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ARTURO MACÍAS PEDROZA Domingo 3 de jun 2018, actualizada 12:45pm ... Anterior 6 de 10 Siguiente ...

Piénsale piénsale


EL QUE SE ENOJA PIERDE

Las pasiones son elementos fundamentales de nuestro ser de personas. Junto con la inteligencia, la voluntad y la libertad, las pasiones no se refieren aquí a sufrimientos físicos o espirituales, o como una tormentosa aflicción, sino como momento o motivo de la vida afectiva, como un estado de violenta y persistente emoción. Los sentimientos muchas veces se contraponen a la racionalidad y la objetividad. ¿Cuántas veces una acción dominada por un sentimiento fuerte ha sido lamentado largamente? Pero los sentimientos no son para "suprimirse", sino para "dominarse", "controlarse", "orientarse", "manejarse".

La época actual está mas caracterizada por el predominio de los sentimientos sobre las razón; la subjetividad prioriza el sentir como fundamento del bien o del mal: "Si me gusto es bueno, si no me gusta es malo", la verdad es también subjetiva: "ésta es mi verdad". Cada quien posee su verdad relativizándola y sujetándola a los caprichos del yo, convirtiendo la vida en una anarquía. La búsqueda sincera de la verdad y los principios trascendentes no existen ya.

Los medios de comunicación, la publicidad, las campañas políticas y los que engañan de mil maneras, explotan y promueven este predominio de lo irracional y del sentimentalismo. Una cara triste, una lagrima, un historia dramática, o al contrario, un optimismo irracional, una arenga que endulce los oídos, una promesa, o cualquier cosa que obnubile la razón y explote nuestros deseos, miedos y fantasmas más variadas, son herramientas de un conocimiento utilizado por unos pocos para manipular a las masas ignorantes de tales mecanismos maquiavélicos.

En el problema de discernir entre las diversas opciones políticas en relación a las elecciones que se avecinan, se escuchan voces que piden calma, calculo frío, sabiduría, análisis profundos, etc., contraponiéndolos a las posibles motivaciones causadas por odio, resentimiento, enojo, o bien por simpatías irracionales, costumbres infundadas racionalmente, hábitos adquiridos irreflexivamente. ¿Es malo estar enojados? Al contrario ¡por fin lo estamos! ¿Es malo tener miedo? ¡Es necesario! Lo importante es que esos sentimientos sean manejados desde nuestra dignidad humana, que emplea sabiamente los elementos que la hacen tal, para obrar en plenitud de persona, en apertura sincera a la verdad y no a "su verdad", para llevar adelante nuestro país por caminos de justicia y de paz.

El odio, el enfrentamiento y la cerrazón irracional, contradicen nuestro ser de personas. Dante pone entre los peores tormentos del infierno a quienes han usado mal las cualidades que los distinguen como seres humanos (Canto XI), porque hechos a imagen de la divinidad, que es intelecto divino y amor puro, contradicen su propia naturaleza y ofenden al que deberían honrar con su obrar humano. Si hemos sido llamados a desarrollarnos el plenitud, no hay otra finalidad más importante que ésta y no hay peor frustración que arredrase de ese misión. La invitación a pensar que tiene esta columna, no es por exclusividad de facultad humana, sino por el desequilibrio que ésta manifiesta actualmente, en relación con las pasiones y sentimientos de los cuales exige estén en armonía perfecta.

Que nuestras pasiones estén bien dirigidas para poder actuar conforme a ellas. Quien está enojado, que vea las causas, los motivos y las acciones a realizar para que el enojo no sea irracional, sino la fuerza al fin manifestada, despertada, de quienes estoicamente habían soportado vejaciones e injusticias, siendo culpablemente cómplices de quienes los habían dañado. Que el dolor lacerante de la muerte, del hambre, de la injusticia, de la impunidad, encuentre los culpables, incluso autocríticamente, para combatir los causantes verdaderos de nuestro enojo, incluso nosotros mismos, y no sólo chivos expiatorios que se utilizan sintiéndonos las blancas palomitas que reparten culpabilidades infantilmente, irresponsablemente, generalizadamente, irracionalmente y hasta cínicamente.

Convertir el resentimiento, el odio y el rencor en energía positiva será la tarea de quienes saben que la transformación social no vendrá mágicamente ni por una simple elección; los sentimientos de amor, de solidaridad, de colaboración, de interdependencia, de pertenencia, de patriotismo, son también sentimientos que necesitan ser fomentados para que alimenten el fuego de la pasión por México, que va mas allá de partidos, candidatos o colores; que no se contenta con votar, recriminar, u ofender, sino que hace de la acción ciudadana todo un estilo de vida y de la democracia un instrumento de humanización.


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