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The Post: Los oscuros secretos del Pentágono

El Siglo
SIN LUGAR A DUDAS...

“La prensa no solo es el arma más poderosa contra la tiranía y el despotismo, sino el instrumento más eficaz y más activo del progreso y de la civilización”.

— Francisco Zarco

En tiempos de desmoralización colectiva y acecho a los medios de comunicación , ir al cine a ver The Post, la nueva película de Steven Spielberg protagonizada por Meryl Streep y Tom Hanks, resulta una experiencia revitalizadora.

Es tan, pero tan bueno el filme, que en la antesala de los Oscar compite con La Forma del Agua, de Guillermo del Toro, otra gran cinta que no nos podemos perder.

Mucho antes de que hubiera un Donald Trump dividiendo a la prensa en amigos y enemigos y acuñando el término “fake news”, existió Richard Nixon, quien llegó al extremo de elaborar listas de enemigos, intervenir, espiar y amenazar a las cadenas televisivas con revocar sus licencias.

La historia, basada en hechos reales, atrapa desde el comienzo. Se trata del momento donde el diario The Washington Post se encuentra en el dilema de acatar o no un fallo judicial que prohibía al New York Times, y por ende a los demás periódicos, a publicar información clasificada de la CIA.

Curtido como director, Steven Spielberg ha pasado de realizador de grandes éxitos de taquilla, y con The Post se convierte en una personalidad que hace cine de denuncia.

En The Post, Spielberg y sus guionistas ponen el acento en la importancia de contar con un prensa libre que persiga la verdad y funja como contrapeso al poder del Gobierno, al tiempo que señalan el absurdo de la guerra y los abusos que se dan en la misma.

“Plenamente asentado en un período de madurez artística, Spielberg es hoy un cineasta más complejo, más ambiguo e incómodo en su abordaje de la realidad tanto pretérita como contemporánea”, apunta un experto en cine.

The Post se centra en las figuras de Katherine Graham, propietaria del Washington Post, y el legendario Bren Bradlee, quien fuera su director editorial a lo largo de tres décadas, y a la postre se convirtiera en toda una institución.

Pero también The Post es el hilado de historias paralelas y momentos históricos que cambiaron el rumbo del siglo veinte. Como espectadores, The Post nos conduce a la Guerra de Vietnam, mostrándola como lo que en realidad fue: una incursión absurda e inexplicable a un país remoto que en ningún momento representó una amenaza a la Norteamérica continental.

The Post nos muestra a la Casa Blanca de Nixon en la plenitud de su poder, implacable y vengativa con sus críticos y detractores. Vemos los entramados de la publicación de Los Papeles del Pentágono, y el preámbulo de lo que derivó en quizá, una de las mejores investigaciones periodísticas del siglo veinte: Watergate.

El elenco y su capacidad histriónica no tiene desperdicio. Streep encarna a la perfección a una Katherine Graham inexperta en su rol como propietaria y editora del Post, entonces un periódico de influencia meramente local. Dentro de un mundo corporativo dominado por hombres, Graham (Streep) se debate entre su responsabilidad ante los inversionistas en un período donde el Post pasó a cotizar en bolsa, pero también en la defensa de la verdad y los principios rectores del rotativo que heredara de su padre.

Es The Post la cuenta del respeto y la autonomía que cualquier propietario de un medio debe darle a su editor, al tiempo que se ocupa de la planeación estratégica a largo plazo y otras tareas. Es, The Post, el foro que hace planteamientos que a la fecha no tienen respuesta clara: el rol de la prensa, las relaciones entre políticos y periodistas, el preguntarnos si son profesiones simbióticas que se necesitan entre sí, y hasta dónde son sanas las distancias o cercanía cuando de reporteros y políticos se trata.

Pero también The Post nos lleva a cuestionarnos sobre el derecho a la información y la necesidad de los gobiernos de ocultarla en situaciones excepcionales.

Pese a que los hechos ahí narrados ocurrieron hace más de cuarenta años, The Post está cargada de resonancias actuales y no pudo llegar en mejor momento. Porque la verdad, dicho de paso, es un ejercicio periodístico que no sólo se encuentra amenazado en Estados Unidos. Aquí, en México, no únicamente la violencia y la falta de garantías han dificultado ejercer nuestro oficio; también el actual gobierno ha puesto mucho de su parte para entorpecerlo…

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