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MARCELA PÁMANES
jueves 26 de julio 2018, actualizada 5:24 pm

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Me da lo mismo si son unos o son otros porque no quiero canonjías, ni tratos especiales, ni puesto alguno, ni ser proveedora, ni prestadora de servicios.

Prefiero no esperar nada de nadie. Si llega algo, qué bueno. Siempre me sorprenderé. Si no llega, ni lo noto, como no lo tengo contemplado pasa desapercibido.

Me van a decir que es una falacia eso de afirmar que no espero nada de nadie, porque las madres esperamos de los hijos respeto, cariño, consideración, atenciones; la esposa espera de su cónyuge amor, manifestaciones de afecto, apoyo, compromiso; el empresario espera el buen actuar de sus empleados, que rindan un poco más, que no falten, que no haya justificaciones para los errores.

Puede ser que haya algo de cierto en esos argumentos, pero cuando ha habido decepciones porque se esperaba y no se recibió, el corazón se endurece y se protege. A resultas de esto el camino de no tener expectativas se elige con más facilidad.

Esperanza implica esperar, con fe, con convicción, porque lo deseado puede ocurrir, hacerse realidad, materializar algo que anhelamos, transformar nuestra realidad, cambiar la vida, curar la salud.

Situada frente a tantas implicaciones, preferí no esperanzarme con el resultado electoral y no porque me diera lo mismo o me fuera indiferente, más bien porque había poco margen de maniobra emocional después de la campaña más cuestionada que me haya tocado cubrir y vivir.

¿Qué pasó en tiempos de campaña?

La llamada “guerra sucia” arrebató el lugar al encuentro, los conversatorios, las reflexiones. Preferimos navegar por las “benditas redes sociales” (AMLO, 1 de julio) antes que transitar por una narrativa más puntual, menos maniquea.

Pero recordemos que en nuestro país la “guerra sucia” tenía otras implicaciones: desapariciones, tortura, labores de espionaje, censura; no obstante, sigue teniendo el mismo fin: acallar a los incómodos, a los que dicen lo que el sistema considera que debe callarse. Las grandes amenazas de este método son el desprestigio y la eliminación misma. Sin embargo, debemos reconocer que hoy existen nuevas factores: las fake news, la viralización de mentiras presentadas a través de videos, los portales falsos, infinidad de trucos para engañar.

Si sumamos todos los hartazgos acumulados también podemos entender la falta de esperanza. Hartazgo por la corrupción, la impunidad, por el poder absoluto de la clase gobernante, por la riqueza desmedida de los funcionarios, sus parientes y sus amigos, por la perpetuación de la pobreza, por el cinismo, por la indiferencia de muchos, por el descuido de nuestras ciudades, los malos servicios, la inseguridad, la falta de oportunidades, las reformas fallidas y, ya entrados en gastos, el hartazgo hacia los malos resultados de nuestros equipos deportivos. Así no se genera esperanza, se genera enojo

¿Cómo esperar por algo si siempre nos han prometido y no nos han cumplido? Mi reacción contrasta con la de miles que si fueron capaces de cultivar ese germen.

Tal vez la consciencia de que no puedo cambiar absolutamente nada que no sea a mí misma, me hace irme con calma, más cuando ofrecen tanto y tienen tan poco para hacerlo. Cada vez creo menos en los demás e intento creer más en mí misma.

La famosa frase de John F. Kennedy que quedó para la posteridad es luz: “No te preguntes que puede hacer la patria por ti, pregúntate que puedes hacer tú por la patria”. Intento hacerla mía todos los días.

No busco que me den nada, no quiero ser beneficiaria de algún programa social, pretendo no necesitar el apoyo del gobierno en mi vejez. Me da lo mismo si son unos o son otros porque no quiero canonjías, ni tratos especiales, ni puesto alguno, ni ser proveedora, ni prestadora de servicios. Sólo así se puede ser independiente y transitar por el mundo con libertad.

Con frialdad, alejada de afectos y preferencias, veré el desempeño. Hechos son amores y no buenas razones o intenciones. Que sean sus actos los que avalen la esperanza de muchos y nos permitan a algunos el renacimiento, volver a confiar para volver a esperar.

La vida sigue. ¡Sorpréndanos por favor!

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