Siglo Nuevo
YOHAN URIBE JIMÉNEZ Jueves 14 de sep 2017, 1:51pm ... Anterior 1 de 2 Siguiente ...

Adriana Abdó

Foto: EFE/Sashenka Gutiérrez

Entrevista

Es periodista, dramaturga, editora, cuentista y novelista. Egresó del Liceo Franco-Mexicano y su inclinación por las letras la llevó a las clases de Literatura Latinoamericana y de análisis político en la Universidad del Claustro de Sor Juana; cursó Filosofía y Literatura en la Universidad Iberoamericana (en ésta institución formó parte del taller de Marcela Lagarde). Otros referentes formativos son sus estudios de historia en el Colegio de México y de dramaturgía en el Centro Nacional de las Artes, con el maestro Hugo Argüelles.

Ha colaborado en distintos medios con columnas políticas y lleva a cabo entrevistas para la gaceta Racines Francaises.

Cuatro piezas de teatro de su autoría se han llevado a escena con éxito: Algo más oscuro que el amor, Por mi madre, La catrina de pasada, e Intimidad. Además ha publicado varios libros de cuentos en coautoría.

Su más reciente obra, instalada en el género novelístico, nos traslada al esplendor intelectual de principios del siglo XX a través de dos pensadores dotados de una insólita lucidez. Un profesor hace un inesperado hallazgo entre los ejemplares de una librería: unas cartas que el poeta expresionista Georg Trakl le escribió al filósofo Ludwig Wittgenstein antes de quitarse la vida. Trakl, espíritu incomprendido y marcado por los horrores de la Gran Guerra, había sido tildado de demente y recluido en una institución psiquiátrica. Cuando un viejo amigo le hizo la promesa de concertar una entrevista con Wittgenstein, el poeta recuperó la esperanza temporalmente y comenzó a recopilar por escrito todas las ideas que quería compartir con él. En sus cartas narra algunas experiencias personales pero, sobre todo, reflexiona sobre cuestiones universales como la ignorancia, el alma humana, la bondad, la perversión y la búsqueda de la perfección y la belleza.

¿Cómo seguiste la huella de la correspondencia de Trakl a Wittgenstein?

El proceso nació a través de Wittgenstein. Yo era amante de lo que escribió el filósofo, el Tractatus Logico-Philosophicus se me hace una maravilla porque hila una cosa con la otra de una manera genial, cada enunciado se hilvana con el otro, y el resultado es, a mí me parece, una obra perfecta. Me enamoré de lo que hacía Wittgenstein.

Empecé a leer su producción, lo hice varias veces, luego seguí con sus diarios, después busqué lo que había alrededor de sus escritos; llegué a sus ensayistas y luego, encontré una biografía corta que leí en Francia y que no está traducida al español, me encantó porque era como si estuvieras hablando con el propio autor, en ella hablaba del poeta Trakl.

Así comencé a leer su poesía, yo no lo conocía, y me fascinó. Fue como un hechizo, sentí como si me estuvieran pasando fotografías, sus imágenes son perfectas, se me hizo un expresionista de la forma más pura que te podías imaginar en ese momento. Cuando empecé a leer más acerca de su vida me dí cuenta que tuvo una existencia muy trágica y también muy bonita, entendí que era un espíritu increíblemente sensible. Reuní lo que conseguí por Internet, porque hay varias traducciones al español que me gustan, de Argentina, Chile, España, pero lo empecé a leer en francés y un día decidí que iba a escribir sobre él, inicié y tarde casi ocho años en terminar.

¿Coincidencia poética o filosófica?

Ambas. En un inició pensé en otro título, “Le apuesto señor Wittgenstein”, pero en español 'apuesto' puede ser guapo, es decir, puede prestarse a otra lectura, entonces un amigo me sugirió la palabra apreciable y así se quedó finalmente. Además, como escritora tenía una deuda con Wittgenstein por haber conocido a Trakl gracias a él, porque si no nunca hubiera llegado a él, o por lo menos me hubiera tardado mucho, ese es el vínculo. Lo interesante es que cuando Trakl estaba en Cracovia, al final de su vida (cuando transcurre la historia, en noviembre de 1914, en un día con su noche), es el tiempo en que el poeta escribe la carta al filósofo; sí se iban a ver, consta en los diarios de Wittgenstein, “recibí un carta de Trakl, está en Cracovia, qué felicidad, lo voy a conocer”, y unas páginas después escribe, “llegué a Cracovia y el pobre de Trakl está muerto”.

Entonces ahí fue cuando se me ocurrió a mi que muy posiblemente el poeta le había escrito una carta a Ludwig porque tenía muchas ganas de conversar, de platicar con alguien, de sacar muchas que traía. Era un poeta muy sensible y muy culposo, cargaba con muchas cosas dentro de él y era lo que quería expresar en su poesía, pero no tuvo mucho tiempo, la guerra fue un evento que destruyó su racionalidad, así fue como se dio la coincidencia.

¿Fue más largo el camino de la investigación que el de la escritura?

El proceso fue muy largo, pero gratificante. Mucha investigación, devorar kilos de libros durante todo este tiempo, construir el esqueleto de la narración y luego, con todas las lecturas encima, realizar los viajes. Anduve por donde Trakl andaba, traté de visitar varios lugares y ya no existe casi nada de lo que él narra, pero lo imaginé y con eso empecé a constituir la historia. El relato es lo más parecido a lo que como escritora pensé, y pienso, que era el universo de un hombre tan increíblemente sensible y que, con la vida que llevó, podía haberle escrito a un hombre que iba a llegar a conversar con él; buscar el encuentro, antes que nada, por la palabra, algo que nos pasa mucho a quienes nos dedicamos a escribir, o hacemos el intento; la carta es una muestra de la forma natural en que nos expresamos, mucho más fácil.

/media/top5/SNentreAbdo.jpg Foto: EFE/Sashenka Gutiérrez
¿La obra rescata conceptos malgastados como 'amistad' y 'estética'?

Sí, por supuesto. Qué bueno que lo mencionas porque no hay tanta gente que lo vea. Yo capté muy pronto la importancia de esa palabra, ya no la tenemos en un tenor tan pesado como en el siglo XIX. Cuando había una amistad era una responsabilidad muy grande, esto es algo que cada vez se pierde más. Me gustó plasmarlo porque se veía, se palpaba, la gente se apoyaba muchísimo, había muy poca enemistad a causa del éxito, la gente era más solidaria. Cuando había amistad realmente era un círculo casi como de hermandad, aás en dos hombres que compartían visiones tan interesantes sobre temas muy humanos.

¿Más que novela epistolar, es una correspondencia, en el sentido etimológico?

Ahorita que mencionas esa palabra, cuando me preguntan qué tiene mi novela, más que otra cosa, la respuesta es: amor. Está hecha con mucho amor porque lo sentí todo el tiempo, el amor a través de la conversación, de compartir ideales con otro ser, el amor a la humanidad, verlo en cualquier cosa que tiene uno enfrente y aceptar que uno es igual, así se da forma a esa correspondencia, que además es universal.

Yo está novela la escribí siempre, siempre, durante muchos años, aunque había ocasiones en que sólo avanzaba un renglón en un mes, me costaba mucho adentrarme en el espíritu del personaje y en esa humanidad que a veces dejamos tan de lado por causa de las tareas cotidianas. Esa correspondencia, de los personajes, la mía como lectora, también como escritora, está llena de amor, desde la primera letra hasta el punto final; las horas de lectura, más que dejarme una historia me permitieron agrandar el espíritu, no en el sentido religioso, me refiero al que todos tenemos dentro, creo que es algo que el lector palpa en las páginas, a pesar de que las palabras pueden ser muy duras en ciertas partes; Trakl estaba deprimido en el momento que escribió la carta, pero siempre hay una palabra de aliento.

¿Hay necesidad de revalorar a Wittgenstein?

También. El pensamiento de Wittgenstein se radicó en el círculo de creadores presente en esa época en Viena. Él fue el genio, porque no hay otra manera de describirlo, él fue quien supo decir, explicar; el movimiento ya estaba presente, pero tuvo que llegar un genio que pudiera plasmarlo, ponerlo en palabras, eso es el Tractatus, un libro que yo considero sumamente matemático, preciso, que narra de lo que muchos pensadores ya hablaban. Eso que realizó él en este libro, también se logró después en la pintura, en la música, en la arquitectura. Fue como concretar algo que ya estaba ahí, mas se necesitaba la mano de un genio para condensarlo. Sobre todo con el expresionismo, siento que fue un movimiento que le dio a la humanidad lo que podía captar acerca del arte que se realizaba en ese momento, lo que más tarde se desarrollo en varias manifestaciones.

Temas como la belleza, la bondad, la perfección, ¿siguen vigentes?

Claro. Su vigencia procede de que estamos viviendo un mundo muy violento, especialmente en nuestro país, pero en todas partes el ser humano voltea a ver lo que siempre ha tenido y nunca va a perder, que es el alma, no en un sentido religioso sino humano. Las inquietudes de los personajes de Apreciable señor Wittgenstein no han perdido vigencia y están a la orden del día. Si no tenemos la capacidad de voltear a vernos como seres humanos, seres iguales, con la misma capacidad de bondad y de maldad, pues estamos perdiendo la humanidad, lo único que todos tenemos en el mismo grado. La podemos desarrollar o la podemos mantener oculta, pero creo que son las circunstancias de vida la que nos hacen desarrollar esa búsqueda de la belleza o dejarla de lado.

Aprendes, en el libro lo digo y por eso platiqué tanto de cuando se estaban formando, aprendes a desarrollarte, a dejar tu inducción abierta o aprendes como la cultura te enseña a hacer las cosas, pero también aprendes a dejar o a seguir con los estatutos que te da tu casa, tu cultura, tu país, que son circunstancias de vida. Considero que la novela muestra que están muy vigentes esos conceptos que el poeta admiraba en el filósofo.

A partir de la novela, ¿se recuerda la amistad entre Hölderlin y Hegel?

Puede ser que un poco, porque además los dos acabaron de una forma trágica. La historia de Hölderlin la estuve investigando, me encanta, es un personaje y un misterio, su vida me atrajo mucho. Si bien son muy distintos, creo que se relacionan mucho. He pensado que la amistad de poetas así de sensibles como Trakl y Hölderlin con pensadores como Wittgenstein y Hegel tienen algo muy profundo en común. Sus almas son gemelas. He visto que la poesía de un buen poeta, mejor dicho, de un poeta que a mí me llega (no voy a hablar de malos y buenos poetas) y los pensamientos de un filósofo que yo admiro se relacionan.

Muchas veces he encontrado en un poema de una cuartilla ideas que componen un tratado de filosofía. Creo que quien hace poesía es como un filósofo tocado por una divinidad, eso le permite decir en cinco palabras lo que un autor filosófico te dice con su raciocino en un discurso. Las amistades entre poetas y pensadores son entrañables. El primero tiene la facultad de exponer una imagen como la que el segundo describe en una obra. La poesía es la joya más grande que tenemos los seres humanos y es como leer tratados de filosofía, te llega al alma.

¿Es una novela amable con el lector?

Yo la siento así. Ese era mi propósito, escribir una historia afable, que puedas leerla. Cuando me metía a algo más explicativo o filosófico de inmediato lo quitaba. Así es esto, quitas y pones. Mi intención es que llegará a todo el público, que fuera legible, sin nada por descifrar. Me parece una historia sencilla de leer, de entender, y aunque en ella aparezcan personajes que el lector no conozca y tenga que buscarlos en Google, esa información ya está en la palma de la mano. Tenía que hilvanar así la narración porque son dos personas que están viniendo y conocen a la misma gente en la misma ciudad (Viena era muy pequeña y todos sabían de que se estaba hablando). El lenguaje de Apreciable señor Wittgenstein es muy flexible, no hay problema para abordar la lectura.

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