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EDITORIAL

Rosario Robles, el pararrayos del Gobierno

SIN LUGAR A DUDAS...

PATRICIO DE LA FUENTE
jueves 18 de octubre 2018, actualizada 7:28 am


La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno”

— Walter Scott

Como pocas veces en su historia, este martes el Canal del Congreso registró niveles insospechados de audiencia. Cual Coliseo en tiempos del máximo esplendor romano, el show se antojaba imperdible.

Pero en vez de gladiadores, en la Cámara de Diputados estuvo Rosario Robles, actual secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, y figura de la política mexicana que vive en el ojo del huracán desde hace dos décadas. Y claro, ante la imposibilidad de introducir leones al recinto, fueron nuestros diputados quienes hicieron las veces de verdugo de la presa.

Cabe aclarar que a varios de ellos los asistía la razón al formular cuestionamientos no explicados a la fecha, especialmente en lo que se refiere a la “Estafa Maestra”, un reportaje que develó la desaparición de 3 mil millones de pesos en esquemas de triangulación entre empresas fantasma y universidades.

Vaya que hubo sangre, pan y circo y casi hasta los golpes se fueron un par de ejemplares de la fauna publica: Gerardo Fernández Noroña, quien no necesita mayor presentación, y Luis Miranda, el fontanero de aguas negras y hombre de todas las confianzas del presidente. Sí, Miranda el que manejó los recursos de la SEDESOL en tiempos electorales y operaba políticamente cuando Don Enrique fue gobernador del Estado de México. Colocar a Miranda en donde sea equivale a poner la Iglesia Católica en manos de Lutero. Hoy Miranda es diputado, faltaba más.

Siete largas horas en que varios aprovecharon la oportunidad para cobrarle a Doña Rosario todas y cada una de las facturas pendientes. Pero no solamente le reclamaron por lo de ahorita. Los remanentes de la izquierda perredista y otros ya instalados en Morena, siguen sin perdonarle a Robles que los haya dejado para irse al gabinete de Peña Nieto. Porque la secretaria, con una habilidad sobresaliente como trapecista, ha sabido colocarse en el lugar correcto y siempre, por lo menos hasta ahorita, ha sobrevivido a las tormentas que la persiguen. Generalmente cae parada, pero también queda a deber explicaciones o las que ofrece son poco claras.

Rosario Robles no es culpable de todos los males de este sexenio, pero en gran medida los representa. Como el presidente y sus hombres cercanos no serán llevados a cuentas, es natural que los dardos apunten a Robles. Los diputados aprovechan (hacen bien) la presencia de quien hacia 2013 fue nombrada como el pararrayos del Presidente y su Gobierno, y con justa razón la increpan.

Cabe aclarar que en cada sexenio hay uno o más pararrayos, es decir, hombres y mujeres cercanos al mandatario en turno que ya sea por azares del destino o ex profeso, se dedican a blindar al Ejecutivo Federal y lo salvan de la mayoría de los golpes pero también o le cubren ciertos pecados u operan el trabajo sucio. Casos emblemáticos del actual sexenio son Rosario Robles y Gerardo Ruiz Esparza. En cualquier otro país ambos ya estarían o en la calle o enfrentando procesos judiciales pero aquí, como son pararrayos, no se les sacrifica.

En 2013, a Robles y al entonces gobernador de Veracruz, Javier Duarte, ya se les señalaba por el presunto desvío de fondos de programas sociales para propósitos electorales a favor del PRI. Fue entonces cuando Peña Nieto la convirtió, los convirtió a ambos en pararrayos, pero las circunstancias y la presión mediática hicieron imposible salvar a Javier Duarte, representante de la generación más voraz de la historia, esa que Peña halagaba sin pudor.

“Rosario, no te preocupes, hay que aguantar, porque han empezado las críticas, las descalificaciones de aquellos a quienes les preocupa la política y las elecciones, pero nosotros, este gobierno, tiene un objetivo claro que es acabar con el hambre”, remató el presidente.

Y desde entonces, Rosario Robles habita en el halo protector de cierto espectro de una clase política que sobrevive a todo porque, como ocurre con los gitanos, entre ellos no se leen la suerte. Sin embargo, para Robles todo se reduce a una persecución política motivada por cuestiones de género. Se me persigue casi casi por ser mujer, nomás le faltó decir.

Robles terminó su comparecencia ante la Cámara como llegó: vestida de blanco. A ver si no nos sale con que deja la política pues se irá a un convento a tomar los hábitos.

Inocente pobre amiga, como dice la canción ...

Twitter: @patoloquasto

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