los caminos del error y de la gloria. ¡Adelante! ¡Adelante! ¡Adelante!" ("El retrato del artista adolescente", James Joyce. Pag. 192-193)

Otro momento epifánico puede ser experimentado en el poema: Primavera amarilla de Juan Ramón Jiménez:

"Abril venía, lleno/ todo de flores amarillas: /amarillo el arroyo, /amarillo el vallado, la colina, /el cementerio de los niños, /el huerto aquel donde el amor vivía.

El sol ungía de amarillo el mundo, /con sus luces caídas; / ¡ay, por los lirios áureos, /el agua de oro, tibia; /las amarillas mariposas /sobre las rosas amarillas!

Guirnaldas amarillas escalaban /los árboles; el día /era una gracia perfumada de oro, /en un dorado despertar de vida.

Entre los huesos de los muertos, /abría Dios sus manos amarillas." (Primavera amarilla de Juan Ramón Jiménez.)

Cada uno de nosotros va teniendo sus momentos de revelación. Llegan sin buscarlos y se van a encontrar cuando se está dispuesto a recibirlos con humildad. La experiencia te lleva a una plenitud y le da sentido a las cosas.

Tal vez podríamos compararla con la catarsis aristotélica: "una especie de prefiguración de la cura psicoanalítica". (Introducción a arte poética. Sepan cuantos 715) Corneille dice que la tragedia provoca en nosotros un movimiento que nos incita a "purgar, moderar, rectificar y hasta desarraigar de nosotros la pasión que ha hundido ante nuestros ojos en la calamidad a las personas que estamos compadeciendo". (Misma introducción)

De vez en cuando, nos es grato experimentar momentos epifánicos o catárticos. No se buscan, pero hay que estar dispuestos, repito, a recibirlos como un modo de enriquecer nuestra vida. Felices epifanías.

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