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MARÍA DEL CARMEN MAQUEO GARZA Domingo 8 de jul 2018, actualizada 10:45am ... Anterior 2 de 4 Siguiente ...

Contraluz


NO TODO ESTÁ BIEN

A diferencia de lo que vivimos en nuestra juventud, quienes ahora hemos superado la barrera de los 50, hoy en día las cosas son muy distintas. Lo vemos en la política, lo vemos en la vida diaria, y hay que decirlo, no porque proliferen determinados patrones de conducta, significa que sea lo mejor. Va lo siguiente para ejemplificarlo:

En los últimos 10 años - poco más - en nuestro amado México, ha privado la impunidad. Pocos delitos son denunciados, y de cada 20 denuncias, sólo una termina en sanción. La aplicación de la justicia resulta bastante discrecional y no depende tanto de la magnitud del delito como de las posibilidades que tiene el delincuente para sacudirse el cargo. Es más probable que termine en la cárcel una madre de familia que roba un paquete de jamón para sus hijos que un funcionario que haya desviado carretadas de dinero del erario público.

Un asunto que tiene que ver con la vialidad. Resulta sorprendente, ocurre a diario frente a todos nosotros y está desatendido. De forma cotidiana, la prensa reporta accidentes viales producidos por un mismo mecanismo: Quien debía hacer alto no lo hizo, resultando impactado por quien llevaba el derecho de vía. Tal vez la mitad de estos accidentes estén provocados por desconocimiento de las reglas de seguridad vial, y la otra mitad se deba a que el conductor se distrajo atendiendo su celular.

Dos veces por semana acudo a un edificio del primer cuadro de la ciudad. En ese sector, es complicado hallar un cajón para estacionarse, de manera que hay que dar varias vueltas hasta encontrarlo. En una de esas ocasiones, a la segunda o tercera vuelta, sonó mi celular, y ya a punto de estacionarme, volvió a sonar. Ya me había emparejado con el vehículo estacionado delante del cajón que iba a ocupar, y estaba a punto de maniobrar para acomodarme. Dado que tenía un familiar enfermo que me había estado llamando durante el día, en contra de mi costumbre, tomé la llamada. Efectivamente, era mi familiar con un par de preguntas que respondí de manera rápida, acto seguido me estacioné. Para ese momento, se hallaba una patrulla detrás de mí indicándome que había cometido una infracción; el chistecito fue valuado en $1,500. Me recogieron la licencia y amenazaron con quitarme la placa por ofensas a la autoridad. ¿Las ofensas? Haber manifestado que con la misma velocidad con me estaban infraccionando en ese momento, esperaba que hicieran con todos aquellos que sí tienen la costumbre de hablar por celular mientras conducen. En cada foro en el que puedo manifestarme, he expresado lo mismo, y hasta ahora no he sabido de un solo operativo que se emprenda en ningún crucero de esta ciudad.

Volviendo al punto inicial, al conducir no respetamos la luz roja ni el derecho de vía, y todavía nos molestamos porque el otro - a quien le asiste su derecho - no se repliega ante nuestra conducta invasiva.

Esa normalización del delito es un gran lastre para nuestra sociedad. Hoy en día, en particular en nuestro México "todo está bien", de manera que las jóvenes generaciones no cuentan con normas sociales que les indiquen las zonas de riesgo. Es más, en ocasiones nuestra misma molicie como mayores facilita el desarrollo de antivalores.

Hace algunos días, me topé en Twitter con una fotografía bastante explícita, en primer plano un miembro viril y en segundo plano el rostro de una chica. No tenía nada qué ver con el mensaje que acompañaba a la imagen. Como médico y a la edad que tengo, pocas cosas podrían asustarme; en lo personal, me parece de mal gusto encontrarme algo así en un sitio que no es ni de urología ni para adultos, y que simplemente está fuera de lugar. Lo que sí me quedo pensando, en qué predicamento se verá la madre de una niña de 6 años que vea aquella imagen y pregunte de qué se trata.

El triunfo de López Obrador es un parteaguas social para México. De aquí en adelante, las cosas no volverán a ser como eran antes, aunque a veces me pregunto cómo va a lograrse, cuando tantos viejos priistas se han mudado al partido en el poder. En fin, concedamos al nuevo gobierno el beneficio de la duda. En lo particular, quisiera que todos los mexicanos aprovecháramos esta coyuntura para sacudirnos la molicie ciudadana. Comenzar a exigir a los funcionarios que cumplan bien con su tarea, pero al mismo tiempo, hacer cada uno el propósito de cumplir con aquello que nos corresponde. Levantar el índice de fuego, o quejarnos al estilo de Neymar, no va a generar ni un ápice de cambio para México. Así no se componen las cosas, y menos en un país tan lastimado como el nuestro.

No todo está bien. La normalización del delito es asunto que toca a cada uno de nosotros colocar en los anales de la historia.


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