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DR. VÍCTOR ALBORES GARCÍA Domingo 18 de feb 2018, actualizada 10:22am ... Anterior El Siglo 5 de 10 Siguiente ... El Siglo

Nuestra salud mental

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NUESTRA SALUD MENTAL

ASOCIACIÓN DE PSIQUIATRÍA Y SALUD MENTAL DE LA LAGUNA, A.C. (PSILAC)

CAPÍTULO ESTATAL COAHUILA DE LA ASOCIACIÓN PSIQUIÁTRICA MEXICANA

ADOLESCENCIA EN EL SIGLO XXI

NONAGÉSIMA CUARTA PARTE

Gracias a la sensibilidad intrínseca de cada individuo, pueden surgir consciente o inconscientemente y de un modo espontáneo y quizás hasta podríamos decir que accidental en ocasiones, emociones tan naturales e intensas como esas dos mencionadas en la columna anterior: el amor y el erotismo; emociones que pueden o no coincidir y hasta confundirse una con la otra en la vitalidad de los encuentros humanos, cuando no importa la edad, el género o la etapa de la vida en que se encuentre cada individuo. Se trata de emociones que nos sacuden fuertemente y a la vez, nos iluminan, nos impulsan, nos invaden con esa exuberancia que nos cambia la brújula y nos avienta en tantas direcciones nuevas, diferentes y sorprendentes hacia una o más personas, conceptos, ideas, imágenes u objetos específicos, que de alguna forma nos han atraído provocando una conexión vital espontánea que se enciende no sólo como si se tratara de un resplandor único, sino que generalmente tiende a volcarse y mantenerse como una ola vigorosa y avasalladora que transforma repentinamente nuestra existencia para darle un nuevo sentido, que nos moldea interior y exteriormente lo mismo en nuestros cuerpos y en nuestra biología, que en nuestras mentes y nuestra estructura psicológica. Una potente aventura que nos guía hacia novedosas y variadas perspectivas del mundo, de la realidad y obviamente de nosotros mismos; imágenes verídicas o quizás espejismos ilusorios, que lo mismo pueden permanecer o diluirse y esfumarse totalmente. Durante la adolescencia, tales emociones surgen aún más impulsivamente, a flor de piel, tiernas, frescas, prontas a saltar y expresarse abruptamente, casi siempre sin control, en formas tan variadas e intensas que igualmente pueden percibirse como amenazadoras y angustiantes, a la vez que seductoras y satisfactorias. Nuestra sexualidad, esa característica humana presente desde el nacimiento en formas primitivas, poco convencionales y difíciles de reconocer, comprender y aceptar, se desarrolla a lo largo de nuestras vidas, individualmente, con características específicas que nos identifican, y que a su vez, van sufriendo modificaciones a lo largo del proceso vital para acompañarnos hasta el final de nuestros días, proveyéndonos precisamente de una identidad específica. En cierta forma, es nuestra sexualidad la que bajo la piel y movida por nuestros instintos básicos, hemos dado en llamar erotismo, desde nuestras ancestrales raíces griegas, manteniendo aún vivo, dinámico y presente, a ese dios nacido hace más de dos mil años en las costas de la Grecia antigua, pero que se mantiene vivaz y presente en nuestros días (continuará).


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