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ARTURO MACÍAS PEDROZA Domingo 10 de jun 2018, actualizada 1:01pm ... Anterior 10 de 10 Siguiente ...

Piénsale piénsale


EL COMPROMISO CIUDADANO

Hay sólo dos maneras de ser hombre: sufrir el mal y someterse a él o afrontarlo. La solución de los males y sufrimientos que nos aquejan está en nuestras manos. La verdadera humanización actualmente no puede realizarse sino con este enfrentamiento. Si no podemos extirpar definitivamente el mal de nuestro mundo, al menos podemos hacerlo retroceder y humanizar nuestros espacios de vida.

¿Pero es suficiente hacer lo humanitario? Para la humanidad es indispensable cuidar, reparar, detener lo que está presionado. Habrá siempre hombres heridos y aquéllos que tendrán siempre necesidad de "buenos samaritanos" que los ayuden, pero no se construye un mundo sólo poniendo nuevamente en su lugar los ladrillos que se han caído. No podemos querer un mundo más humano sin atacar seriamente y con sabiduría las causas que producen cotidianamente lo inhumano, es decir a los sistemas sociales y políticos responsables en numerosos países, de la violación de los Derechos del hombre, de la opresión de minorías étnicas, de la pauperización y explotación de poblaciones enteras, de trabajo infantil… Estos son los sistemas que hay que quitar.

Las asociaciones internacionales que luchan contra la explotación sexual de niños y se esfuerzan por sacarlos de la esclavitud de la prostitución lo han entendido bien. Han hecho presión a los gobiernos de los países involucrados hasta hacer espacio a una legislación que reprima estas prácticas, lo que ha puesto un cierto freno a la venta de "turismo sexual" para los organizadores de viajes.

Los factores sociales y económicos que producen situaciones de gran pobreza y exclusión son muy complejos, pero los dramas humanos que entrañan son de tal amplitud que se impone un esfuerzo de vigilancia. El despertar de la conciencia política es urgente, si no queremos hundirnos en la esclavitud y la dictadura del liberalismo económico que quiere sumarnos a su "catecismo" de aceptar como necesarias e ineludible el sacrificio de millones de seres humanos sobre el altar del lucro.

La resistencia es una urgencia ante este nuevo oscurantismo que reduce al hombre al estado de objeto que no le propone otro modelo que el de productor, de consumidor y de negociante y ningún otro ideal que el del mercado, explotando en exceso la libertad y reduciéndola al nivel de la economía para facilitarle el funcionamiento.

Pensar en ciudadanía como la existencia de ciertos derechos es insuficiente. Junto al ciudadano ordinario se deberá evocar la ciudadanía activa, es decir, alguien que haya adquirido cierta cultura y cierta conciencia política, comprometido en asociaciones, partidos políticos, a fin de dar sentido a la idea de que la democracia se puede siempre perfeccionar, rehacer, purificar. La cuestión es: ¿qué proporción de estos ciudadanos activos es necesaria en una democracia para que no muera? ¿Pregunta sorprendente? No si tenemos conciencia de que la democracia no forma parte de la naturaleza humana. En algunos años podría suceder que no subsistiera ninguna sociedad democrática en el mundo, si no se considera la inmensidad de condiciones que requiere el ejercicio de la democracia. El hombre de intereses particulares, la pasión del poder, la locura del orgullo tienen muchos recursos para obstaculizar la democracia. El ciudadano activo es aquél que no se contenta con ejercer los derechos adquiridos de ciudadanía; asume la responsabilidad de crear las condiciones de una supervivencia de la democracia.

Es necesario para ello una verdadera cultura del compromiso político. La historia del Siglo XX creó el término "compromiso político" cuando se trataba de resistirse al desarrollo de los totalitarismos (E. Mounier, P. L. Landsberg), y que ahora es un tema común que se pone al servicio de los hombres y de la "civitas". Es una levadura formidable; es el poder de la utopía social que va a transformar las estructuras y comprometerse en un gran proyecto; que va a alimentar la fe en lo cotidiano. El cambio radical, la utopía de una sociedad que hay que reconstruir ahora en base a análisis críticos, no para regresar a modelos antiguos, sino para recomponer las desviaciones y hacer frente a las necesidades y problemas actuales con formas nuevas de asociación, de luchas, de movimientos sociales.

Hagamos lo que hagamos, estamos ya embarcados; incluso si queremos permanecer neutrales, apolíticos, de cualquier modo tomamos posición de dejar hacer a los otros endosándoles nuestras responsabilidades políticas. La abstención es un señuelo. Es mejor tomar posición explícitamente, de manera reflexiva, asumiendo lúcida y activamente una opción, más que pasiva o confusamente.

El ciudadano actual es más que nunca responsable de la historia del mundo y tiene que comprender que esta historia no está terminada, que lo peor puede siempre regresar, que la terrible letanía de crímenes contra la humanidad no se detuvo en 1945, que desde entonces, en diversas partes del mundo, ha habido democracias que se han hecho cómplices de cosas peores (Bosnia, Ruanda, Kosovo) en nombre de la ciudadanía.

¿Estás comprometido?


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