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AGENCIAS Miércoles 13 de dic 2017, 10:32am ... Anterior 1 de 2 Siguiente ...

1944: Fallece Lupe Vélez, famosa actriz, bailarina y vedette mexicana


CIUDAD DE MÉXICO.-
UN DÍA COMO HOY...

María Guadalupe Villalobos Vélez nació en San Luis Potosí en 1906 y falleció en Beverly Hills, California, el 13 de diciembre de 1944.

Actriz de cine, hija de un coronel del ejército y de una soprano, desde muy joven demostró una cierta inquietud para el baile y la escena.

A la muerte de su padre se ve en la necesidad de buscar trabajo con el fin de apoyar en la manutención de su familia, por lo que intervino en una pieza teatral en México, poco tiempo después decide emprender la aventura en Hollywood en donde su carácter afable le ayuda a abrirse camino.

Sus primeros pasos los da en la noche hollywoodense, pues asiste a todas las salas de fiestas y locales del entorno, por lo que su rostro se hace popular y pronto es llamada por algunos empresarios como Florenz Ziegfeld, pero ella muestra su deseo de trabajar en cine antes que en los escenarios.

La oportunidad se la ofrece el director y productor Hal Roach en alguno de los cortos de Stan Laurel y Oliver Hardy.

Su presencia se reafirmó en El gaucho en 1928, de F. R. Jones, al lado de Douglas Fairbanks. Después, en 1929, intervino en El canto del lobo, de Victor Fleming, en donde trabaja al lado de Gary Cooper, colaboración que la prensa de la época aprovechó para asegurar que había surgido un romance.

La transición del cine mudo al sonoro le lleva a participar en varias películas producidas por Carl Laemmle, en las que no sólo habla en inglés sino que también interviene en las versiones españolas.

Así destacó en Oriente y Occidente en 1930, de George Melford, Resurrección en 1931, de Edwin Carewe, y Hombres en mi vida en 1932, de David Selman, en las que tanto hace de oriental como de pobre campesina o rica heredera.

Su imagen latina estaba causando revuelo entre los productores, que poco a poco se interesaron en ella, por lo que la van llamando para ofrecerle nuevos trabajos.

Pero fue su imagen exótica la que dominó en sus personajes en los que dejaba entrever un frívolo estilo de vida como lo plasmó en la película Pimienta y más pimienta, en 1933, de John G. Blystone, en donde era el centro de las disputas entre Victor Mclaglen y Edmund Lowe, como pareja cómica.

En este año contrajo matrimonio con el nadador y actor de cine, Johnny Weissmuller, el primer “Tarzan” con quien permaneció seis años en los que los problemas y las tensiones no cesaron.

A partir de este momento el carácter de Vélez era irresistible ante las masas y fue conocida como “La mexicana explosiva” y su vida sentimental era conocida por tormentosa tras los romances que sostuvo con Gary Cooper y Charles Chaplin.

Después de la relación con Johnny hizo un paréntesis en su carrera para regresar a México e intervenir en La Zandunga en 1938, de Fernando de Fuentes.

A pesar de estar en su propio país las posibilidades de continuar con otras películas fueron mínimas, por lo que regresa a Hollywood en donde los productores detectan que en roles cómicos puede destacar Velez.

Fue entonces que se vio respaldada de inmediato en el personaje de “Carmelita Lindsay”, protagonista de la serie producida por la RKO, Mexican Spitfire, en la que intervino en siete películas de baja calidad, pero que ella sostuvo con gran acierto.

No obstante, volverá a su país para rodar la que fue su última película, Nana en 1944, de Celestino Gorostiza y Roberto Gavaldón, una adaptación de la obra de Zola.

Pasó el tiempo y las nuevas estrellas de Hollywood fueron desplazando a Vélez hasta quedar en el olvido de los productores. Sus gastos superaban sus ingresos, pero era incapaz de dejar caprichos extravagantes como bañarse en champagne, y entró en un estado de depresión que la condujo al alcohol y las drogas.

En 1944, a los 36 años quedó embarazada de su último amante, el actor austriaco Harald Ramond. Ante la negativa de Ramond a casarse con ella, Vélez decidió que su vida no tenía sentido y tomó la decisión de suicidarse.

Pero ella era una estrella, una diva, y quería hacerlo de tal manera que su recuerdo permaneciese en la retina del mundo para siempre.

La última noche de su vida cenó con sus dos mejores amigas, Estelle Taylor y Benita Oakie, el menú fue comida mexicana en cantidades abundantes, bebieron brandy, fumaron y pasaron una buena velada.

Al acabar la cena, Lupe se dirigió a su casa de North Rodeo Drive. Había decorado su dormitorio con cientos de ramos de flores y velas encendidas. Se peinó, se maquilló y se depiló cuidadosamente el pubis, de manera que el vello tenía la forma de un corazón.

Escribió una nota de despedida y la dejó en la mesa de su habitación, abrió un frasco de tranquilizantes, se tomó 75 pastillas, se tumbó en la cama completamente desnuda y esperó a que las píldoras hicieran efecto.

La disposición de su cadáver, cuidadosamente preparado por ella misma, sería como una huella indeleble para el mundo formando una imagen hermosa y extraordinaria al ser encontrado.

Cuando su asistente abrió la puerta del dormitorio las velas ya estaban apagadas y las flores seguían allí, pero la actriz no estaba en la cama. La asistente vio un rastro de vómito que llegaba hasta el cuarto de baño, abrió la puerta y la encontró con la cabeza dentro de la taza, muerta.

El exceso de comida y bebida ingerida durante la cena hizo reacción con los tranquilizantes. Hacia medianoche vomitó en la cama y como pudo se dirigió al baño tambaleante. Tras el último paso resbaló con su propio vómito se golpeó en la cabeza con el lavabo y cayó inconsciente en la taza.

Allí murió ahogada y cuando la trataron de auxiliar su cara estaba desfigurada debido al golpe.

En parte logró lo que quería: dejar huella hasta en su muerte porque las circunstancias en que encontraron su cadáver fueron el blanco de la prensa en Estados Unidos y en México durante largo tiempo.

Los restos de Lupe Vélez están depositados en la Rotonda de las Personas Ilustres del Panteón de Dolores de la Ciudad de México.


Etiquetas: cine mexicano

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