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EDITORIAL

El arroz no se ha cocido

Sin lugar a dudas

PATRICIO DE LA FUENTE
jueves 17 de mayo 2018, actualizada 8:04 am


La observación y la percepción son dos cosas separadas; el ojo que observa es más fuerte, el ojo que percibe es más débil".

— Miyamoto Musashi

Falso, el arroz todavía no está listo para servirse aunque así lo afirme Don Andrés Manuel, quizá el más hambriento y experimentado de los cinco comensales sentados a la mesa. Si existe algo que nos hace mal en la vida, y más aún en la política, es mostrar exceso de confianza y adelantar vísperas.

De acuerdo, las encuestas colocan a López Obrador hasta arriba pero en cuarenta y tantos días podrían ocurrir un sin fin de cosas y además, dichas mediciones son equiparables a una fotografía: captan momentos determinados pero si pretendemos ver todo el panorama, los ciento ochenta grados completos, necesariamente hay que tomar muchas fotos.

Lo cierto es que nadie, ni los encuestadores profesionales, tienen el escenario completo a estas alturas. Además, tal y como lo hemos reiterado en entregas pasadas, existe un gran número de indecisos y el fenómeno del voto útil y las distintas maneras en que tal voto pueda comportarse.

No expreso todo lo anterior a partir de mis preferencias políticas (que las tengo, como todos) ni del anhelo de que la elección vaya en determinado sentido y triunfe tal o cual candidato.

Hablo desde la experiencia de haber visto y cubierto el desarrollo de distintas elecciones presidenciales primero como periodista y, ahora también, desde la política ciudadana. Además, creo que el mundo de hoy no puede ser medido ni analizado a partir de los parámetros del ayer. Para ejemplo, Estados Unidos durante la pasada elección en un desenlace que muy pocos anticiparon, ni siquiera el propio candidato.

Cuando Melania Trump se quejó con su marido de los avatares del mundo político y la rudeza de las contiendas, Donald Trump le pidió que no se preocupara porque "esto pronto termina, es imposible que ganemos". Claramente, las cosas tomaron un cariz muy distinto.

En resumidas cuentas, lo que sí le aplaudo a la campaña del puntero Andrés Manuel, en lo que admito ha sido una exitosísima estrategia, es su habilidad manifiesta para marcar agenda e inocular en la opinión pública la idea de que inevitablemente será el próximo presidente de México.

Hasta ahorita, con veinte flancos abiertos y mil fuegos en contra, poco o nada parece hacerle daño. Al paso del tiempo, López Obrador aprendió a atemperar su carácter y, como buen político, hoy sabe exactamente qué decirle a cada audiencia. Ello representa una habilidad digna de aplaudirse pero, por el otro lado, confunde a quienes pretenden adivinar qué cariz tendría un México abyecto a las decisiones de su estilo personalísimo de gobernar…

APUNTES DE ÚLTIMA HORA

En pleno desarrollo de esta colaboración que busca poner de manifiesto que en cualquier campaña son inevitables las sorpresas, nos enteramos que Margarita Zavala, aspirante independiente a la Presidencia de la República, ha declinado sus aspiraciones y se baja de la contienda.

Dicha decisión, que la propia Margarita habrá de explicar a mayor detalle en el transcurso de los siguientes días, trastoca y modifica el tablero electoral tal como lo conocíamos. De bote-pronto, el debate del próximo domingo se convierte en un auténtico Club de Toby con solamente ya cuatro contendientes.

Lo interesante radica en la frialdad de los números. Margarita Zavala ronda un cuatro o cinco por ciento de la intención de voto, sin embargo, su capital político es aún mayor. La renuncia pesa en términos electorales, pero para efectos anímicos y de percepción representa un golpe muy bien dado a la línea de flotación de la campaña de Andrés Manuel López Obrador.

Lo dicho: en esto no hay que adelantar vísperas ni cantar victoria a destiempo. Este arroz todavía no ha terminado de cocerse, querido lector.

Sígueme en Twitter: @patoloquasto

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