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DR. VÍCTOR ALBORES GARCÍA Domingo 8 de abr 2018, actualizada 10:27am ... Anterior 4 de 10 Siguiente ...

Nuestra salud mental


ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DE LA LAGUNA, A.C. (PSILAC)

CAPÍTULO ESTATAL COAHUILA DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA

ADOLESCENCIA EN EL SIGLO XXI

NONAGÉSIMA SEXTA PARTE

Indudablemente, esa primera experiencia amorosa o erótica en la vida de cada individuo, hombre o mujer, tiende a dejar huellas intensas e imborrables de una u otra forma, de acuerdo a la edad, a la educación, a la personalidad de cada uno y de su pareja, así como a las circunstancias en que se llevó a cabo, lo que podríamos considerar como el momento histórico de la experiencia, independientemente de si sólo se trató de un momento único que terminó ahí, o si se prolongó posteriormente en otras ocasiones y nuevas emociones. Aunque en nuestra época, los cánones sociales y morales tienden a ser mucho más permisivos y hasta promueven y comercializan nuevas libertades, al grado que esa primera experiencia se convierte abiertamente en una experiencia básicamente sexual, todavía hay quienes se embelesan y reaccionan amorosamente ante la primera cita, las primeras miradas, el primer contacto de manos o de rodillas y hasta el primer beso. No importa que vivamos en el siglo XXI, porque los contrastes culturales en perspectivas y criterios, en conductas y pensamientos se mantienen todavía como diferencias individuales o generacionales a veces contradictorias, que parecieran imitar lo mismo el barbarismo prehistórico neanderthal, la etiqueta cortesana del Renacimiento, el romanticismo trágico del siglo XIX o los nuevos y desenvueltos lineamientos del presente. El cómo le llamamos a esa primera experiencia en cada caso, dependerá entonces de tantos factores: la edad, el estilo de personalidad, el criterio y la generación a la que se pertenezca, los principios culturales educativos y religiosos y así sucesivamente. De acuerdo a ello, esa primera experiencia podría ser etiquetada como anticuadamente romántica en una época tecnológica en este mundo digital, en el que incluso tales relaciones se pueden llevar a cabo en la intimidad cuadriculada de la pantalla "inteligente" del celular o de una computadora, donde el juego, la travesura, la excitación y a veces hasta el anonimato se conjugan como una primera experiencia entre pública y privada. Al igual que sucede con todas las experiencias y las actividades del presente, los adolescentes tienen ante sí una variedad interesante e interminable de opciones para escoger el cómo y con quien se dé esa primera experiencia, hacía que territorios los conduzca y qué memorias les herede. Creo sin duda alguna, que todos, hombres y mujeres llevamos dentro de nosotros consciente o inconscientemente, el recuerdo y la esencia de esa primera experiencia que pudo haber sido conmovedora, agradable, placentera, maravillosa, satisfactoria, tierna, fatal, patética, dolorosa, deprimente, frustrante, mortificante, vergonzosa, culpígena y tantos otros etc. que se le pueden adjudicar, pero que seguramente confirman para cada uno de nosotros la importancia de estar vivos, de poseer esa primera experiencia y las huellas que ha dejado en nosotros (Continuará).


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