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Siglo Nuevo

A divo vida. Desencadenar recuerdos

Nuestro mundo

MARCELA PÁMANES
jueves 19 de abril 2018, actualizada 1:32 pm

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Es irremediable. Juan Gabriel y su “diferencia” me remiten a mi graduación de preparatoria, fiesta bajo un nogal, mi vestido blanco y mi clutch café.

Acabo de estar con Gilberto Prado Galán en la presentación del libro ¡A divo vida! Queremos tanto a Juanga, recopilación de textos dedicados a revisar el aporte musical, la fenomenal popularidad del artista, la revisión semiótica de su lírica y el infaltable análisis del cruce entre vida personal y éxito. El maestro de los palíndromos se luce al titular.

Voy a compartir con ustedes, queridos lectores, solo tres párrafos de lo que me permití leer esa tarde noche en la cafetería del Hotel Calvete, lugar de la presentación, pero antes es obligado decir que tuve el honor de sentarme a un lado de Gilberto, muy cerca de Javier, su hermano, y de Pablo Arredondo, los tres presentes con colaboraciones en el texto en cuestión.

“Con enorme modestia y protegiéndome por lo deslucido de mis comentarios en medio de voces, almas, corazones, inteligencias y capacidades de los autores, de los comentadores y del público, arranco mis sentires respecto A divo vida.

Todo me imaginé menos que a las plumas reunidas les pudiera interesar disertar sobre el epítome de la cultura popular de los últimos 40 años: Juan Gabriel.

La primera reacción que me provocó el texto fue mi contacto personal con el artista, ya en ello un valor, me da la impresión que muchas de las veces, aunque no sea el propósito principal, los libros funcionan como túnel del tiempo o activador de recuerdos.”

¡Y vaya que sí! La música también lo hace, un aroma, un vestido celosamente guardado, una fotografía, un lugar, tantas cosas. ¿Qué somos los seres humanos además de una caja enorme de recuerdos? Ya lo he dicho antes y ahora lo repito, creo que la memoria obedece a nuestra voluntad, nos acordamos de lo que queremos y olvidamos lo que no queremos recordar, supongo que es un mecanismo de defensa. Lo cierto es que la presencia misma de Gilberto me hizo retroceder en el tiempo.

Pensé mucho en mis días de universidad, en mi Datsun rojo, en el patio de escuela primaria que funcionaba como universidad. Veía el ir venir de los estudiantes, entre ellos a Gilberto, que caminaba rumbo a las aulas de psicología, a los del grupo de Diseño Gráfico que dejaban de vez en vez los restiradores para tomar aire, a los arquitectos. Unas paredes de tabla roca dividían un salón de otro o, mejor dicho, pretendían dividirlos. Los trayectos hasta Gómez Palacio me parecían muy largos. Conseguí amigas y amigos entrañables que por fortuna aún lo son. Luego pensé en Juan Gabriel, el leitmotive que desencadena los recuerdos.

Me remonté al maratónico Siempre en Domingo o Siempre lo Mismo como también le decían; a las tardes soporíferas de México, Magia y Encuentro; me vi levantándome para cambiar los canales y ver Permanencia Voluntaria, donde pasaban una y otra vez la misma película a lo largo del día; a la mano, las reseñas en TV Guía y las estrellas que las calificaban. Y qué bueno era interrumpir el ocio con algo de lectura o mediante una escapada a comprar una Capri en la Ramón Corona o dando una vuelta a la Central a ver a quién veíamos.

¿Se dan cuenta? Los recuerdos caen en cascada. Es irremediable. Juan Gabriel y su “diferencia” me remiten a mi graduación de preparatoria, fiesta bajo un nogal, mi vestido blanco y mi clutch café, impregnada de Charlie, el perfume de moda, del cual no me acordaba.

Cuando por fin encuentras las llaves que traías perdidas sientes una maravillosa sensación de alivio. Algo similar empecé a a sentir cuando la evocación me llevó de un lugar a otro. Me sorprendió que los recuerdos siguieran ahí, intactos, frescos, inocentes. Por algo las frases se convierten en citas, es verdad, recordar es volver a vivir. Con el paso del tiempo nos liberamos de culpas, lo que nos sonrojó deja de ser incómodo, hay una aceptación de lo vivido, con todo y sus errores.

¿Cómo no agradecer la oportunidad de leer A divo vida si me dio tanto por tan poco? Apenas unas horas de lectura y los recuerdos salieron a mi encuentro.

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