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EDITORIAL

Verdades y rumores

EL AGENTE 007
sábado 28 de julio 2018, actualizada 7:08 am

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Cuentan que la lucha por el control del PAN Coahuila ya comenzó y el grupo que ha hecho sus primeras movidas es el del futuro diputado federal Luis Fernando Salazar. Nuestros subagentes disfrazados de matracas azules nos comentan que el famoso “Hooligan” está impulsando a su alfil en el Congreso local, Gerardo Aguado, para que se convierta en el próximo presidente del Comité Directivo Estatal. Dicen que don Gerardo ha logrado posicionarse bien dentro del grupo de Salazar operando estructura para la campaña que recién acaba de pasar, además de que los liderazgos blanquiazules de otras partes del estado no lo ven con malos ojos. Además, se dice que es de los pocos legisladores locales de la desinflada oposición que ha mantenido el ritmo a la hora de cuestionar el desempeño del gober Miguel Riquelme.

Pero cuentan que no es el único suspirante a dirigir el partido en la entidad, ya que por ahí suena también la diputada federal Karla Osuna, a quien durante un tiempo se le vinculó con el grupo de Guillermo Anaya, pero supuestamente ahora está siendo apoyada por el empresario hotelero de Ramos Arizpe, Héctor Horacio Dávila, que también ha dicho que le gustaría alcanzar la dirigencia, tras haber fracasado en su camino por la alcaldía de su ciudad. Don Héctor ha sido un crítico recio del anayismo en Coahuila y ha declarado abiertamente que ya es necesario un cambio en el partido a nivel estatal. De doña Karla se comenta que no habría quedado nada contenta con la negociación que hizo don Memo a la hora del reparto de la fórmula para el Senado, ya que en un principio se había dicho que sería la diputada federal la que contendería al lado de Anaya, pero a la mera hora a quien se le dio el lugar fue a Esther Quintana. Al final, todos quedaron sin curul. Falta ver las jugadas de don Memo y de Marcelo Torres, secretario del CEN del PAN, quien seguro también buscará posicionarse.

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Como ocurre cada vez que se anuncian “premios” disfrazados de descuentos para los deudores morosos de servicios, han surgido voces críticas respecto al plan de “incentivos” para los que desde hace años no han pagado al Simas el suministro del agua potable. Lo primero que cuestionan es el privilegio del que gozarán los incumplidos en comparación con los usuarios que mes con mes aportan puntualmente lo que les corresponde. Al respecto, las lenguas de doble filo se preguntan si acaso en Torreón los ciudadanos no tienen los mismos derechos. Pero dicen que el problema está en la clasificación que usó el Simas para distinguir a los deudores y aplicarles el descuento dependiendo de la colonia en la que viven. Como no está publicado el criterio de clasificación, el asunto puede prestarse a hacer un uso discrecional de esta medida o reconocer oficialmente que existen ciudadanos de primera y de segunda. Pero aseguran los que saben que un problema aún mayor es que el plan publicado en el Periódico Oficial pudiera contravenir disposiciones normativas como la Ley de Aguas para los Municipios de Coahuila, que en uno de sus artículos dice que no está permitida la exención o condonación de los servicios de agua potable, drenaje y alcantarillado. Además, aseguran, sólo los impuestos pueden estar sujetos a criterios de diferenciación, no los pagos que se hacen bajo el concepto de un derecho por servicio, como es el caso del Simas. La otra gran pregunta que surge, luego de dar cuenta de todo lo anterior, es: ¿y dónde está el Consejo del Simas? En fin, seguro este tema va a dar mucho de qué hablar.

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Y ya que hablamos de asuntos hídricos, nuestros subagentes vestidos de norias descompuestas nos reportan de un asunto que parecía olvidado en los escritorios burocráticos de los gobiernos estatales. Dicen que es prácticamente un hecho que se apruebe el polémico plan de potabilización del agua de las presas del río Nazas con la finalidad de mejorar el abastecimiento de la zona metropolitana, para lo cual se necesitaría un costoso acueducto y una no menos costosa planta clarificadora. Como recordará usted, memorioso lector, este proyecto que fue impulsado por funcionarios del gobierno estatal de Durango en tiempos de Jorge Herrera Caldera, llevaba por nombre Agua Futura, y para su ejecución se había hablado de la friolera de casi 5,000 millones de pesillos de inversión. Dicen que este monto fue uno de los motivos por el que el plan no prosperó, además de que estudios de las oficinas centrales de la Conagua apuntaban a que no era viable o que había alternativas menos costosas. También se mencionó por ahí que la insistencia por parte de la Comisión de Aguas del Estado de Durango se debía a que alguien vio con ojos de signo de pesos el proyecto para llevar, nunca mejor dicho, agua a su molino. Otro de los problemas que los impulsores de este plan deben enfrentar es la renuencia de algunos productores agrícolas a ceder parte de sus derechos de agua, aunque dicen que la cantidad de líquido que almacenan las presas es más que suficiente para abastecer los dos usos: el consumo humano y el agro. Además, se supone que los productores deben estar ya en camino de modernizar sus sistemas de riego para volver más eficiente su labor. Se supone... con lo que habría aún más agua disponible. Pero los detractores de este proyecto consideran que es demasiado costoso y que sería más fácil potabilizar el agua de la mina La Platosa, ubicada en Bermejillo, posibilidad que ha venido impulsado el municipio de Gómez Palacio, o bien retener el agua en San Fernando para resolver el problema de la extracción del subsuelo, como proponen con estudios algunos ipecos, o la siempre soñada idea de copiar a Arizona y reutilizar el agua. Mientras son peras o manzanas, lo cierto es que aunque dicen que ya es un hecho la aprobación de la potabilización del agua de las presas, no existe aún proyecto ejecutivo, por lo que a este asunto todavía le cuelga algo de tiempo.

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Entre las broncas de coordinación que traen los gobiernos estatal de Coahuila y municipal de Torreón con las tardadas obras del famoso Metrobús, a cargo del primero, han salido a relucir otros desperfectos que tienen que ver con la pavimentación. Y es que desde inicios del año, ambas administraciones apostaron por ganarse el amor del electorado tapando la pléyade de baches que hay en la ciudad y recarpeteando vías enteras. El problema es que, como ya se ha hecho costumbre en estas tierras, los trabajos se llevan a cabo de forma salteada o desfasada, puesto que hay sectores, como en la colonia Los Ángeles, en donde sólo las avenidas han sido pavimentadas, y no las calles, que están en muy mal estado. O, por ejemplo, las obras que se llevan a cabo desde hace dos años en la prolongación Bravo, frente a la empresa cervecera, que a pesar de tratarse de un pequeño tramo, no han podido ser concluidas. En ese mismo sector recientemente se pavimentó la prolongación Saltillo 400... pero nada más. Las extensiones de las avenidas Ocampo, Allende y Matamoros, parecen la superficie de nuestro amado satélite natural. Para acabarla de amolar, sólo los que ejecutan las obras saben lo que están haciendo, o eso suponemos, porque nadie publica los cronogramas de los trabajos, necesarios para que la ciudadanía se programe y tome sus precauciones a la hora de circular por las vías en reparación. Seguramente no los publican porque no quieren sentirse presionados, ya que muy rara vez se cumplen los tiempos proyectados. Pobre región.

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Dicen que algo curioso está ocurriendo en la Secretaría de Seguridad Pública de Coahuila. De acuerdo con los agudos observadores de la cosa pública y uno que otro subagente que responde a la clave encriptada ultrasecreta “Matute”, el jefazo de esa dependencia, José Luis Pliego, no está del todo contento con la controvertida corporación estatal conocida como Fuerza Coahuila, antes GATE. Como sabrá, enterado lector, ese cuerpo policial ha sido blanco de señalamientos desde los tiempos del exgober Rubén Moreira por pasadas de mano y tratos digamos poco amables con la ciudadanía. Pues resulta que, según los subagentes, alguien de dentro de la propia secretaría, incluso, no descartan que pudiera ser el propio don José Luis-, ha corrido la especie de que Fuerza Coahuila está en riesgo de desaparecer, aunque ha sido el propio secretario el que ha salido a precisar que no se trata de una posible desaparición, sino más bien de una “reingeniería”. El caso es que algo parece no andar bien en las relaciones entre la cúpula burocrática de la dependencia y los comandantes operativos de la corporación. Habrá que ver en qué termina.

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