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MARCELA PÁMANES
jueves 09 de agosto 2018, actualizada 11:14 am

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¿Ves lo que es o prefieres entrecerrar los ojos para distorsionar la imagen que recibes?

Hay días en que quisiera saber dónde está el botón para apagarme. Pienso que soy dramática, víctima y poco agradable. Me caigo mal, me enojo con facilidad, increpo al otro porque quiero tener la razón, le hago la vida de cuadritos a mis hijos, los ofendo amparada en el eterno “es por su bien”, pienso cosas feas del resto de mi mundo, quiero tener lo que tienen los demás, quiero que todos me quieran, me burlo, soy sarcástica, no puedo perdonar…

¡Es liberador reconocer la sombra! ¿Cómo puedes trabajar en algo que no haces consciente? No pasa nada y pasa todo. Es como la fuga de agua que no ves, pero que está ahí, dañando las paredes y los pilares de tu casa. No es sino hasta que brota que te das cuenta. Lo ideal es que te percates de tus emociones y conducta y empieces a trabajar en ellas para que no te sorprendan y los daños no sean irreversibles.

Cuando peleas contigo mismo, cuando no te aceptas, el conflicto se manifiesta de muchas maneras: transferimos enojos y responsabilidades a quienes están más cercanos, nos infligimos daños de diversas maneras, comemos mucho o nada, dormimos mucho o nada, nos castigamos mucho o nos justificamos todo,y también nos enfermamos.

¿Dimensionamos lo que significa andar cargando el bulto que trae tanto de inaceptable y enfadoso? Lo equiparo a convivir todos los días, a todas horas, con esa persona a la que no soportamos. Piensa por un instante: ¿Quién es ése o ésa que sólo al verle saca lo peor de ti? ¿A quien no toleras?

Cuando te quede claro lo que representa esa animadversión contra alguien más, pregúntate si no experimentas lo mismo hacia tu propia persona. Párate frente al espejo y dime qué ves, cómo te ves, qué piensas de ti, cómo te hablas, qué te reclamas, qué pendientes tienes contigo mismo.

¿Ves lo que es o prefieres entrecerrar los ojos para distorsionar la imagen que recibes? ¿Descubriste algo en ti que no hayas visto antes?

Son muchas interrogantes, lo sé, pero no es necesario dar respuesta a todas en el primer repaso.

Traigo fija la idea de trabajar en la separación de mis pensamientos del yo. Quiero creer que no soy mis pensamientos; lo que observo de mí no es como lo observo, no necesariamente. La mirada está cargada de prejuicios que no me dejan ver cómo soy en realidad, las ideas que fueron introyectadas en mi infancia, las aseveraciones que hicieron de mí y que yo creí. Nunca es tarde para tratar de encontrar al ser que realmente somos, es un proceso de disección profundo, complejo, agotador, pero indispensable para la apreciación del ser.

Te comparto esto, querido lector, y de algún sitio llega el recuerdo de la recuperación del edificio del Archivo Municipal, en la calle Acuña. Esa casona, que perteneció a don Isauro Martínez, ha estado sujeto al vaivén de las decisiones de dueños y autoridades, la última de ellas, relacionada con la fachada, fue pintarla de blanco sin respetar siquiera las letras de las leyendas emblemáticas que la identifican.

¿Qué tiene que ver el trabajo de observación personal con esto? Va mi respuesta: esa casa tuvo que mirarse a detalle, hubo necesidad de remontarse al pasado para saber cómo era, se hizo un inventario de sus haberes, de sus pérdidas; de la reflexión surgió el mandato de restituir, recuperar, revalorar. El trabajo ha sido con cincel, a mano, cansado, doloroso, para no dañar más lo ya de por sí dañado. Se descubrieron cuatro capas que escondían su esencia arquitectónica. Poco a poco se empiezan a ver los magníficos ladrillos rojos, poco a poco su dignidad sale a flote.

Los años agregan a la existencia capas y capas de heridas, desconcierto, sufrimiento. Si somos capaces de aplicarnos, como artesanos, en nuestra propia recuperación, habremos de terminar re-conociéndonos, re-valorándonos, re-inventándonos.

Hay poca existencia y mucho por hacer con nosotros mismos. No lo dejemos para después, tenemos el tiempo contado y una reserva limitada de energía. El trabajo personal no te da un sueldo, ¡te paga con paz!

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