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Al Larguero

7 VIDAS

ALEJANDRO TOVAR
TORREÓN, COAH, martes 23 de enero 2018, actualizada 9:12 am


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Las manos de Tom Brady, con trece puntos de sutura en la derecha, deben ser mayores y más poderosas que las mostradas por Superman, Tarzán, Robin Hood y hasta Antonio Carbajal, superiores a las de Batman e incluso Kalimán, que más bien tenían dedos de pianista y nosotros, que vivimos comprometidos con la modernidad, nos guste o no, quedamos como sombras de muertos sin sepultura mirando a 'Pats' y Águilas, con nuestros colores guardados en el cajón.

La NFL es tan adictiva como la literatura, con la creación de un mundo imaginario, con una visión y geografía particulares, que reclaman una mirada de singularidad irrepetible. Brady se reitera como un fenómeno de siete vidas. El y Belichick van por un sexto anillo y ambos son como el dibujo y la fotografía, autores de marcas que llevan su libertad personal por delante, siempre.

Con videos ricos en sustancia porque ya llevan la nostalgia, ya traen el presente, ya presagian el futuro, la obligación es de mejorar nuestro inglés pues deshojan la margarita con dulzura y nos obligan a recordar los años de Namath, de Roger Staubach, de Bob Griese, de Terry Brodshaw, de Ken Stabler, de Jim Kelly, de Joe Montana, de tantos fantasmas que rondan el estadio desde el primer instante, furtivos e invisibles. Todos como reyes magos para adorar a Brady.

El pasado, desde el más remoto hasta el más reciente, revive siempre en el presente, no hay espacio para estacionarse en la melancolía de las añoranzas de niño y de joven, sino que ahora mismo debemos reconocer que somos esclavos del sillón, frente a la tv, que desgrana nuevos aspirantes a la leyenda y se aparece Danny Amendola como aspirante, sujetando siete envíos.

El deporte es como el agua de río que corre y no vuelve. El destino deposita al QB Carson Wentz en la esquina del olvido, con todo y su porte de víctima, deja que los ojos del mundo se posen para Nick Foles, que apareció de la nada, con deslumbrante originalidad y arriesgada inteligencia. Su talento hace volar a las Águilas, aspira a ser leyenda y dejar de ser aprendiz de mago.

Cuando lees un libro largo, de esos que te hacen vivir e imaginar, de esos que te dan personajes singulares, el tiempo hace que los extrañes. Esta vorágine es igual y aunque el lector impaciente querrá ver ya mismo el final, debe esperar, un par de semanas antes de mirar y quedar convencido plenamente de que el arte revela lo que uno se siente obligado a ocultar.

Que nadie todavía jubile a Brady, porque millares se estiran en cada balón que lanza, como si en ello les fuera la vida y sus imágenes nos hacen viajar rápido al excitante pasado pero las Aguilas de Foles, con Johnson, Kelce, Celek, Ertz, Graham, Erving Clark, preparan todos sus trucos, como si fueran John Wayne. Saben bien y quieren hacerlo, que Peter Pan cortó la mano del Capitán Garfio.

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