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DR. FABIO PÉREZ VÁZQUEZ Martes 12 de sep 2017, 1:23pm ... Anterior 1 de 1 Siguiente ...

Enfermos que empeoran por error

Foto: Royal Pharmaceutical Society

Fallos en la medicación que cuestan tiempo, dinero y vidas

El error médico implica que una acción planeada sale mal. Si el camino trazado para la recuperación es el equivocado dos consecuencias elementales son: el costo extra en atención médica y hospitalaria y el perjuicio causado a la persona atendida.

Hace unos meses la Organización Mundial de la Salud inició la campaña Reto Mundial por la Seguridad del Paciente.

Este 'reto' es un llamado a gobiernos, profesionales sanitarios y población para reducir a la mitad los costos evitables relacionados con el uso de medicamentos.

El objetivo es impulsar la cooperación para cuidar a los pacientes dado que no son pocos los casos de personas que solicitan asistencia por alguna afección y ya en tratamiento, en vez de mejorar, empeoran.

La OMS advirtió sobre la importancia de eliminar los Errores de Medicación en las diferentes facetas de la relación médico-paciente. El problema tiene más tela por recortar de la que se aprecia a simple vista ya que de él participan eventos relacionados con la práctica profesional, con los productos, con los procedimientos o con los sistemas de salud.

Los orígenes de estos fallos son diversos y varios de ellos están fuera del control de los doctores y de los enfermos: ocurren en la prescripción, en el etiquetado o la denominación, en la preparación o en el envasado; también llegan a presentarse a la hora de distribuirlos o administrarlos. También surgen por la falta de cultura sanitaria.

El error médico implica que una acción planeada sale mal. Si el camino trazado para la recuperación es el equivocado dos consecuencias elementales son: el costo extra en atención médica y hospitalaria y el perjuicio causado a la persona atendida.

Reducir estos fallos implica cuestiones como mejorar la prescripción, distribución y consumo de las medicinas; llamar la atención al paciente sobre los riesgos de dar un uso inapropiado a esos preparados, y subsanar deficiencias de los sistemas de salud con miras a evitar desaciertos que en casos extremos conducen a una discapacidad y a la muerte.

Tan sólo en Estados Unidos los EM provocan un fallecimiento por día y daños en aproximadamente 1.3 millones de personas al año.

Para hacerse una idea de lo que ocurre en otras latitudes, si bien se estima que en países con ingresos o medios o bajos se registran índices adversos parecidos a los de naciones con ingresos altos, el tiempo de vida saludable que se pierde en los primeros duplica al de los segundos.

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Foto: Archivo Siglo Nuevo

CARGAS

El costo mundial de los EM asciende a 42 mil millones de dólares al año, casi un 1 por ciento del gasto sanitario mundial. Se trata de una carga tan enorme como innecesaria para los presupuestos del sector salud. Los esfuerzos dirigidos a reducir esa losa representan intentos por salvar vidas y ahorrar dinero.

No se trata de una cuestión fácil porque, como explican en la OMS, tanto los médicos como quienes llegan a consulta con algún malestar pueden contribuir a que se genere un yerro a la hora de solicitar, prescribir, dispensar, preparar, administrar o consumir un medicamento equivocado, en una dosis que no corresponde a las características físicas del individuo, en un momento que no es el idóneo. Todas las opciones hasta aquí enunciadas tienen, al menos en potencia, la facultad de producir un daño grave en el enfermo.

Los factores con opciones de intervenir en un resultado indeseado son variados y algunos de ellos muy elementales. Uno frecuente es que el doctor esté cansado debido a la falta de personal de la clínica en la que trabaja. Otras causas que se registran con cierta regularidad son la mala formación del personal sanitario o una información incorrecta que proporcionan los pacientes.

El de la salud es un asunto tan delicado que cualquier detalle altera el resultado y las consecuencias son de difícil pronóstico. No obstante, los datos disponibles han permitido deducir que la mayoría de los casos se producen debido a fallas en la organización y la coordinación de los sistemas de atención sanitaria.

La comunidad médica debe poner especial atención a la hora de enfrentar escenarios como recetar productos de alto riesgo debido a los daños asociados con un uso indebido y cuando se tiene a un paciente que toma fármacos para varios padecimientos.

Si las cosas se hacen bien, el individuo recibe la medicación adecuada en una cantidad que se corresponde con la edad, el peso, y así; el tratamiento se desarrolla a las horas señaladas durante el lapso programado y se genera el menor coste posible para el enfermo y la comunidad.

En el catálogo de consecuencias nocivas de la medicación también se encuentran las reacciones adversas al medicamento (RAM), las cuales tienen bien establecido su lugar dentro de las causas de hospitalización y defunciones. Se estima que hasta el 50 por ciento de ellas son prevenibles.

Una RAM es el efecto perjudicial que se presenta luego de la administración de sustancias con fines ya sea de diagnóstico o terapéuticos a pesar de que las dosis y las indicaciones suministradas por el profesional sanitario son las correctas.

USO SEGURO

Son numerosos los estudios que dejan en evidencia las altas tasas de morbilidad y mortalidad derivadas del uso de fármacos. También hay consenso al calificar como alarmante la aportación hecha a esos indicadores por errores.

En la comisión de fallos inciden factores como el escaso respaldo tecnológico con el que suelen brindarse los auxilios salutíferos y la creciente aparición de fórmulas cuya novedad implica un desconocimiento sobre su manejo.

Otra cuestión, una que se restringe al ámbito de los médicos, es que la cultura profesional no favorece la discusión de los yerros y sus causas.

La idea esencial es que múltiples razones provocan que se incumpla el fin de la práctica médica, a decir, proporcionar soluciones eficientes y seguras a la población que busca ayuda.

No se trata solamente de generar medicinas confiables. El plan de acción también debe enfocarse en desarrollar sistemas de uso a prueba de fallos, en los que se contemplen medidas y dispositivos para disminuir las posibles reacciones adversas o cuando menos garantizar que si estas se presentan no tendrán un carácter determinante. Los costos de hacer las cosas como hasta ahora saltan a la vista y no son menores, ni cuando se les mide en términos económicos, ni cuando se considera su impacto en la calidad de vida de la gente.

sobre su manejo.

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