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Siglo Nuevo

¿Qué preguntas te haces?

Nuestro Mundo

MARCELA PÁMANES
jueves 06 de septiembre 2018, actualizada 6:12 pm

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Tal vez no lo sepas, querido lector, pero mi principal quehacer esta en la radio. Hago programas informativos y de entrevista. Esta última es un lugar prodigioso, y digo que es un “lugar” porque ocupa la vida, en tiempo y espacio, de quienes participan del ejercicio.

Quiero hablar de ella porque la vida es una eterna entrevista donde nos preguntamos y nos contestamos, donde preguntamos a otros y otros nos contestan. ¿Qué es una cita romántica? Es un te busco, te invito y platicamos. Casi siempre se trata de un proceso de indagación de lo que es el otro, de lo que yo siento con lo que es el otro. ¿Qué es una cita de trabajo? Un poner a prueba los conocimientos y habilidades de una persona y medir su capacidad para ocupar una posición laboral. ¿Qué es una confesión? Un ejercicio espiritual de interrogantes personales que involucran el contraste de nuestro comportamiento con las reglas religiosas que seguimos. ¿Qué es una consulta médica? Un diálogo que implica indagar sobre el estado de salud de una persona.

Cuando los hijos son pequeños y los recogemos del colegio preguntamos ¿cómo te fue?, ¿qué te sacaste en el examen?, ¿te comiste tu refrigerio? Esas mismas preguntas las adaptamos y las planteamos a la pareja, a los hermanos, a los amigos, y así.

Para aprender necesitamos preguntar.

“No tenemos por qué saberlo todo, pero si tenemos que preguntar todo sobre lo que no sabemos”, dice una frase con la que no puedo estar más de acuerdo; preguntar es un arte, una buena pregunta concreta las respuestas, da pie a ser creativos, a que luzcan los conocimientos; una pregunta puede originar otro cuestionamiento que no habíamos contemplado; supongo que todo el bagaje de aprendizajes de la humanidad se ha derivado de una pregunta.

Se dice que quien pregunta mucho es muy curioso y que ser curioso es ser entrometido y que el entrometido es chismoso. Mi punto es que hacemos una serie de inferencias que desacreditan a la pregunta misma. La curiosidad es la madre de la innovación, por eso tenemos que alentarla en lugar de reprimirla, estimularla permanentemente. No hay nada más honesto que responder a una pregunta con la claridad del desconocimiento. Cuando no se sabe, no se sabe y punto, de nada valen la elocuencia, la redundancia, o querer aparentar que sí sabemos,

Cito un párrafo de un artículo publicado por Rafael Zavala y titulado “Las preguntas más importantes de la vida”: “Peter Drucker, el padre del Management, decía que la fuente más común de errores es hacer la respuesta correcta en lugar de la pregunta correcta. Y no le faltaba razón. Hoy en día, en que todos vivimos en estado de emergencia, realizando acciones que son todas para 'ayer', no tenemos un momento para frenar, parar el auto y cuestionarnos, ¿Para qué?, ¿Para qué hago lo que hago?”

Si no acostumbramos a los jóvenes a preguntarse sobre su propia existencia, todo lo demás está de más.

Querido lector, si no te has planteado cuestiones como ¿para qué vine a este mundo?, ¿qué me hace verdaderamente feliz?, ¿vale la pena lo que estoy viviendo?, creo que nos vamos a quedar en la ignorancia existencial.

Las preguntas abren puertas, las respuestas las cierran. Tampoco sugiero que nos pasemos la vida en una eterna e inútil interrogante. Si la respuesta no es precedida de la acción, será ociosa.

Si la pregunta es “¿me gusta lo que hago?” y la respuesta es “no” y no buscamos otros rumbos, conocer que no estamos bien y quedarnos en el mismo lugar puede ser más frustrante, generarnos más angustias. También puede ser una invitación a no inquirirnos nuevamente para atajar la emoción negativa que ya experimentamos.

De ahí mi invitación a no dejar de ser esos niños que todo preguntan porque todo es exploración y descubrimiento constante. Preguntemos ¿por qué ya no hay luciérnagas?, ¿dónde termina el arco iris?, ¿cuánto vive un colibrí?, ¿cómo era la vida sin celular?, ¿a dónde vamos cuando morimos?

¿Son preguntas inútiles? Tal vez sí o tal vez no. ¿Dónde está la alegría de la existencia? Mi respuesta es: en lo simple de la vida. Mi acción subsecuente es observar la naturaleza y ponerme en contacto con mi interior. ¿Y tú? ¿Qué preguntas te haces?

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